Difusión revolucionaria

20090217

EL MANIFIESTO DE LOS IGUALES (1801)


¡PUEBLO DE FRANCIA!

Durante quince siglos has vivido esclavo y, por tanto, infeliz. Desde hace seis años respiras apenas, esperando la independencia, la felicidad y la igualdad.
¡La Igualdad! ¡Primer deseo de la naturaleza, primera necesidad del hombre y principal vínculo de cualquier asociación legítima! ¡Pueblo de Francia! ¡Tu no has sido más favorecido que las demás naciones que malviven en este desafortunado mundo!... Siempre y en todas partes la pobre especie humana confiada a antropófagos más o menos hábiles sirvió de juguete de todas las ambiciones, de pasto de todas las tiranías. Siempre y en todas partes se adormeció a los hombres con bellas expresiones: nunca y en ningún lugar obtuvieron, junto a la palabra, la cosa. Desde tiempo inmemorial se nos repite de manera hipócrita que los hombres son iguales y desde tiempo inmemorial la más degradante y monstruosa desigualdad pesa insolentemente sobre el género humano.
Desde que hay sociedades civiles, el más bello patrimonio del hombre es reconocido sin contradicción, pero aún no ha podido realizarse ni una sola vez: la igualdad no ha sido más que una bella y estéril ficción de la ley. Hoy, cuando es reclamada con voz más fuerte, se nos responde: ¡callaos, miserables! La igualdad real es sólo una quimera; contentaos con la igualdad condicionada; sois todos iguales ante la ley. Chusma ¿qué más necesitáis?
¿Que qué más necesitamos?
Legisladores, gobernantes, ricos propietarios, escuchad ahora vosotros.
Somos todos iguales ¿no es eso? Nadie niega ese principio porque, salvo si se padeciese locura, no podría decirse en serio que es de noche cuando es de día.
Pues bien, a partir de ahora pretendemos vivir y morir iguales, como hemos nacido; queremos la igualdad real o la muerte; eso es lo que necesitamos.
Y tendremos esa igualdad real, no importa a qué precio. ¡Maldito sea quien se oponga a ese deseo expreso!
La revolución francesa es sólo la precursora de una revolución mucho más grande, mucho más solemne, y que será la última.
El pueblo ha pisoteado el cadáver de los reyes y los curas que se aliaron contra él: hará lo mismo con los nuevos tiranos, con los nuevos políticos mojigatos sentados en el lugar de los antiguos.
¿Que qué necesitamos además de la igualdad de derechos?
Necesitamos que esa igualdad no sólo esté escrita en la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas.
Aceptamos cualquier cosa por ella, empezar de cero para obedecer a ella sólo. ¡Perezcan todas las artes, si es preciso, mientras nos quede la igualdad real!
Legisladores y gobernantes que tenéis tan poco talento como buena fe, propietarios ricos y sin entrañas, en vano tratáis de neutralizar nuestra sagrada acción diciendo: lo único que hacen es reproducir esa ley agraria pedida ya más de una vez antes de ellos.
Calumniadores, callaos vosotros y, en el silencio de la confusión, escuchad nuestras pretensiones dictadas por la naturaleza y basadas en la justicia.
La ley agraria o el reparto de los campos fue el deseo inmediato de algunos soldados sin príncipe, de algunos pueblos primitivos movidos por su instinto más que por la razón.
Tendemos hacia algo más sublime y más equitativo, ¡el bien común o la comunidad de bienes! No más propiedad individual de las tierras; la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos, el goce comunal de los frutos de la tierra: esos frutos son de todos.
Declaramos que no podemos soportar por más tiempo que la inmensa mayoría de los hombres trabaje y sude al servicio y para en disfrute de la más ínfima minoría.
Mucho menos de un millón de individuos, y durante demasiado tiempo, dispone de lo que corresponde a más de veinte millones de sus semejantes, de sus iguales.
¡Que cese de una vez este gran escándalo que nuestros descendientes no querrán creer!
Que desaparezcan de una vez las escandalosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y lacayos, gobernantes y gobernados.
Que no haya entre los hombres más diferencia que las de la edad y el sexo. Puesto que todos tienen las mismas necesidades y las mismas facultades, que haya para ellos una única educación, un único sustento. Si se contentan con un solo sol y con mismo aire para todos ¿por qué no habría de ser suficiente la misma porción y la misma calidad de alimentos para cada uno de ellos?
Pero los enemigos del más natural de los órdenes de cosas que se pueda imaginar gritan ya contra nosotros. Desorganizadores y rebeldes, nos dicen, sólo queréis masacres y botín.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

No perderemos el tiempo contestándoles, pero te diremos que la sagrada acción que organizamos no tiene más objetivo que poner fin a las disensiones civiles y a la miseria pública.
Nunca ha sido concebido y puesto en marcha un propósito mayor. De tarde en tarde, algunos hombres de talento, algunos sabios, han hablado de ello en voz baja y temblorosa. Ninguno de ellos tuvo el coraje de decir la verdad completa.
Ha llegado el momento de las grandes medidas. El mal está en su punto más alto; cubre la faz de la tierra. El caos, con el nombre de política, reina en ella desde hace demasiados siglos. Que todo retorne al orden y vuelva a su lugar.
¡Que todos los elementos de la justicia y la felicidad se organicen ante la llamada de la igualdad!
Ha llegado el momento de fundar la República de los Iguales, ese gran hospicio abierto a todos los hombres. Han llegado los días de la restitución general. Familias quejumbrosas, venid a sentaros a la mesa común levantada por la naturaleza para todos sus hijos.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¡La más pura de las glorias te estaba reservada! Sí; tu debes ser el primero en ofrecer al mundo ese conmovedor espectáculo.
Viejas costumbres, antiguas prevenciones, querrán de nuevo poner obstáculos al establecimiento de la República de los Iguales. La organización de la igualdad real, la única que responde a todas las necesidades, sin provocar víctimas, sin que cueste grandes sacrificios, puede que de entrada no le guste a todo el mundo.
El egoísta, el ambicioso, temblará de rabia. Los que poseen injustamente clamarán que es injusticia. Los goces exclusivos, los placeres solitarios, los acomodos personales provocarán fuerte rechazo a algunos individuos hastiados de los sufrimientos ajenos. Los amantes del poder absoluto, los viles secuaces de la autoridad arbitraria replegarán con pena sus orgullosas cabezas bajo el nivel de la igualdad real. Su corta visión penetrará con dificultad en la próxima llegada de una felicidad común, pero ¿qué pueden algunos millares de descontentos contra una masa de hombres, todos ellos felices y sorprendidos de haber buscado tanto tiempo una felicidad que tenían al alcance de la mano?
Inmediatamente después de esta verdadera revolución, se dirán extrañados: ¡qué cosa! ¿La felicidad común dependía de tan poco? No teníamos más que quererla. ¡Por qué no la habremos querido antes! Sin duda, con un sólo hombre en la tierra que sea más rico, más poderoso que sus semejantes, que sus iguales, el equilibrio se rompe; el crimen y la desdicha se hacen presentes.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¿En qué signo, a partir de ahora, debes reconocer la excelencia de una constitución?...
Aquella que, en su totalidad, reposa sobre la igualdad de hecho es la única que puede convenirte y satisfacer todos tus deseos.
Las constituciones aristocráticas de 1791 y de 1795 remachaban tus cadenas en lugar de cortarlas. La de 1793 era un gran paso hacia la igualdad real; nunca antes nos habíamos acercado tanto a ella; pero aún no llegaba al objetivo y no acometía en absoluto la tarea de la felicidad común que, sin embargo, consagraba solemnemente como un gran principio.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

Abre los ojos y el corazón a la plenitud de la felicidad: reconoce y proclama con nosotros la República de los Iguales.


20090116

¿Qué es una bandera?




Una tentativa de presentar una perspectiva internacionalista sobre la actual situación en Cisjordania tras el ataque israelí a la franja de Gaza.






Este artículo apareció inicialmente publicado en el "sitio" israelí de Indymedia, así como en la Web (también en inglés) Libcom.org . Lo ha escrito un compañero en Israel que, a pesar de encontrarse en una posición extremadamente minoritaria, siente la necesidad de denunciar la fiebre patriótica que asola Israel/Palestina tras el ataque israelí en Gaza. Su decisión de dar a conocer finalmente esta declaración se debe, en parte, al hecho de que numerosos participantes en dicho foro Libcom (entre los que se cuentan el propio colectivo Libcom, la CCI, así como el EKS, grupo de la Izquierda comunista en Turquía) le hemos mostrado nuestra solidaridad y le hemos animado a hacerlo. Se trata, sin duda, de una modesta aunque significativa contribución, a la emergencia de una verdadera oposición al nefasto nacionalismo que habitualmente se adueña de todo el Oriente Medio.
WR, 10/1/09.

Mucha gente en Israel recordará una cosa de las protestas del sábado 3/1/2009: que los organizadores acudieron a la Corte Suprema para tener garantías de que se les permitía utilizar una bandera palestina.
Estoy desde luego a favor de que cualquiera pueda ir a todas partes con la bandera que quiera o sin bandera. Pero cabe preguntarse. ¿Por qué llevar la bandera de Palestina que es la que anteriormente utilizaba la OLP?
El objetivo de estas protestas es, presuntamente, el de que detener el ataque a Gaza. ¿Qué tiene que ver la bandera palestina con eso? Se nos dirá que: "Bueno. Es un apoyo a la Resistencia palestina" A esa respuesta yo le replicaría: "¿De que resistencia palestina estamos hablando?". En la franja de Gaza los palestinos más sensatos desean mandar al diablo la zona atacada, no resistir los incesantes bombardeos. Y ¿hasta donde habría que resistir esos bombardeos? ¿Hasta poder hacer señales a los combatientes que entran?
Esta bandera representa el nacionalismo palestino, de la misma forma que la bandera israelí representa el nacionalismo israelí. Ahora muchos de los lectores de esta "Web" asociaran probablemente el nacionalismo israelí con la violencia, la opresión, y con el delgado velo que utilizan los capitalistas para ocultar su dominación sobre nuestro país. Pero ¿por qué no aplicamos el mismo análisis al nacionalismo palestino?

Como decimos, los palestinos en Cisjordania están siendo brutalmente oprimidos y reprimidos cuando tratan de protestar contra esa misma guerra. ¿Por qué? Porque la Autoridad Palestina no quiere ni oír crítica alguna ni moverse lo más mínimo, porque ha sido subcontratada por Israel para el control de los Territorios Ocupados, y ha hecho de ello su auténtica razón de ser.
Hace apenas unos meses, esos mismos líderes de Hamás que ahora - escondidos en sus bunkers y complejos de seguridad-, apelan con sus discursos a la resistencia a "su" pueblo, se negaron entonces a pagar a los maestros, destruyeron los sindicatos palestinos, y sembraron las calles de víctimas palestinas inocentes cuando se enfrentaron contra sus competidores de Fatah. No dudan tampoco en enviar cohetes contra objetivos seleccionados en asentamientos civiles en lugar de destinar recursos a mejorar verdaderamente la situación de los palestinos sobreexplotados y desempleados.
Mientras protestamos contra el brutal bombardeo de Gaza por parte del nacionalismo israelí, debemos también recordar que el nacionalismo palestino es simplemente menos poderoso, pero no menos brutal. Desgraciadamente la polémica sobre la bandera contribuye a fortalecer el nacionalismo como un ideal, haciendo más fácil descalificar a quien se oponga al gobierno pues le convertiría automáticamente en un partidario del "enemigo".
Por supuesto esto es cínicamente utilizado para justificar el fracaso de tales protestas. Esta movilización había sido convocada por el frente Hadash(1) del Partido Comunista Israelí, para el día anterior del inicio oficial por parte de este partido de la campaña electoral. Y Hadash necesita complacer a su base electoral entre los votantes nacionalistas palestinos del interior de la Línea Verde(2) para mantener su presencia electoral en los próximos comicios frente a las amenazas que representan partidos como los Nacionalistas Seculares (Al-Tajmua3) y el Movimiento Musulmán. Esto, una vez más, nos lleva al terreno nacionalista que es, en definitiva, el terreno capitalista.
Y eso sólo puede conducir a una repetición de ciclos de más y más violencia que no podrán desaparecer hasta que comprendamos que esos nacionalismos no hacen más que nublarnos la conciencia e impedir que nos fijemos en la cuestión esencial: que estamos siendo enviados a matar y a morir, a enfrentarnos, para beneficiar a una gente que no sirve a nuestros intereses sino a los suyos propios. Y esto vale tanto para Israel como para Palestina. Desatad el nudo gordiano del nacionalismo y avanzaremos en la consecución de una mejor vida para todos.


A propósito de las movilizaciones contra la violencia ejercida por el estado israeli, hemos agregado esta foto, donde se observa un grupo de republicanos repudiando una marcha contra la invasión en Irak. Notese el uso del calificativo de "Hippie" para referirse a quienes se oponen a la violencia ejercida por los Estados y el Capital, muy común entre los defensores de la sociedad existente. No esta demás hacer notar cómo el partido de los burgueses, el partido por la perpetuación de la sociedad existente y la justificación de todos sus horrores, no reconoce fronteras ni naciones pero sí fomenta su mistificación, materializada en el fanatismo nacionalista - patriótico - antisemita. Quiza habría que ser menos hippie con estos chanchitos fumadores...

NOTAS

(1) Hadash es un partido político izquierdista israelí que se define como "Partido Judeo-Árabe". Muchos de sus votantes y líderes son ciudadanos árabe-israelíes en Israel. Tiene tres diputados en el parlamento israelí. Extraído de Wikipedia. Nota de la redacción de la página en español de la CCI.

(2) La Línea Verde separa a Israel de Cisjordania. Nota de la redacción de la página en español de la CCI.


Pd.: Las alusiones a la CCI no dan cuenta de la simpatia de quienes sostienen este blog frente a tal organización.

20081225

Un buen fin de año


20080701

El mayo frances a través del hilo histórico de la revolución mundial


El siguiente texto corresponde a los parrafos finales del extenso prefacio, escrito por Denis Authier (también traductor), al "Informe de la delegación siberiana" de León Trotsky, documento de alcance histórico redactado en 1903 trás el segundo congreso del Partido Obrero Social - Democrata de Rusia realizado en Ginebra. Este puede ser descargado en su totalidad desde el siguiente sitio: http://www.edicionesespartaco.com/




El movimiento de mayo ha vuelto a dar una vida más o menos artificial a un cierto número de corrientes revolucionarias del pasado y, entre ellas, al “anti-leninismo de izquierda”. La debilidad del movimiento revolucionario se ha manifestado en esta incapacidad para “superar el pasado”. Ha “rehecho” 1848, la Comuna, 1917, Barcelona e incluso el “frente popular”. Parece, no obstante, haber creado una nueva forma: los Comités de Acción. Pero el agrupamiento de los revolucionarios en pequeños grupos ha marcado todas las épocas en que el movimiento revolucionario no existía más que en un estado embrionario. Finalmente, los Comités de Acción no han sido muy frecuentemente sino las “organizaciones de masas” de las diferentes “vanguardias” grupusculares. Únicamente una minoría de Comités de Acción, escapando a toda otra “dirección” que la dirección misma de su voluntad, ha podido representar algo positivo. Esta positividad se limitaba a su existencia misma, como forma nueva revolucionaria; no afecta a su acción, que fue un sindicalismo más duro que el sindicalismo oficial.
Así, ha aparecido una forma revolucionaria, pero no su contenido. Sólo la ideología dominante puede hacer tomar por la revolución de la edad moderna lo que no fue con frecuencia más que una parodia.
En la parodia, toda suerte de personajes tenían su papel a jugar, y esto es lo que explica la importancia tomada por los desechos de otra época: los estalinistas de todo pelaje (P.C.F., prochinos, etc.) rehaciendo el “frente popular”, los trotskistas llamando al “frente único obrero” (es decir, una coalición electoral de las organizaciones en apariencia obreras, partidos y sindicatos), los diversos “espontaneístas”, “obreristas” y “ultra-izquierdistas” haciendo propaganda para la autogestión por los obreros de la miseria capitalista. Todo esto fue y sigue estando coronado por debates sobre el “problema de la organización” en que cada cual recita un papel aprendido hace cincuenta años y más. Nuestras tareas políticas y el Informe de la Delegación Siberiana añadirán un papel más al repertorio y permitirán acelerar la descomposición natural del “leninismo”.
El “leninismo” se ha refugiado hoy en los grupúsculos estudiantiles: es que, efectivamente, para invertir la fórmula de ¿Qué hacer?, “entregados a sus fuerzas solamente, los revolucionarios no-proletarios no pueden elevarse más que a una conciencia leninista”. La misma razón que hace que la clase obrera sea la única clase espontáneamente revolucionaria, es decir, su situación en las relaciones sociales actuales, hace que los estudiantes no sean espontáneamente capaces más que de un revolucionarismo formal. En el mejor de los casos, no pueden ser portadores sino de aspiraciones revolucionarias vacías. Esto se manifestó en la teatralidad y la logomaquia de las asambleas de estudiantes. La pretendida “revolución estudiantil” no desembocó en nada y se hundió con el fin de la huelga general que había creado por sí sola la situación en que esa “revolución” podía subsistir. El movimiento estudiantil no ha sido el “detonador”, sino el “billete de entrada” * de una nueva revolución apenas comenzada. En la situación de mayo, el proletariado ha permanecido globalmente reformista y esto explica que haya podido continuar haciéndose “maniobrar” por las fuerzas del viejo mundo. La aparición de una franja revolucionaria extremadamente minoritaria en el proletariado es el único hecho importante de mayo; es el único que nos asegura que un nuevo proceso revolucionario se ha desencadenado efectivamente.
Los problemas que esta revolución tendrá que resolver serán diferentes de los que se han planteado en mayo; por un lado, serán los problemas militares y políticos de la insurrección y el aplastamiento “físico” inmediato de las fuerzas reaccionarias; por otro, los problemas de la destrucción, en sus raíces (las relaciones mercantiles) de la economía capitalista y de toda ECONOMÍA; los problemas que plantea la apropiación nuevamente por la sociedad del proceso de producción ya socializado, pero todavía en manos de una clase minoritaria, todavía aprisionado en el marco del intercambio individual.
El “problema de la organización” no es más que una fórmula vacía y no se plantea más que a aquellos que preocupa la organización de la organización. Cuando se plantean las tareas revolucionarias (y apenas fue éste el caso en mayo), las fuerzas revolucionarias, engendradas por la sociedad que deben destruir, se organizan espontáneamente para resolverlas.
La organización que se da un movimiento revolucionario, así como su programa y sus fines, está determinado por la situación concreta de la época, y las formas que se da evolucionan cuando se modifican las condiciones del combate. Un movimiento revolucionario corresponde siempre, a la vez, a la sociedad que va a suprimir y a la que va a instaurar. El bolchevismo es un producto de las condiciones particulares de la Rusia zarista; los rasgos característicos de la Rusia “soviética” existen ya en la organización del Partido que ha sido llevado efectivamente al centro del proceso revolucionario; cuando se ha mostrado esto, se ha acabado la crítica teórica del “leninismo”, de esa pretensión grotesca de los epígonos de buscar en Lenin-Trotsky la teoría de la revolución a venir. Ésta, para triunfar, debe pasar obligatoriamente por la crítica del leninismo-trotskismo (entre otras cosas) para llegar a una visión adecuada de lo que ella misma es y de sus tareas. Accesoriamente, al haber hecho caer los oropeles de jefes geniales que continúan recubriendo a Lenin y a Trotsky, les restituirá su verdadera grandeza de militantes revolucionarios.


(Julio de 1969)

* “El nombre bajo el cual una revolución se introduce no es jamás el que llevará en sus banderas el día del triunfo. Para asegurarse posibilidades de éxito, los movimientos revolucionarios son forzados, en la sociedad moderna, a tomar prestados sus colores, desde el principio, a los elementos del pueblo que, aun oponiéndose al gobierno existente, viven en total armonía con la sociedad existente. En una palabra, las revoluciones deben conseguir su billete de entrada para la escena oficial de manos de las clases dirigentes mismas.” (Carlos Marx, New York Tribune, 27-7-1857).

20080413

Las raíces burguesas del anarcosindicalismo (Feral Faun)













(Título original: The bourgeois roots of anarcho syndicalism. Traducido al castellano por el CICA http://www.geocities.com/cica_web/)












Nosotros favorecemos el desarrollo de un movimiento de trabajadores basado en la democracia directa, no sólo porque será más efectivo en la lucha actual contra la clase empleadora, sino también porque prefigura -y sienta la base para- una sociedad de libertad e igualdad, sin autoritarismo o explotación.



- Extraido de un folleto publicado por la Workers Solidarity Alliance (Alianza de Solidaridad Obrera), una organización anarcosindicalista.







En el siglo decimocuarto o decimoquinto, empezó a tener lugar una transformación social que alcanzó su pico dramático en la guerra americana de independencia y en la Revolución francesa. Este período fue el levantamiento de la burguesía contra el sistema feudal y el poder de la Iglesia Católica. En el lugar del feudalismo emergieron el sistema económico del capitalismo y el sistema político de la democracia política. En lugar de permitir gobernar a una aristocracia no electa o a un rey, la democracia liberal demanda que sea "el pueblo" quien gobierne a través de sus representantes o su voto. Como los anarcosindicalistas arriba citados, la burguesía quería una "sociedad de libertad e igualdad, sin autoritarismo o explotación". Omítanse las partes sobre los "trabajadores" y "la clase empleadora" y Thomas Paine podría haber escrito la cita.

Por supuesto, los anarcosindicalistas nos dirán que ellos no están usando las palabras de la manera en que lo hicieran los revolucionarios burgueses. Les tomaría la palabra si no fuese por el hecho de que, el anarcosindicalismo, refleja la ideología burguesa de formas mucho más significativas que meramente tomar prestada su terminología. Los valores sostenidos por los anarcosindicalistas no difieren significativamente de aquéllos de los teóricos liberales más radicales, y su proyecto, sometido a examen, demuestra ser meramente la extensión del proyecto liberal.

Como ya he dicho, el sistema económico que llegó al poder con la burguesía es el capitalismo. No me meteré en una larga descripción del capitalismo -basta decir que la cualidad definitoria del capitalismo, comparado con otros sistemas económicos, no es la existencia de capitalistas, sino la producción de capital excedente para permitir una expansión económica continuada.

El capitalismo es un sistema altamente moral -es decir, requiere de valores que toman prioridad sobre las necesidades, deseos o codicia individuales, con objeto de expandirse sin fricciones. Estos valores, que son esenciales para la expansión capitalista, son la producción y el progreso. Cada adelanto tecnológico es, así, abrazado a menos que pueda mostrarse como una amenaza a la expansión ulterior del capital. Para la producción y el progreso es esencial el trabajo y, así, el burgués valora mucho el trabajo -y, contrariamente al cuadro pintado por los propagandistas "radicales" del trabajo, no es raro para los capitalistas trabajar muchas más horas que los obreros industriales; pero se trata de trabajo organizativo en lugar de trabajo productivo. Aquéllos que se las arreglan para evitar el trabajo son la escoria moral de la sociedad capitalista -los parásitos apartados de la población trabajadora.

Los anarcosindicalistas abrazan cada uno de estos valores capitalistas. Su meta es "el verdadero dominio humano de la producción". ¡A pesar del alto nivel de evidencia antropológica de lo contrario, asumen que los pueblos primitivos pasaban la mayor parte de su tiempo sólo luchando por la supervivencia, y que es sólo gracias a la producción de tecnología y su progreso que podemos vivir las maravillosas vidas que todos tenemos ahora, y disfrutar de todas las encantadoras mercancías -¡¡¡Ooops!!! ¡Lo siento, estoy intentando ser sarcástico!

Los sindicalistas reconocen unas cuantas tecnologías específicas como amenazas a la supervivencia, pero ven la tecnología en general -y el progreso en general- como cosas positivas. A la luz de esto, no es ninguna sorpresa que hagan épicos cantos al trabajo, porque sin trabajo no habría producción ni progreso. Como la burguesía, ellos ven a aquéllos que evitan el trabajo como "parásitos", (Veáse "¡Escucha, anarquista!" de Chaze Bufe). El único problema real que tienen con el sistema capitalista es quién está al mando -ellos preferirían que estuviese al mando Un Gran Capitalista
*, la unión internacional de la población trabajadora, en lugar de los diversos individuos, corporaciones y Estados. Pero la estructura básica sería la misma. Como la burguesía -y quizá aún más que la burguesía- los anarcosindicalistas abrazan los valores esenciales al capitalismo.

Si la producción y el progreso son valores positivos, haciendo el trabajo esencial, entonces la conformidad social es igualmente esencial. Ya he dicho que la evitación del trabajo es vista como parasitismo. Cualquier placer que no pueda ser mercantilizado y así traído bajo el control de la producción, es no ético. El vagabundo, el vago, el gitano, el bandido, cualquier individuo que no haga ninguna contribución positiva a la sociedad, es condenado como un fracaso o un criminal. Incluso el bohemio -el artista, músico o poeta inadaptado- es sospechoso a los ojos burgueses -por lo menos hasta que se encuentre la forma de recuperar sus renegados impulsos creativos.

Esta misma actitud hacia aquéllos que no encajan en la sociedad es sostenida por los anarcosindicalistas. ¡El castigo de Chaz Bufe de los "marginales" en "¡Escucha, anarquista!" deja esto bastante claro. La forma en que la CNT despreció constantemente al bandolero anarquista Sabaté (mientras continuaba tomando y usando el dinero que él les daba de sus robos) da verdadero asco. A lo largo de su historia, el anarcosindicalismo ha intentado apagar el fuego de los rebeldes desobedientes, a veces a través de la persuasión y algunas a través del insulto, para mover a los rebeldes anárquicos a conformarse y aceptar la sociedad. Dondequiera que la rebelión anárquica fuese más allá de las reformas que los anarcosindicalistas estaban reclamando, estos supuestos no creyentes en la ley eran los primeros en gritar, "¡Delincuentes! ¡Terroristas!". Como la burguesía, quieren la producción para progresar sin fricciones, y eso requiere la conformidad social.

De la mano de la conformidad social, viene un amor por la paz social. Es verdad que la burguesía ha explotado las guerras entre naciones para expandir el capital, pero esto es siempre precario, dado que cualquier violencia puede perturbar el funcionamiento sin fricciones del capitalismo. Sólo la violencia instituida por las autoridades apropiadas, con una base racional y ética, tiene un lugar en la sociedad burguesa. Los conflictos personales no sólo no han de incluir la violencia física, sino que deben ser afrontados con cortesía y resueltos a través de la discusión racional, la negociación o el proceso debido. Las pasiones no deben ciertamente encenderse. La paz social sólo habrá de romperse bajo las circunstancias más extremas.

Los anarcosindicalistas también valoran la paz social. De las "Influencias burguesas en el anarquismo" de Luigi Fabbri al "¡Escucha, anarquista!" de Bufe, intentan advertir a los anarquistas que se alejen de la expresión verbal violenta -irónicamente, intentando afirmar que esto no proviene de las falsas concepciones del anarquismo creadas por la prensa burguesa. Por qué piensan que la gente con coraje e inteligencia para rebelarse contra la autoridad aceptaría la palabra de la prensa burguesa, no lo sé. Como la burguesía, los anarcosindicalistas nos llaman a expresar nuestros desacuerdos racionalmente, libres de pasión, de una manera pacífica. Cualquier expresión activa, violenta, de rebelión individual es considerada irresponsable, contrarrevolucionaria y no ética por los anarcosindicalistas. Los perpetradores son etiquetados, en el mejor caso, como incautos y, más a menudo, como delincuentes comunes y terroristas. De hecho, fuera de una "situación revolucionaria", los anarcosindicalistas rechazan la mayoría de las formas de actividad ilegal como contraproducentes (pero, ¿es eso necesariamente malo?
**). Sólo el levantamiento de la clase obrera (la "autoridad apropiada" en la teoría anarcosindicalista) puede justificar la violencia -y esa violencia debe ser racional y ética para mantener los instrumentos de producción intactos y hacer una transición a la producción anarcosindicalista tan libre de fricciones como sea posible.

Los anarcosindicalistas también desean crear una sociedad racional, ética. Nos llaman a "atacar la irracionalidad... dondequiera y siempre que se presente". El problema que ven en la sociedad presente es que no es lo suficientemente racional o ética. Dado que la razón es la fuente del comportamiento ético (según su visión), debe prevalecer en todas las áreas de la vida. No nuestras pasiones o deseos, sino nuestro "egoísmo racional" debe ser nuestra guía, dicen los sindicalistas, haciéndose eco de los utilitaristas. Es tanto más racional como más ético si el productor controla los medios de producción, proclaman ellos, mientras ignoran alegremente la cuestión de si es posible para cualquiera controlar los medios de producción en una sociedad industrial.

Tanto los teóricos liberales burgueses como los anarcosindicalistas quieren una sociedad racional, ética, basada en la libertad, la igualdad y la justicia, garantizando los derechos humanos. Los dos quieren una economía que funcione sin fricciones, con altos niveles de producción que garanticen el progreso científico y tecnológico. Los dos requieren paz social y conformidad para realizar sus proyectos. Es difícil no pensar que sus proyectos son el mismo. Sólo veo dos diferencias significativas. La burguesía ve la economía como una fuerza apolítica, que puede progresar de modo eficiente y ético a través de la forma de la empresa privada. Los anarcosindicalistas reconocen la economía como una fuerza política que debe, por consiguiente, ser puesta en marcha democráticamente. Los liberales burgueses creen que la democracia representativa puede crear su ideal. Los anarcosindicalistas creen que la democracia debe ser directa -aunque nunca parecen preguntarnos si queremos gastar nuestro tiempo votando directamente para todo problema social que surja. El proyecto de los anarcosindicalistas es, en realidad, sólo una extensión del proyecto del liberalismo burgués -un intento de impulsar ese proyecto hacia su conclusión lógica.

Esto me lleva al paralelismo último entre el liberalismo burgués y el anarcosindicalismo, un paralelismo no de ideas, sino de ignorancia. Ninguno parece capaz de reconocer las realidades del sistema social bajo el que vivimos. "La actividad cotidiana de los esclavos produce esclavitud" (Fredy Perlman). Mientras hablan de libertad y democracia, el liberal burgués y el anarcosindicalista ven ambos sólo las autoridades humanas que los controlan; están ciegos a las actividades sociales en que participan, que son la verdadera fuente de su esclavitud. Así, el liberal burgués está satisfecho con librarse de sacerdotes y reyes; el anarcosindicalista añade a presidentes y patrones. Pero las fábricas permanecen intactas, las tiendas permanecen intactas (aunque los sindicalistas puedan llamarlas centros de distribución), la familia permanece intacta -el sistema social entero permanece intacto. ¿Si nuestra actividad cotidiana no ha cambiado significativamente -y los anarcosindicalistas no dan ninguna indicación de querer cambiarla más allá de agregar la carga de gestionar las fábricas a la carga de trabajar en ellas-, qué diferencia representa entonces que no haya jefes? - ¡Somos todavía esclavos!

El "cambio de nombre no exorciza a la bestia". Pero hay una razón por la que, ni el liberal burgués ni el anarcosindicalista, pueden ver la esclavitud inherente al sistema social. No ven la libertad como la capacidad del individuo único de crear su vida como elije. La ven como la capacidad del individuo de llegar a ser una parte plena y activamente integrada de una sociedad progresiva, racional. Que "la esclavitud es la libertad" no es una aberración del pensamiento estalinista o fascista; es algo inherente a todas las perspectivas que atribuyen la libertad a la sociedad en lugar de al individuo. La única manera de garantizar la "libertad" de tales sociedades es suprimir la inconformidad y la rebelión dondequiera que surjan.

Los anarcosindicalistas pueden hablar de abolir el Estado, pero ellos tendrán que reproducir cada una de sus funciones para garantizar el funcionamiento sin fricciones de su sociedad. El anarcosindicalismo no realiza una ruptura radical con la sociedad presente. Busca meramente extender los valores de esta sociedad para que nos dominen más plenamente en nuestras vidas diarias. Ninguno de los verdaderos rebeldes, los renegados, los bandidos y los salvajes espíritus libres podría aceptar una sociedad anarcosindicalista más que la sociedad actual. Tendríamos que continuar discordando, creando una ruptura radical con la sociedad, porque no queremos más control sobre nuestra esclavitud -y eso es todo lo que los anarcosindicalistas nos ofrecen-, queremos quitarnos las cadenas y vivir nuestras vidas plenamente.




* “One Big Capitalist”. Esta expresión es una parodia de la famosa consigna que habían extendido en los años 20 los Industrial Workers of the World, “One Big Union” - Un Gran Sindicato. (Nota del CICA).

** Aquí el autor parece hacer un juego de palabras entre contra-“producente” y la crítica del productivismo, al margen del sentido de que lo que puede considerarse “contraproducente” desde la perspectiva anarcosindicalista no tiene por qué serlo desde la perspectiva revolucionaria. (Nota del CICA).














20080331

¿CONTRA LA REPRESIÓN Y POR LAS LIBERTADES?

“Nosotros nunca lo hemos disimulado: el terreno en el que actuamos no es el terreno legal, sino el terreno revolucionario”
Karl Marx

No hemos venido aquí a sumarnos como comparsas o chirigotas a este desfile organizado por los sindicatos y su consigna “Contra la represión y por las libertades”. Tampoco vamos a desplegar ningún tipo de apoyo crítico. Venimos a expresar nuestro más profundo rechazo a este tipo de actos, que entierra y canaliza cualquier atisbo de lucha de clases, en favor de un espectáculo que mendiga por las calles “libertad” y rezuma victimismo por los cuatro costados.

Es cierto que la represión se intensifica, no en Asturias, sino en todo el mundo. Las medidas del capital contra los explotados para aliviar su crisis (salarios ridículos, precios desorbitados, aumento de la intensidad y la extensión horaria en el trabajo, despidos, “regulaciones”…) provocan que el proletariado se vuelva a levantar en muchos sitios. Contra ello el Estado capitalista intensifica todos los mecanismos de represión para hacernos frente, someternos, y así hacernos comer la crisis económica. Se trata de una política contra todo foco de resistencia, rebelión y lucha social, por mínima que esta sea, y no de lances puntuales más o menos mediáticos.

Frente a esta situación salir a la calle bajo el grito “contra la represión” sin atacar en la práctica el sistema que la engendra, contribuye al siniestro engaño que pretende que la represión puede dejar de existir en el interior de un mundo dividido en clases. La represión contra el proletariado no es un exceso a denunciar, no es responsabilidad simplemente de tal o cual individuo asqueroso a eliminar como Trevín, es simplemente la forma bajo la cual se reproduce el capitalismo. Un mundo en el que los medios de vida son propiedad de una minoría, requiere una represión sin piedad contra todos aquellos que osen cuestionarlo, contra todo proletario que se lance a luchar por sus necesidades contra la bestia capitalista.

Y las pretendidas libertades por las que hoy nos hacen pasear por las calles, no son más que la otra cara de la represión, su complemento para hacer efectiva la democracia, es decir, la dictadura del capital. La dominación de clase se esconde tras unos derechos y libertades que sirven, precisamente, para diluirnos en ciudadanos libres e iguales donde las clases sociales son ocultadas por arte de magia. Y no es casualidad que a la mínima emergencia de confrontación de clases, esas libertades siempre se ejerzan contra nosotros y nuestra lucha, pues son formalizadas por nuestros enemigos para combatirnos mejor.

Ante toda esta totalidad nuestro único camino, nuestra única alternativa, es la lucha y organización fuera y contra todas las estructuras del estado democrático (parlamento, partidos, sindicatos…). Recuperar nuestra propia esencia de clase explotada y revolucionaria, nuestra práctica histórica. Que el espectro del comunismo vuelva a poner en jaque a todos nuestros enemigos mediante los métodos de lucha de siempre: sabotajes, enfrentamientos directos, huelgas salvajes, expropiaciones… El periodo convulsivo en el que estamos entrando en todos lados nos obliga a ello. De lo contrario seremos aplastados por enésima vez.


CONTRA LA REPRESIÓN Y CONTRA LAS LIBERTADES DEMOCRÁTICAS
¡RUPTURA TOTAL CON LA DEMOCRACIA!
¡LUCHEMOS POR IMPONER NUESTRAS
NECESIDADES A LAS DE LA ECONOMÍA!


proletariosinternacionalistas@yahoo.es

20080329

Ni Viejos, Ni Traidores

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