20111116

Los fabricantes de íconos a la obra: Creación de la «Fundación Amadeo Bordiga»



(Partido comunista internacional, «El programa comunista»; N° 45; Septiembre de 2004)











«La "Fundación Amadeo Bordiga", constituida según la voluntad testamentaria de Madame De Meo (viuda de Bordiga), ha sido reconocida oficialmente mediante decreto del Ministerio del Interior del 8/5/98. Han contribuido a la formación de la Fundación personas de diversos orígenes culturales y políticos y de diversas actividades profesionales, quienes se han comprometido, ademàs de cumplir con la voluntad de Madame De Meo a muchos de los cuales estaba ligada por lazos de amistad, a proseguir con los fines comunes expresados en los estatutos».
El artículo 2 de dichos estatutos afirma que «La finalidad de la Fundación es la de valorizar la figura de Amadeo Bordiga, fundador del Partido Comunista de Italia durante el Congreso de Liorna (enero de 1921) dentro de la complejidad de todos sus inseparables aspectos ideológicos, culturales y humanos, en el cuadro del movimiento proletario nacional e internacional; su rigor intelectual y moral en las visicitudes de la situación italiana y mundial; la inflexibilidad de su batalla para defender la doctrina y el programa marxistas ». En esta óptica, la Fundación «acuerda bolsas de estudio, toma la iniciativa y asegura el financiamiento de actividades de investigación histórica, de publicaciones relativas a los fines generales arriba indicados; de la colocación, clasificación y conservación del material existente asi como su incremento por medio de la recolecta de documentos donde estos se encuentren; de puesta en relación con las principales bibliotecas italianas y extranjeras a fin de documentar la presencia de Amadeo Bordiga; de publicación de sus escritos poco conocidos o dificilmente accesibles, de reimpresión de sus textos escritos en diversas épocas, de edición de las obras completas. El material documental y de librería será conservado en una biblioteca-archivo que se deberá organizar en la casa misma de Formia donde la testamentaria vivió con Amadeo Bordiga, hoy sede legal de la Fundación».




He aquí lo que podemos leer del prospecto de presentación de la «Fundación Amadeo Bordiga» inaugurada oficialmente el 27 de mayo de 2000, bajo el patrocinio de la municipalidad de Formia, en presencia del alcalde y el delegado de Trabajos Públicos de la ciudad (la calle que conduce a la casa donde Bordiga acostumbraba a pasar sus vacaciones ha sido rebautizada con su nombre - ¿cuándo veremos su estatua, o si no el mausoleo?).
De tal manera, Amadeo Bordiga, tan calumniado durante su vida e ignorado después de su muerte, va a encontrar «su» lugar en la historia del movimiento proletario y comunista gracias a la obra de elegidos, investigadores, historiadores y amigos de diversos orígenes políticos y culturales, sin olvidar los cientos de millones de libras de generosa subvención atribuida por parte del Ministerio del Interior del gobierno de centro-izquierda! Gracias a toda su buena voluntad, su figura será por fin valorizada!
Lenin comienza su obra «El Estado y la revolución» escribiendo: «En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para «consolar» y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante «arreglo» del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero».
La creación de la Fundación actual, así como las tentativas precedentes del mismo tipo, se inscribe exactamente en esta orientación que corresponde en efecto a una necesidad permanente de la burguesía: destruir el carácter subversivo de programas, posiciones, teorías negando su naturaleza clasista; reduciendolas a invenciones u opiniones de pensadores aislados para que luego a estos se les pueda entonces saludar sus cualidades intelectuales y morales, ya que estas son individuales.

El sentido del anonimato en nuestro trabajo de partido

Amadeo Bordiga, más que ningún otro, insistió sin descanso sobre la lucha contra los daños del individualismo burgués, incluyendo allí a los revolucionarios, contra los estragos, incluyendo allí a los proletarios combativos, de la espera de salvadores, de la creencia en grandes hombres, del culto a los jefes geniales, breve de lo que él llamaba «la teoría del battilochio»:
«Lo nuevo que hay es que, contrariamente a las revoluciones precedentes, no hemos tenido ninguna necesidad, ni siquiera a título de símbolos, de hombres particulares, teniendo una individualidad y un nombre particulares.
(…) La revolución burguesa debe necesariamente tener un símbolo y un nombre, si bien esta también, en última instancia, esté hecha por fuerzas anónimas y relaciones materiales. Ella es la última revolución que no sabrá ser anónima: es por esto que la recordamos como una revolución romántica.
Nuestra revolución aparecerá cuando hallamos terminado de postrarnos de rodillas delante de individuos, en una actitud hecha sobre todo de cobardía y desconcierto. El instrumento de su fuerza será un partido perfectamente homogéneo en su doctrina, su organización y su combate; un partido que no otorgará ningún crédito al nombre o al mérito del individuo, que rechazará al individuo la conciencia, la voluntad, la iniciativa, el mérito o la falta, para concentrar todo en una unidad neta y claramente delimitada» (1).
Amadeo Bordiga frecuentemente explicó (ver «Lenin en el camino de la revolución») que en la concepción marxista el partido no es el instrumento de un «gran líder», sino al contrario el «jefe» no es más que uno de los instrumentos del partido, sin duda más importante y más eficaz que otros, pero que, él solo, no puede ser determinante. Las posiciones que los dirigentes del partido tienen la tarea y deben tener la capacidad de expresar, de explicar, de traducir en directivas y reglas de acción, son el patrimonio colectivo del movimiento de clase, más allá de países y generaciones.
El carácter anónimo de las publicaciones del partido tiene por finalidad precisamente de facilitar y colocar en primer plano este aspecto: si bien es evidente que son individuos quienes escriben, los mismos no escriben para expresar sus opiniones personales, sino para expresar las posiciones del partido - y el partido en su conjunto contrae la responsabilidad de lo que se publica, así como toda la actividad de sus militantes. El anonimato es por tanto un medio para facilitar la comprensión del carácter impersonal, colectivo, en una palabra clasista, de las posiciones y programa comunistas, al mismo tiempo que un medio práctico para luchar contra la creencia supersiticiosa en los grandes hombres, en los «salvadores supremos», y contra los estragos del individualismo burgués; esta es la razón por la cual en toda la historia del movimiento proletario, los textos fundamentales, programas, cuerpos de tésis no llevan firma, aun cuando en la tormentosa lucha de tendencias y organizaciones que caracteriza la formación del partido, algunos nombres particulares hallan podido servir para simbolizar las orientaciones en lucha.
La lucha contra esta influencia de la ideología burguesa es todo menos fácil, y nuestras «Tésis de Milán», debidas a la pluma de Bordiga, se terminan asi:
«El esfuerzo actual de nuestro partido en su difícil tarea es el de liberarse para siempre del empuje traidor que parecía emanar de hombres ilustres, y de la función despreciable de fabricar, para alcanzar en sus objetivos y victorias, una estúpida notoriedad y publicidad para otros nombres personales. Al partido no le deben faltar en ninguno de sus meandros la decisión y el coraje de combatir por un resultado similar, que anticipa de la historia y de la sociedad de mañana» (2).

La negación de « Il Programma Comunista »

Si, entre los dirigentes de la Internacional, Amadeo Bordiga a sido el que ha encarnado la lucha intransigente de la Izquierda comunista contra las oscilaciones, las maniobras azarosas, les crecientes zigzags, luego contra las degeneraciones del _movimiento revolucionario proletario; como todos los verdaderos comunistas, no ha querido jamás ser el inventor de un nuevo movimiento político (el bordiguismo), sino el defensor e intérprete más fiel posible a la teoría y al programa político proletario el cual - pese a Marx mismo - ha pasado a la historia bajo el nombre de marxismo; jamás deseó que su actividad política o teórica sea otra cosa que un trabajo de partido, un trabajo eminentemente importante pero que cobraba todo su valor por cuanto se integraba al esfuerzo secular de emancipación de la clase proletaria dándose por objetivo la reconstitución del partido de clase destruido por la contra-revolución.
El partido ha replicado a la publicación de obras de Bordiga, a la citación de pensamientos de Bordiga que comenzaron a prosperar desde los años setenta bajo la labor de individuos u organizaciones con posiciones políticas diversas (3). El problema no es de esconder la identidad de los revolucionarios que han escrito tal texto, tomado cual posición - incluyendo aquellos cuya finalidad es la de «proteger» de la recuperación: eso sería caer en una especie de superstición, en un anti-individualismo fáctico que no es sino la otra cara del individualismo burgués (el nombre de Bordiga sería demasiado terrible o demasiado precioso para ser divulgado más allá de los muros de la secta)(4) - sino el de transformar los textos de partido en textos de un gran hombre, tales publicaciones tenían por finalidad justamente la de negar su carácter de partido, de romper la coherencia de esta actividad, de incensar al individuo, al pensador, para mejor desvalorizar al militante de partido y al partido mismo, con el fin de tratar de utilizar fragmentos de textos, textos aislados o simples frases para sus propias orientaciones políticas y teóricas.
Hace algunos años, un grupo de intelectuales de izquierda había organizado, en colaboración con el Instituto Universitario de Nápoles, un congreso sobre Amadeo Bordiga reuniendo una paleta de especialistas en bordiguismo. «Il Programma Comunista» denunció con razón este evento como un ataque contra la verdadera obra de Bordiga y contra el marxismo:
«Hacer de Amadeo Bordiga un pensador solitario o en un teórico encerrado en su torre de marfil, no es solamente negar desnaturalizar y cambiar completamente su obra. Es también colocarse fuera del surco de la tradición marxista, esto es caer puramente en el idealismo.
(...) Sabemos bien que la restauración del marxismo revolucionario es un hecho material que no se convertirá en readquisición teórica de la clase proletaria hasta que esta sea empujada a actuar como clase para sí, bajo la dirección de su partido revolucionario. Confiar esta tarea a las proezas editoriales de comerciantes burgueses o del sub-artesanado de «ultra-izquierda», sino más bien a la actividad orgánica del partido, es la posición clásica de aquellos que no tienen nada que ver con el marxismo.
(...) Hemos siempre hablado de la «impersonalidad de la doctrina marxista». Este nace en una encrucijada histórica, filosófica y política, como un bloque único que comprende todos los aspectos esenciales en todo lo que corresponde a principios, fines, programa y táctica - categorías estrechamente ligadas entre sí en la función del Partido comunista mundial y validas para todo el ciclo de luchas que el comunismo está destinado a concluir. Y ella encuentra sus instrumentos, sus máquinas, en tal o cual individuo, en tal o cual grupo de individuos: el individuo aporta precisamente su contribución a este ciclo de luchas, le ofrece sus capacidades personales, subordinándolas a las exigencias históricas, negandolas al mismo tiempo como ‘propiedad personal’ regida por el copyright. Ello no significa negar al individuo o al ‘jefe’ y sus funciones, sino clarificar su sentido material de órgano al servicio del partido y de la clase» (5).
Palabras fuertes, pero vacuas ya que las mismas no han impedido, 4 años más tarde, la participación a una reedición agravada de la misma operación: los dirigentes de «Il Programma Comunista» están efectivamente presentes en la Presidencia, en el consejo de administración y el «comité científico» de la Fundación destinada a «valorizar la figura» del gran vacacionista de Formia, publicando sus obras completas, a instruir a los niños en las escuelas, acordando bolsas a «investigadores», al lado de aquellos que los mismos condenaban y gracias a los dineros del Estado: habrá que concluir que tal condenación fue debido al despecho de no haber sido asociados a la empresa?
La presencia de dirigentes de «Il Programma Comunista» en la Fundación es, en todo caso, indispensable para el funcionamiento de esta última ya que es en este periódico que, después de la ruptura de 1952, Amadeo Bordiga había publicado artículos y textos - anónimamente como el de todos los militantes. No se trata solamente de hacer el triaje entre todas las publicaciones del partido, a fin de «identificar» aquellos que venían de la pluma del grande hombre»; el famoso copyright, el derecho de autor, de estos escritos está en las manos de aquellos a quienes la ley burguesa reconoce la propiedad del periódico «Il Programma Comunista»: publicar bajo el nombre de Bordiga escritos aparecidos anónimamente en esa época necesita por lo tanto del permiso de estos propietarios. Y es precisamente, mientras la grave crisis golpeaba al partido a comienzos de los años ochenta, haciendo volar en pedazos su red internacional, que los dirigentes de este grupo, incapaces de conducir la lucha contra las tendencias liquidadoras a nivel político no habían encontrado nada mejor que recurrir a la justicia burguesa para verse reconocer el famoso derecho de propiedad comercial (la ley italiana había impuesto un «propietario legal» quien formaba parte de estos militantes).
La que siguió a estos hechos ha demostrado que tal iniciativa, que, sin la sombra de una sola duda, se encontraba fuera del sillón de la tradición marxista, no se debía a un extravío momentáneo y sin consecuencias debido a una excepcional e inesperada situación de crisis. Ya durante la escisión en 1952 en el Partito Comunista, la corriente opuesta a la nuestra se había dirigido a la justicia burguesa para conservar la propiedad del periódico del partido «Battaglia Comunista». Sobre los primeros n° del nuevo periódico, «Il Programma Comunista», fue publicada una nota que decía:
«Advertimos a los lectores que el cambio anunciado en el título del periódico que de «Battaglia Comunista» cambia a «Il Programma Comunista» no se debe a iniciativa nuestra, ni a acciones judiciales coactivas de las cuales no tenemos ningún interés en indicar el orígen. Habiéndose tratado de hacer valer contra el partido, contra su continuidad ideológica y contra su periódico, y por supuesto después de haberse apoderado de esta, una propiedad comercial ficticia existiendo sólo en su fórmula burocrática impuesta por la ley, no nos prestaremos a constestaciones o discusiones entre personas o individuos; soportaremos las imposiciones ejecutivas sin caer en el terreno de la justicia establecida. Aquellos que se han rebajado delante de ella no podrán jamás regresar al terreno del partido revolucionario. Inútil pues de hablar de sus personas o de sus actuaciones, tanto hoy como más tarde.
El periódico continuará colocándose en la línea que siempre lo ha definido y la cual han representado sus títulos no de ‘propiedad’, sino de continuidad programática y política (…)» (6).
Las desviaciones tienen su lógica y sus consecuencias irremediables si las mismas no son corregidas a tiempo. Habiendo roto entonces con la continuidad programática y política para asegurarse la propiedad comercial, habiendo pedido a la justicia burguesa de reconocerlos como los continuadores y herederos del partido, los dirigente de «Il Programma Comunista» no lograrán más que en apariencias retornar al terreno del partido revolucionario. La participación en la Fundación Amadeo Bordiga de brazos con elegidos, sabios profesores, amigos de toda proveniencia política - «comerciantes» o «sub-artesanos» que no tienen nada que ver con el marxismo - es la demostración que las afirmaciones de fidelidad altiva a la línea teórica, programática y política de la Izquierda Italiana y del partido en el cual ella se había encarnado, se habían vaciado de sentido inexorablemente, se habían transformado en pura fachada, en falso semblante.
Cierto es que el periódico «Il Programma Comunista» mantiene hasta ahora un silencio total sobre la última «hazaña» de algunos de sus miembros y dirigentes. ¿Qué quieren esconder a sus lectores? ¿Qué es lo que los embaraza: la participación en una institución burguesa, la gestión de millones acordados por el Estado a dicha institución, la ruptura con el falso purismo acerca del nombre de Bordiga, la conciencia más o menos clara de haberse dejado enlodarse en el fango de las acciones sin principios? En el fondo, poco importa; el silencio del periódico no es más que un signo suplementario de la degeneración política de dicho grupo que ya no es ni siquiera capaz de reivindicar sus propios actos, remplazando definitivamente por pequeños arreglos y compromisos a la clarificación política, la condición indispensable de una «unidad neta y claramente delimitada» y a la verdadera defensa intransigente del programa comunista.
Sobre esta vía no hay otro desenlace que el deslizamiento cada vez más acentuado e irreversible hacia el oportunismo.

Il Comunista N° 71-72 (Settembre-2000) / Le Prolétaire N° 455 (Oct.-Nov.-Déc. 2000)




(1) cf «Le Batilocchio dans l’histoire» («Il Programma Comunista» n° 7, 1953)
(2) cf «Tésis suplementarias sobre la tarea histórica, la acción y estructura del partido comunista mundial» (Milán 1966), en «Defensa de la continuidad del programa comunista», p. 221 (Textos del P.C.Int. N°7).
(3) cf por ejemplo: «Mise au point à propos de certains "dépasseurs du programme communiste"», «Programme Communiste» n° 67 (julio-agosto-septiembre)
(4) Este defecto caracteriza a los florentinos místicos de «Il partito comunista» los cuales hablan del «silencio protector» del anonimato. Este anonimato es utilizado por ellos para apropiarse de los textos del partido con el fin de afirmar una continuidad ficticia de su organización con estos. Es así como dan, sin indicación de su origen, una citación del artículo escrito (anónimamente) por Bordiga («Il Battilocchio …») presentandolo así: «A tal propósito (la utilización del nombre de Lenin, ndr), nosotros (sic!) tenemos el corage de escribir:». El corage político de esta gente consiste esencialemente en confundir las cartas, a protegerse bajo el silencio. En su artículo sobre la Fundación Bordiga, escribe para criticar «Il Programma Comunista», este grupo no es designado sino bajo una obscura alusión («miserables restos del ‘bordiguismo’, que no tienen nada que ver con nuestro movimiento desde hace decenios y que concluyen así de forma ‘coherentes con su viraje’» Cf «Embaumeurs», «Il Partito Comunista» n°277 (julio-agosto 2000). Ampliar el tema sería explicar un poco a sus lectores de dónde viene este grupo, cuál es el «viraje», y por supuesto también cuáles son los orígenes de «Il Partito», cuáles fueron las causas políticas y programáticas de la ruptura de 1972 que condujo al nacimiento de su «movimiento». Treinta años después prefieren todavía el silencio protector a la crítica y a la lucha política abiertas.
(5) cf «Il programma Comunista» n° 6-7, junio-julio 1996.
(6) «En défense du programme communiste», «Le Prolétaire» n° 384 (octubre-diciembre 1985).

20101229

De la autoridad (F. Engels)

NOTA DE LOS EDITORES: A casi 140 años de la primer edición de este breve texto de F. Engels - post comuna (de Paris) -, la interpelación a los pensadores, divulgadores y fieles del anti autoritarismo (¿revolucionario?) sigue siendo tan, sino aún más, necesaria para el debate y clarificación de aquellas minorías animadas por el horizonte de la destrucción y superación de la sociedad de clases. Hemos destacado aquellos fragmentos que nos parecen de una fuerza invariantemente revolucionarias. Y allí donde se identifica la revolución como algo autoritario y como la imposición de una voluntad sobre la otra, no creemos que Engels quede preso de una concepción idealista que comprende el fin del capitalismo como una simple confrontación entre titanes, donde una voluntad aplasta a la otra en un duelo épico de magnitudes históricas y místicas. No creemos que opere con una imagen tan ramplona. Lo que parece más evidente, es que Engels elabora las lecciones que la derrota de la comuna de 1871 demanda sean apropiadas por el movimiento revolucionario internacional, lecciones forjadas a traiciones y engaños, sangre y balas, ilusiones y vidas destruidas: ante moralidades, ideologías, subjetivismos, objetivismos o derrumbismos, la pujante realidad de la opresión cotidiana y los fusilamientos militares suspende y despacha a prioris morales.


Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen. Hasta tal punto se abusa de este método sumario de proceder, que no hay más remedio que examinar la cosa un poco más de cerca. Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra parte, subordinación. Ahora bien; por muy mal que suenen estas dos palabras y por muy desagradable que sea para la parte subordinada la relación que representan, la cuestión está en saber si hay medio de prescindir de ella, si -dadas las condiciones actuales de la sociedad- podemos crear otro régimen social en el que esta autoridad no tenga ya objeto y en el que, por consiguiente, deba desaparecer. Examinando las condiciones económicas, industriales y agrícolas, que constituyen la base de la actual sociedad burguesa, nos encontramos con que tienden a reemplazar cada vez más la acción aislada por la acción combinada de los individuos. La industria moderna, con grandes fábricas y talleres, en los que centenares de obreros vigilan la marcha de máquinas complicadas movidas a vapor, ha venido a ocupar el puesto del pequeño taller del productor aislado: los coches y los carros para grandes distancias han sido sustituidos por el ferrocarril, como las pequeñas goletas y falúas lo han sido por los barcos a vapor. La misma agricultura va cayendo poco a poco bajo el dominio de la máquina y del vapor, los cuales remplazan, lenta pero inexorablemente, a los pequeños propietarios por grandes capitalistas, que cultivan, con ayuda de obreros asalariados, grandes extensiones de tierra. La acción coordinada, la complicación de los procedimientos, supeditados los unos a los otros, desplaza en todas partes a la acción independiente de los individuos. Y quien dice acción coordinada dice organización. Ahora bien, ¿cabe organización sin autoridad?

Supongamos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, cuya autoridad dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Supongamos, para colocarnos por entero en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma? Veamos.

Tomemos, a modo de ejemplo, una fábrica de hilados de algodón. El algodón, antes de convertirse en hilo, tiene que pasar, por lo menos, por seis operaciones sucesivas; operaciones que se ejecutan, en su mayor parte, en diferentes naves. Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos de un lugar a otro, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y terminar su trabajo a la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual. Lo primero que hace falta es, pues, que los obreros se pongan de acuerdo sobre las horas de trabajo; a estas horas, una vez fijadas, quedan sometidos todos sin ninguna excepción. Después, en cada lugar y a cada instante surgen cuestiones de detalle sobre el modo de producción, sobre la distribución de los materiales, etc., cuestiones que tienen que ser resueltas al instante, so pena de que se detenga inmediatamente toda la producción. Bien se resuelvan por la decisión de un delegado puesto al frente de cada rama de producción o bien por el voto de la mayoría, si ello fuese posible, la voluntad de alguien tendrá siempre que subordinarse; es decir, que las cuestiones serán resueltas autoritariamente. El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han sido nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de estas fábricas, podría escribirse, al menos en cuanto a las horas de trabajo se refiere: Lasciate ogni autonomia, voi che entrate!* Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, éstas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social. Querer abolir la autoridad en la gran industria, es querer abolir la industria misma, es querer destruir las fábricas de hilados a vapor para volver a la rueca.

Tomemos, para poner otro ejemplo, un ferrocarril. También aquí es absolutamente necesaria la cooperación de una infinidad de individuos, cooperación que debe tener lugar a horas muy precisas, para que no se produzcan desastres. También aquí, la primera condición para que la empresa marche es una voluntad dominante que zanje todas las cuestiones secundarias. Esta voluntad puede estar representada por un solo delegado o por un comité encargado de ejecutar los acuerdos de una mayoría de interesados. Tanto en uno como en otro caso existe autoridad bien pronunciada. Más aún: ¿qué pasaría con el primer tren que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?

Pero, donde más salta a la vista la necesidad de la autoridad, y de una autoridad imperiosa, es en un barco en alta mar. Allí, en el momento de peligro, la vida de cada uno depende de la obediencia instantánea y absoluta de todos a la voluntad de uno solo.

Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios, no han sabido responderme más que esto: «¡Ah! eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo!» Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre. He aquí cómo se burlan del mundo estos profundos pensadores.

Hemos visto, pues, que, de una parte, cierta autoridad, delegada como sea, y de otra, cierta subordinación, son cosas que, independientemente de toda organización social, se nos imponen con las condiciones materiales en las que producimos y hacemos circular los productos.

Y hemos visto, además, que las condiciones materiales de producción y de circulación se extienden inevitablemente con la gran industria y con la gran agricultura, y tienden cada vez más a ensanchar el campo de esta autoridad. Es, pues, absurdo hablar del principio de autoridad como de un principio absolutamente malo y del principio de autonomía como de un principio absolutamente bueno. La autoridad y la autonomía son cosas relativas, cuyas esferas verían en las diferentes fases del desarrollo social. Si los autonomistas se limitasen a decir que la organización social del porvenir restringirá la autoridad hasta el límite estricto en que la hagan inevitable las condiciones de la producción, podríamos entendernos; pero, lejos de esto, permanecen ciegos para todos los hechos que hacen necesaria la cosa y arremeten con furor contra la palabra.

¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?

Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.





Diciembre de 1873 en el Almanacco Repubblicano per l'anno 1874.
Traducido del italiano.


* «¡Quien entre aquí, renuncie a toda autonomía!». Parafraseado de la Divina comedia de Dante. "Infierno", canto III, estrofa 3.

20101228

¡ La confrontación programática, una necesidad revolucionaria!


Grupo Comunista Mundial
« El Programa de la Revolución Comunista »


Proletarios, compañeros,


Admitan el objetivo, los presupuestos y las condiciones de la confrontación programática en la perspectiva de la futura revolución comunista ; acepten la invitación del Grupo Comunista Mundial.
El Programa Comunista surgió en 1847 como Totalidad Una e Indivisible. Es descripción cumplida de la revolución y de la sociedad comunistas.
¡ El proletariado es revolucionario o no es nada ! La contra revolución democrática triunfó sobre el proletariado y lo excluyó de la Historia (noviembre de 1922) . Desde luego, la situación histórica se caracteriza por la ausencia transitoria de cualquier lucha de clase y consecuente a eso no se ha constituido ningún partido de clase. Ya no existe ninguna representación organizada del proletariado revolucionario.
Al término de una acumulación sin precedentes del capital y de la miseria, nada menos que la explosión violenta de las contradicciones capitalistas y el estallido de la violencia estática burguesa y démocrática romperá la paz social, trastornará radicalmente esa situación ; así serán invertidos brutalmente todos los presupuestos contra-revolucionarios actualmente en vigor. La crisis catastrófica del sistema reactivará la espontaneidad revolucionaria y hará surgir de nuevo la violencia proletaria en contra de las condiciones de explotación, y restablecerá la lucha de clases.
La crisis catastrófica será el momento crucial del proceso de delimitación y de unificación de las fuerzas que lucharan para finalizar la restauración del programa comunista invariante y para la formación del Partido Comunista Mundial, imprescindible para que haya una revolución .
El Grupo Comunista Mundial declara que la confrontación programática es ineludible porque sus objetivos son la clarificación de las condiciones históricas y de las modalidades teóricas, políticas y prácticas de la formación del Partido Comunista Mundial. Tambien es ineludible el esclarecimiento de las normas de acción y de organización de ese partido, con el fin de conquistar el poder, destruir el estado burgués, edificar el Estado proletario totalitario, ejercer la dictadura del proletariado, e instaurar la sociedad comunista.
El Grupo Comunista Mundial sostiene que la confrontación del programa comunista con las posiciones subversivas y con los intentos de afirmaciones revolucionarias espontáneamente nacidas de los sótanos de la sociedad burguesa es conforme a los principios y al método comunistas. Es imprescindible esa confrontación para la identificación, la selección y la conquista de esas energías militantes que se manifiestan y se manifestarán en el futuro sobre todo, tal como expresiones tendenciales del Partido Comunista. Así se preparan a reconquistar el terreno de la lucha de clases.
El Grupo Comunista Mundial afirma que la confrontación debe tener como objetivo convertir la espontaneidad revolucionaria de esas fuerzas revolucionarias aisladas en un momento consciente de la lucha para la restauración programática del futuro Partido Comunista Mundial ; esa confrontación será esencial a su acercamiento y unificación en el proceso planificado de la formación del partido de clase.
El Grupo Comunista Mundial subraya que la confrontación programática consiste en reconocer, apreciar y comprobar, mediante su acercamiento y su comparación, la conformidad al Programa Comunista de las afirmaciones y posiciones revolucionarias de militantes organizados o no. Así pues, consiste en buscar e identificar rigurosamente las convergencias para fortalezerlas, y señalar e individualizar las divergencias para liquidarlas. Así que el resultado es unificación, fusión, asimilación o integración, por principio por vías de afiliaciones individuales, superando y sobrepasando las diferenciaciones primeras. Sin embargo, puede ser que la confrontación desemboque en una delimitación y una clarificación mayor de los antagonismos, en la cristalización de ciertas oposiciones irreductibles, y en la formulación de los motivos de la separación original, en beneficio de la defensa de la independencia teórica y de organización inicial.
El Grupo Comunista Mundial exige que la confrontación programática sea efectuada respetando de manera estricta el principio de independencia teórica y de organización de las energías distintas que pone en contacto.
Las organizaciones o los elementos que se exponen a la confrontación, aceptando la invitación del Grupo Comunista Mundial, o solicitándola,


• manifiestan su aversión hacia cualquier democracia,
• excluyen los métodos y los mecanismos democráticos con vocación mayoritaria
• rechazan el debate y la discusión, es decir el charloteo,
• desechan las formas y los procesos de los congresos y las conferencias,
• adoptan imperativamente un plan de trabajo y ordenes del día con objetivos precisos,
• fijan el calendario de las reuniones y de las correspondencias,
• publican regularmente sus crónicas,
• dan patentes los resultados y hacen el balance de la confrontación a beneficio del futuro partido.


Cualquier replanteamiento de los presupuestos, de la meta y de los métodos antidemocraticos de la confrontación provoca su interrupción de ipso facto.


El Plan de la confrontación es el siguiente :


Primer momento : "Apertura de la confrontación".
Presentación general de los orígenes, de la función, de las tesis características de las fuerzas en presencia desde el punto de vista de la historia del Partito Comunista Histórico.
Identificación de las convergencias y de las divergencias eventuales.
Adopción de los principios de la confrontación revolucionaria.
Fijación de las modalidades de reunión y elaboración del calendario.
Transmisión de los textos fundamentales y de los documentos programáticos.


Segundo momento : "El comunismo".
Descripción de la sociedad comunista y conocimiento de un plan de vida para el genero humano.
El ser humano, verdadero "gemeinwesen".


Tercer momento : "La dictadura del proletariado".
Descripción del Estado de transición.
Actividad estatal del Partido Comunista Mundial.


Cuarto momento : "El partido de clase".
Descripción de las características del Partido Comunista Mundial.
Actividad revolucionaria y catastrófica del Partido Comunista Mundial.


Quinto momento : "La crisis catastrófica del capital".
Descripción del derrumbe del Capital y del surgimiento del proletariado revolucionario.
La producción revolucionaria y catastrófica del Partido Comunista Mundial.


Sexto momento : "El desarrollo del capital, o sea la relación capital / trabajo".
Descripción de la expansión capitalista y de las condiciones de integración del proletariado al capital.
Necrología del capital.


Séptimo momento : "Las revoluciones proletarias y las contrarevoluciones democráticas : 1848 – 1871 – 1905 – 1922 ".
Las lecciones de las contrarevoluciones y su sistematización en la perspectiva de la revolución futura, puramente proletaria.


Octavo momento : "El balance de la confrontación".
Adopción de las resoluciones teóricas y practicas.


La observancia rigurosa de las condiciones de la confrontación programática fortalece y fortalecerá la representación orgánica del programa comunista, favorece y favorecerá el encuentro de la espontaneidad revolucionaria con ese programa.



¡ El "instinto y el odio” ,
el "mesianismo proletario",
el "fanatismo proletario"
el "integrismo proletario",

que distinguen desde siempre la tradición de lucha comunista radical, sean abrazadas por todas las fuerzas disponibles para la restauración programática del comunismo !









Diciembre de 2006

20101206

El programa revolucionario inmediato (Programma rivoluzionario immediato nell'Occidente capitalistico, Reunión de Forlì del Partito Comunista Intern)

Breves palabras de los editores de Anabaptismo: El siguiente texto, orgánicamente pertenece al Partido Comunista Internacional, pero individualmente es atribuido a Amadeo Bordiga. Puede que aparezcan supuestos que muchos revolucionarios no acepten, entre los que resalta el etapismo o la forma Estado como elemento revolucionario. Sin embargo, el texto afirma elementos impostergables para la lucha contra el capitalismo: derrotismo revolucionario, continuidad del partido histórico de la revolución mundial, la dictadura como afirmación necesaria del proletariado victorioso, abolición del productivismo y la especialización, entre otros. Un "plan de subproducción" como medida para la abolición del mercado salarial, a todos quienes no tenemos otra forma de subsistir que vender nuestras vidas y facultades a un complejo mecanismo donde reina el rendimiento y la eficacia, es un punto programático netamente revolucionario.



1 - Con la gigantesca y potente reanudación a escala mundial del movimiento revolucionario en la primera posguerra, cristalizado en Italia en el sólido partido constituido en 1921, fue claro que el postulado urgente era la conquista del poder político, y que el proletariado no lo coge por una vía legal, sino con la acción armada; que la mejor ocasión para ello surge de la derrota militar del propio país y que la forma política consecutiva a la victoria es la dictadura del proletariado. La transformación económica y social es una tarea ulterior, cuya condición primera está dada por la dictadura.

2 - Al ser larguisima la vía que conduce al comunismo pleno, el «Manifiesto de los Comunistas» aclaró que las medidas sociales posteriores que se vuelven posibles, o que se toman «despóticamente», varían según el grado de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas del país en el cual el proletariado ha vencido y según la rapidez con que dicha victoria se extiende a otros países. El «Manifiesto» indicó las medidas adecuadas en aquel entonces, esto es, en 1848, para los países europeos más evolucionados, y recalcó que no se trataba del programa del socialismo integral, sino de un conjunto de medidas que calificó de transitorias, inmediatas, variables y esencialmente «contradictorias».

3 - Ulteriormente, muchas medidas dictadas entonces a la revolución proletaria fueron tomadas por la burguesía misma en éste o en aquel país, como por ejemplo: la instrucción obligatoria, el Banco de Estado, etc. Ello fue uno de los elementos que engañaron a los partidarios de una teoría no estable y reelaborada de continuo según los resultados históricos.

Aquel hecho no autorizaba a creer que hubiesen cambiado las leyes y previsiones precisas del paso del modo capitalista de producción al socialista, con todas sus formas económicas, sociales y políticas, sino que sólo significaba que seria diverso y más fácil el primer periodo postrevolucionario, el de la economía de transición al socialismo, que precede al periodo consecutivo del socialismo inferior y al último del socialismo superior o comunismo integral.

4 - El oportunismo clásico consistió en hacer creer que todas aquellas medidas, de la más baja a la más alta, podrían ser aplicadas por el Estado burgués democrático bajo la presión, o directamente la conquista legal del mismo, por parte del proletariado. Pero, en tal caso, esas diversas «medidas», si fueran compatibles con el modo capitalista de producción, hubiesen sido adoptadas en interés de la continuidad del capitalismo y para postergar su caída; y si fueran incompatibles con él, jamás hubiesen sido realizadas por el Estado.

5 - El oportunismo actual, con su fórmula de la democracia popular y progresista, en el marco de la constitución parlamentaria, tiene una tarea histórica distinta y peor. No solo ilusiona al proletariado haciéndole creer que algunas de las medidas que le son propias puedan ser incluidas entre las tareas de un Estado interclasista y de varios partidos (o sea, al igual que los social demócratas de ayer, reniega de la dictadura), sino que conduce directamente las masas que encuadra a luchar por medidas sociales «populares y progresistas» que se oponen directamente a las que el poder proletario se fijó siempre desde 1848 con el «Manifiesto».

6 - Nada podrá mostrar mejor toda la ignominia de semejante involución que una lista de medidas que deberían formularse en un país del Occidente capitalista - cuando se plantee en el futuro la conquista del poder - en lugar de las del «Manifiesto», incluyendo sin embargo las más características de las de aquel entonces.

7 - La siguiente es una lista de tales reivindicaciones:


a) «Desinversión de los capitales», esto es, asignación de una parte mucho menor del producto a bienes instrumentales y no de consumo.
b) «Elevación de los costos de producción» para poder dar, mientras subsistan el salario, el mercado y la moneda, pagas más altas por menos tiempo de trabajo.
c) «Reducción drástica de la jornada de trabajo» a la mitad de las horas actuales por lo menos, absorbiendo el paro y las actividades antisociales.
d) Una vez reducido ya el volumen de la producción con un plan de «subproducción» que la concentre en los terrenos más necesarios, «control autoritario de los consumos», combatiendo la moda publicitaria de los consumos inútiles, dañinos y de lujo, y aboliendo por la fuerza las actividades destinadas a la propaganda de una sicología reaccionaria.
e) Rápida «ruptura de los limites de la empresa» con la transferencia autoritaria, no del personal, sino de las materias de trabajo, yendo hacia el nuevo plan de consumo.
f) «Abolición rápida de la previsión social» de tipo mercantil, para sustituirla con la alimentación social de los no trabajadores a partir de un mínimo inicial.
g) «Detención de la construcción» de casas y lugares de trabajo en torno de las grandes ciudades, e incluso de las pequeñas, como punto de partida para encaminarse a la distribución uniforme de la población en el campo. Reducción de la congestión, la velocidad y el volumen del tráfico prohibiendo el inútil.
h) «Lucha decidida contra la especialización» profesional y la división social del trabajo, mediante la abolición de las carreras y títulos.
i) Medidas inmediatas obvias, más cercanas a las políticas, para someter al Estado comunista la escuela, la prensa, todos los medios de difusión, de información, y la red de espectáculos y diversiones.

8 - No es extraño que los stalinistas y sus semejantes, con sus partidos de Occidente, reclamen hoy todo lo contrario, no solo en sus reivindicaciones «institucionales», es decir, en las político-legales, sino también en las «estructurales», esto es, en las económico-sociales. Eso permite que su acción sea paralela a la del partido que conduce el Estado ruso y los Estados ligados al mismo, en los cuales la tarea de transformación social consiste en el paso del precapitalismo al pleno capitalismo, con todo su bagaje de exigencias ideológicas, políticas, sociales y económicas, todas ellas orientadas al cenit burgués y dirigidas con horror sólo contra el nadir feudal y medieval. Estos socios de Occidente son tanto más unos inmundos renegados cuando que aquel peligro, físico y real aún en la parte del Asia actualmente en efervescencia, es inexistente y fingido para los proletariados metropolitanos que aquí están bajo la bota civil, liberal y onusiana de la arrogante capitalarquía norteamericana.


20101202

Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable (1965)






1.- La llamada cuestión de la organización interna del partido ha sido siempre objeto de las posiciones de los marxistas tradicionales y de la izquierda comunista actual, nacida como oposición a los errores de la Internacional de Moscú. Naturalmente esta cuestión no es un sector aislado en un compartimento cerrado, sino que es algo inseparable del cuadro general de nuestras posiciones.
2.- Todo lo que forma parte de la doctrina, de la teoría general del partido, se encuentra en los textos clásicos y está resumido profundamente en manifestaciones más recientes, en textos italianos como las Tesis de Roma y de Lyon y en otras muchas con las cuales la izquierda presagió la ruina de la III Internacional por fenómenos no menos graves que los ofrecidos por la II. Todo este material, en parte, es utilizado ahora para el estudio sobre la organización (entendida en un sentido restringido como organización del Partido y no en el sentido amplio de organización del proletariado en sus diversas formas históricas y sociales) y no se pretende aquí resumirlo, reenviando a dichos textos y al amplio trabajo en curso de la Historia de la Izquierda, cuyo segundo volumen se está preparando.
3.- Se deja a la teoría pura, común a todos nosotros y fuera de discusión, todo lo que respecta a la ideología del partido y a la naturaleza del mismo, y a las relaciones entre el partido y su propia clase proletaria, que se resumen en la conclusión obvia de que sólo con el partido y su acción, el proletariado se convierte en clase para sí y para la revolución.
4.- Indicamos normalmente como cuestiones de táctica (repetida la reserva de que no existen capítulos y secciones autónomas) las que surgen y se desarrollan históricamente en las relaciones entre el proletariado y las otras clases, el partido proletario y las otras organizaciones proletarias, y entre él y los partidos burgueses y no proletarios.
5.- La relación que fluye entre las soluciones tácticas, para no ser condenadas por los principios doctrinales y teóricos, y el desarrollo multiforme de las situaciones objetivas y, en cierto sentido, externas al partido, es en verdad bastante mutable; pero la Izquierda ha mantenido que el partido debe dominarla y preverla con antelación, como está escrito en las Tesis de Roma sobre la táctica, entendidas como proyecto de Tesis para la táctica internacional. Existen, para ser sintéticos hasta el extremo, períodos de situaciones objetivas favorables junto a condiciones desfavorables del partido como sujeto; puede darse también el caso opuesto, hay estados raros que son sugestivos ejemplos de un partido bien preparado y de una situación social que encuentra a las masas lanzadas hacia la revolución y hacia el partido que la ha previsto y descrito con antelación, como Lenin reivindicó para los bolcheviques en Rusia.
6.- Dejando a un lado "distinciones" pedantes, podemos preguntarnos en qué situación objetiva se encuentra la sociedad de hoy. Ciertamente la respuesta es que estamos en la peor situación posible y que gran parte del proletariado, más que ser golpeado por la burguesía, está controlado por los partidos que trabajan al servicio de ésta e impiden al proletariado todo movimiento clasista revolucionario, de modo que no se puede prever cuánto tiempo transcurrirá hasta que en esta situación muerta y amorfa, llegue lo que otras veces definimos como "polarización" o "ionización" de las moléculas sociales que precederá a la explosión del gran antagonismo de clase.
7.- ¿Cuáles son, en este periodo desfavorable, las consecuencias sobre la dinámica orgánica interna del partido? Hemos dicho siempre, en todos los textos más arriba citados, que el partido se ve inexorablemente afectado por el carácter de la situación real que lo rodea. Por tanto, los grandes partidos proletarios que existen son necesaria y declaradamente oportunistas. Es una tesis fundamental de la Izquierda que nuestro partido no debe por este motivo renunciar a resistir, sino que debe sobrevivir y transmitir la llama a lo largo del histórico "hilo del tiempo". Está claro que será un partido pequeño, no por nuestro deseo o elección, sino por ineluctable necesidad. Pensando en la estructura de este partido incluso en la época de decadencia de la III Internacional, y en innumerables polémicas, hemos rechazado, con argumentos que no es necesario repetir, varias acusaciones. No queremos un partido de secta secreta o de élite, que rechace todo contacto con el exterior por manías de pureza. Rechazamos toda fórmula de partido obrero o laborista que quiera excluir a todos los no proletarios, fórmula que pertenece a todos los partidos oportunistas históricos. No queremos reducir el partido a una organización de tipo cultural, intelectual y académica como la que dio lugar a las polémicas que se remontan a hace más de medio siglo; tampoco creemos, como ciertos anarquistas o blanquistas, que se pueda pensar en un partido de acción armada conspirativa y que se dedique a conjurar.
8.- Dado que el carácter de degeneración del complejo social se concentra en la falsificación y en la destrucción de la teoría y de la sana doctrina, está claro que el pequeño partido de hoy tiene un carácter preeminente de restaurador de los principios de valor doctrinal, y desgraciadamente está privado del ambiente favorable en el que Lenin realizó esta tarea tras el desastre de la primera guerra. Sin embargo, no por esto podemos trazar una barrera entre teoría y acción práctica; porque más allá de cierto límite nos destruiríamos a nosotros mismos y a todas nuestras bases de principio. Reivindicamos, por lo tanto, todas las formas de actividad propias de los momentos favorables en la medida en que las relaciones de fuerza reales lo permitan.
9.- Todo esto podría desarrollarse mucho más ampliamente, pero se puede llegar a una conclusión sobre la estructura organizativa del partido en un periodo tan difícil. Sería un error fatal verlo como divisible en dos grupos: uno dedicado al estudio y otro a la acción, porque esta distinción es mortal no sólo para el cuerpo del partido, sino también en relación a cada militante individual. El sentido del unitarismo y del centralismo orgánico es que el partido desarrolla en sí los órganos aptos para sus distintas funciones, que nosotros llamamos propaganda, proselitismo, organización proletaria, trabajo sindical, etc.; hasta llegar mañana, a la organización armada, pero nada se debe deducir del número de compañeros que se considera dedicado a tales funciones, porque en principio ningún compañero debe ser ajeno a ninguna de ellas. Es un percance histórico que en esta fase puedan parecer demasiados los compañeros dedicados a la teoría y a la historia del movimiento y pocos los preparados para la acción. Sería sobre todo insensata la búsqueda del número de los dedicados a una y otra manifestación de energía. Todos sabemos que, cuando la situación se radicalice, innumerables elementos se alinearán con nosotros, en una vía inmediata, instintiva y sin el mínimo curso de estudios que pueda imitar a las cualificaciones académicas.
10.- Sabemos muy bien que el peligro oportunista, desde que Marx luchó contra Bakunin, Proudhon, Lasalle y en todas las fases ulteriores del morbo oportunista, ha estado ligado enteramente a la influencia de falsos aliados pequeño burgueses sobre el proletariado. Toda nuestra desconfianza infinita hacia la aportación de estos estratos sociales no debe ni puede impedirnos utilizarles sobre la base de las potentes enseñanzas de la historia de los elementos de excepción, que el partido destinará al trabajo de reordenación de la teoría, fuera del cual no existe más que la muerte y que en el futuro, con su plan de difusión deberá identificarse con la inmensa extensión de las masas revolucionarias.
11.- Las violentas chispas que saltaron de entre los conductores de nuestra dialéctica nos han enseñado que es compañero militante comunista y revolucionario quien ha sabido olvidar, renegar, quitarse de la mente y del corazón la clasificación en que lo inscribe el padrón de esta sociedad en putrefación, y se ve y confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre de la tribu que luchaba contra las bestias, con el miembro de la comunidad futura, fraterna en la armonía alegre del hombre social.
12.- Partido histórico y partido formal. Esta distinción está en Marx y Engels, y ellos tuvieron el derecho de deducir que, estando con su obra en línea con el partido histórico, despreciaban pertenecer a todo partido formal. De esto ningún militante actual puede inferir el derecho a una elección: tener las cartas en regla con el "partido histórico", y burlarse del partido formal. Esto no porque Marx y Engels fuesen superhombres de un tipo o raza distinta a los demás, sino precisamente por la sana inteligencia de su proposición que tiene sentido dialéctico e histórico. Marx dice: partido en su acepción histórica, en el sentido histórico, y partido formal o efímero. En el primer concepto está la continuidad, y de él hemos derivado nuestra tesis característica de la invariabilidad de la doctrina desde que Marx la formuló, no como una invención de genio, sino como hallazgo de un resultado de la evolución humana. Pero los dos conceptos no están en oposición metafísica, y sería necio expresarlos con la doctrinilla: vuelvo la espalda al partido formal y voy hacia el histórico. Cuando hacemos surgir de la doctrina invariante la conclusión de que la victoria revolucionaria de la clase trabajadora no puede obtenerse mas que con el partido de clase y la dictadura de éste, y con la guía de las palabras de Marx afirmamos que antes del partido revolucionario y comunista el proletariado es una clase, quizás para la ciencia burguesa, pero no para Marx y para nosotros; la conclusión a deducir es que para la victoria será necesario tener un partido que merezca al mismo tiempo la calificación de partido histórico y de partido formal, o sea, que se haya resuelto en la realidad de la acción y de la historia la contradicción aparente - que ha dominado un largo y difícil pasado - entre partido histórico, por tanto, en cuanto al contenido (programa histórico, invariable), y partido contingente, es decir, en cuanto a la forma, que actúa como fuerza y praxis física de una parte decisiva del proletariado en lucha. Esta sintética puesta a punto de la cuestión doctrinal hace referencia también rápidamente a los procesos históricos que nos preceden.









13.- El primer paso, desde un conjunto de pequeños grupos y ligas, en los que se manifiesta la lucha obrera, hasta el partido Internacional previsto por la doctrina, se da con la fundación de la I Internacional en 1864. No es este el momento de reconstruir el proceso de la crisis de ésta, que bajo la dirección de Marx fue defendida a ultranza de las infiltraciones de programas pequeño-burgueses como los de los libertarios. En 1889 se reconstituye la II Internacional, tras la muerte de Marx, pero bajo el control de Engels, cuyas indicaciones no fueron aplicadas. Por algún tiempo se tendió a tener de nuevo en el partido formal la continuación del partido histórico, pero fue despedazado en los años siguientes por el tipo federalista y no centralista, por las influencias de la praxis parlamentaria y del culto a la democracia y por la visión nacionalista de las distintas secciones, no concebidas como ejércitos de guerra contra el propio estado, como habría querido el Manifiesto de 1848; surge el revisionismo abierto que desvaloriza el fin histórico y exalta el movimiento contingente y formal. El surgimiento de la III Internacional, tras la caída desastrosa en 1914 en el puro democratismo y nacionalismo de casi todas las secciones, fue para nosotros en los años que siguieron a 1919 la plena conjunción del partido histórico en el partido formal. La nueva Internacional surgió declaradamente centralista y antidemocrática, pero la praxis histórica de la incorporación de las secciones federadas en la Internacional fracasada fue particularmente difícil y apresurada ante la preocupación de que fuese inmediato el paso entre la conquista del poder en Rusia y la conquista en los países europeos. Si la sección surgida en Italia de las ruinas del viejo partido de la II Internacional fue particularmente conducida, no por virtud de las personas, sino por derivaciones históricas, a advertir de la exigencia de soldar el movimiento histórico y su forma actual, fue por haber mantenido luchas particulares contra las formas degeneradas y por tanto por haber rechazado las infiltraciones no sólo de las fuerzas dominadas por posiciones de tipo nacional, parlamentario y democrático, sino también de aquellas (itálicas, maximalismo) que se dejaron influenciar por el revolucionarismo pequeño-burgués, anarco-sindicalista. Esta corriente de izquierda luchó particularmente para que las condiciones de admisión fuesen rígidas (construcción de la nueva estructura formal), las aplicó de lleno en Italia, y cuanto éstas dieron resultados no perfectos en Francia, Alemania, etc., fue la primera en advertir de la existencia del peligro para toda la Internacional. La situación histórica, por la cual el Estado proletario sólo se había constituido en un país, mientras que en los otros no se había conseguido conquistar el poder, hacía difícil a la sección rusa la clara solución orgánica de mantener el timón de la organización mundial. La Izquierda fue la primera en advertir que el comportamiento del Estado ruso, tanto en su economía interna como en las relaciones internacionales, comenzaba a acusar desviaciones, y advirtió también de que se establecería una diferencia entre la política del partido histórico, es decir, de todos los comunistas revolucionarios del mundo, y la política de un partido formal que defendiese los intereses del Estado ruso contingente.
14.- Este abismo se excavó tan profundamente desde entonces que las "aparentes" secciones que dependían del partido-guía ruso, hicieron en un sentido efímero una política vulgar de colaboración con la burguesía, no mejor que la tradicional de los partidos corruptos de la II Internacional. Esto da la posibilidad, no diremos el derecho, a los grupos que surgieron de la lucha de la Izquierda italiana contra la degeneración de Moscú de entender mejor que cualquier otro el camino que el partido verdadero, activo y formal, debe mantener para ser consecuente con las características del partido histórico revolucionario que en línea de praxis se ha afirmado en grandes fragmentos históricos a través de la serie trágica de las derrotas de la revolución. La transmisión de esta tradición no deformada por los esfuerzos para hacer real una nueva organización del partido internacional sin pausas históricas, organizativamente no se puede basar en la elección de hombres muy cualificados o muy informados de la doctrina histórica, sino que orgánicamente tiene que utilizar del modo más fiel la línea entre la acción del grupo con el que ella se manifestaba hace 40 años y la línea actual. El nuevo movimiento no puede esperar superhombres ni Mesías, sino que se debe basar en un nuevo despertar de cuanto ha podido conservar a través de mucho tiempo, y la conservación no puede limitarse a la enseñanza de tesis y a la búsqueda de documentos, sino que se sirve también de utensilios vivos que forman una vieja guardia y que confían en dar una consigna incorrupta y potente a una joven guardia. Esta se lanza hacia nuevas revoluciones que tal vez no deban esperar más de un decenio desde ahora para la acción en un primer plano en la escena histórica; no interesan al partido y a la revolución el nombre de unos u otros hombres. La correcta transmisión de la tradición por encima de las generaciones, y por esto por encima de nombres de hombres vivos o muertos, no puede reducirse a la de los textos críticos, y al método único de empleo de la doctrina del partido comunista de manera adherente y fiel a los clásicos, sino que debe referirse a la batalla de clase que la Izquierda marxista (no queremos limitar el reclamo a la región italiana) implantó y condujo en la lucha real más encendida en los años posteriores a 1919, y que fue despedazada más que por la relación de fuerzas con la clase enemiga, por el vínculo de dependencia de un centro que degeneraba de lo que había sido el partido Mundial histórico, para convertirse en un partido efímero destruido por la patología oportunista, hasta que históricamente se rompió de hecho. La Izquierda intentó históricamente, sin romper con el principio de la disciplina mundial centralizada, dar la batalla revolucionaria y defensiva manteniendo al proletariado de vanguardia indemne para la colusión con los estratos intermedios, sus partidos y sus ideologías dirigidas para la derrota. Frustrada también esta contingencia histórica de salvar si no la revolución al menos el nervio de su partido histórico, hoy se ha reiniciado en una situación objetiva apática y hostil, en medio de un proletariado infectado de democratismo pequeño burgués hasta la médula; pero el organismo naciente, utilizando toda la tradición doctrinal y táctica reafirmada por la verificación histórica de previsiones tempestivas, la aplica también a su acción cotidiana persiguiendo la reanudación de un contacto cada vez más amplio con las masas explotadas, y elimina de su propia estructura uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú, liquidando la tesis del centralismo democrático y la aplicación de toda máquina de voto, como ha eliminado de la ideología incluso del último miembro, toda concesión a las directrices democratoides, pacifistas, autonomistas y libertarias.




(De "Il Programma Comunista", nº 2 de 1965)




20090217

EL MANIFIESTO DE LOS IGUALES (1801)


¡PUEBLO DE FRANCIA!

Durante quince siglos has vivido esclavo y, por tanto, infeliz. Desde hace seis años respiras apenas, esperando la independencia, la felicidad y la igualdad.
¡La Igualdad! ¡Primer deseo de la naturaleza, primera necesidad del hombre y principal vínculo de cualquier asociación legítima! ¡Pueblo de Francia! ¡Tu no has sido más favorecido que las demás naciones que malviven en este desafortunado mundo!... Siempre y en todas partes la pobre especie humana confiada a antropófagos más o menos hábiles sirvió de juguete de todas las ambiciones, de pasto de todas las tiranías. Siempre y en todas partes se adormeció a los hombres con bellas expresiones: nunca y en ningún lugar obtuvieron, junto a la palabra, la cosa. Desde tiempo inmemorial se nos repite de manera hipócrita que los hombres son iguales y desde tiempo inmemorial la más degradante y monstruosa desigualdad pesa insolentemente sobre el género humano.
Desde que hay sociedades civiles, el más bello patrimonio del hombre es reconocido sin contradicción, pero aún no ha podido realizarse ni una sola vez: la igualdad no ha sido más que una bella y estéril ficción de la ley. Hoy, cuando es reclamada con voz más fuerte, se nos responde: ¡callaos, miserables! La igualdad real es sólo una quimera; contentaos con la igualdad condicionada; sois todos iguales ante la ley. Chusma ¿qué más necesitáis?
¿Que qué más necesitamos?
Legisladores, gobernantes, ricos propietarios, escuchad ahora vosotros.
Somos todos iguales ¿no es eso? Nadie niega ese principio porque, salvo si se padeciese locura, no podría decirse en serio que es de noche cuando es de día.
Pues bien, a partir de ahora pretendemos vivir y morir iguales, como hemos nacido; queremos la igualdad real o la muerte; eso es lo que necesitamos.
Y tendremos esa igualdad real, no importa a qué precio. ¡Maldito sea quien se oponga a ese deseo expreso!
La revolución francesa es sólo la precursora de una revolución mucho más grande, mucho más solemne, y que será la última.
El pueblo ha pisoteado el cadáver de los reyes y los curas que se aliaron contra él: hará lo mismo con los nuevos tiranos, con los nuevos políticos mojigatos sentados en el lugar de los antiguos.
¿Que qué necesitamos además de la igualdad de derechos?
Necesitamos que esa igualdad no sólo esté escrita en la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas.
Aceptamos cualquier cosa por ella, empezar de cero para obedecer a ella sólo. ¡Perezcan todas las artes, si es preciso, mientras nos quede la igualdad real!
Legisladores y gobernantes que tenéis tan poco talento como buena fe, propietarios ricos y sin entrañas, en vano tratáis de neutralizar nuestra sagrada acción diciendo: lo único que hacen es reproducir esa ley agraria pedida ya más de una vez antes de ellos.
Calumniadores, callaos vosotros y, en el silencio de la confusión, escuchad nuestras pretensiones dictadas por la naturaleza y basadas en la justicia.
La ley agraria o el reparto de los campos fue el deseo inmediato de algunos soldados sin príncipe, de algunos pueblos primitivos movidos por su instinto más que por la razón.
Tendemos hacia algo más sublime y más equitativo, ¡el bien común o la comunidad de bienes! No más propiedad individual de las tierras; la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos, el goce comunal de los frutos de la tierra: esos frutos son de todos.
Declaramos que no podemos soportar por más tiempo que la inmensa mayoría de los hombres trabaje y sude al servicio y para en disfrute de la más ínfima minoría.
Mucho menos de un millón de individuos, y durante demasiado tiempo, dispone de lo que corresponde a más de veinte millones de sus semejantes, de sus iguales.
¡Que cese de una vez este gran escándalo que nuestros descendientes no querrán creer!
Que desaparezcan de una vez las escandalosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y lacayos, gobernantes y gobernados.
Que no haya entre los hombres más diferencia que las de la edad y el sexo. Puesto que todos tienen las mismas necesidades y las mismas facultades, que haya para ellos una única educación, un único sustento. Si se contentan con un solo sol y con mismo aire para todos ¿por qué no habría de ser suficiente la misma porción y la misma calidad de alimentos para cada uno de ellos?
Pero los enemigos del más natural de los órdenes de cosas que se pueda imaginar gritan ya contra nosotros. Desorganizadores y rebeldes, nos dicen, sólo queréis masacres y botín.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

No perderemos el tiempo contestándoles, pero te diremos que la sagrada acción que organizamos no tiene más objetivo que poner fin a las disensiones civiles y a la miseria pública.
Nunca ha sido concebido y puesto en marcha un propósito mayor. De tarde en tarde, algunos hombres de talento, algunos sabios, han hablado de ello en voz baja y temblorosa. Ninguno de ellos tuvo el coraje de decir la verdad completa.
Ha llegado el momento de las grandes medidas. El mal está en su punto más alto; cubre la faz de la tierra. El caos, con el nombre de política, reina en ella desde hace demasiados siglos. Que todo retorne al orden y vuelva a su lugar.
¡Que todos los elementos de la justicia y la felicidad se organicen ante la llamada de la igualdad!
Ha llegado el momento de fundar la República de los Iguales, ese gran hospicio abierto a todos los hombres. Han llegado los días de la restitución general. Familias quejumbrosas, venid a sentaros a la mesa común levantada por la naturaleza para todos sus hijos.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¡La más pura de las glorias te estaba reservada! Sí; tu debes ser el primero en ofrecer al mundo ese conmovedor espectáculo.
Viejas costumbres, antiguas prevenciones, querrán de nuevo poner obstáculos al establecimiento de la República de los Iguales. La organización de la igualdad real, la única que responde a todas las necesidades, sin provocar víctimas, sin que cueste grandes sacrificios, puede que de entrada no le guste a todo el mundo.
El egoísta, el ambicioso, temblará de rabia. Los que poseen injustamente clamarán que es injusticia. Los goces exclusivos, los placeres solitarios, los acomodos personales provocarán fuerte rechazo a algunos individuos hastiados de los sufrimientos ajenos. Los amantes del poder absoluto, los viles secuaces de la autoridad arbitraria replegarán con pena sus orgullosas cabezas bajo el nivel de la igualdad real. Su corta visión penetrará con dificultad en la próxima llegada de una felicidad común, pero ¿qué pueden algunos millares de descontentos contra una masa de hombres, todos ellos felices y sorprendidos de haber buscado tanto tiempo una felicidad que tenían al alcance de la mano?
Inmediatamente después de esta verdadera revolución, se dirán extrañados: ¡qué cosa! ¿La felicidad común dependía de tan poco? No teníamos más que quererla. ¡Por qué no la habremos querido antes! Sin duda, con un sólo hombre en la tierra que sea más rico, más poderoso que sus semejantes, que sus iguales, el equilibrio se rompe; el crimen y la desdicha se hacen presentes.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¿En qué signo, a partir de ahora, debes reconocer la excelencia de una constitución?...
Aquella que, en su totalidad, reposa sobre la igualdad de hecho es la única que puede convenirte y satisfacer todos tus deseos.
Las constituciones aristocráticas de 1791 y de 1795 remachaban tus cadenas en lugar de cortarlas. La de 1793 era un gran paso hacia la igualdad real; nunca antes nos habíamos acercado tanto a ella; pero aún no llegaba al objetivo y no acometía en absoluto la tarea de la felicidad común que, sin embargo, consagraba solemnemente como un gran principio.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

Abre los ojos y el corazón a la plenitud de la felicidad: reconoce y proclama con nosotros la República de los Iguales.


20090116

¿Qué es una bandera?



Una tentativa de presentar una perspectiva internacionalista sobre la actual situación en Cisjordania tras el ataque israelí a la franja de Gaza.






Este artículo apareció inicialmente publicado en el "sitio" israelí de Indymedia, así como en la Web (también en inglés) Libcom.org . Lo ha escrito un compañero en Israel que, a pesar de encontrarse en una posición extremadamente minoritaria, siente la necesidad de denunciar la fiebre patriótica que asola Israel/Palestina tras el ataque israelí en Gaza. Su decisión de dar a conocer finalmente esta declaración se debe, en parte, al hecho de que numerosos participantes en dicho foro Libcom (entre los que se cuentan el propio colectivo Libcom, la CCI, así como el EKS, grupo de la Izquierda comunista en Turquía) le hemos mostrado nuestra solidaridad y le hemos animado a hacerlo. Se trata, sin duda, de una modesta aunque significativa contribución, a la emergencia de una verdadera oposición al nefasto nacionalismo que habitualmente se adueña de todo el Oriente Medio.
WR, 10/1/09.

Mucha gente en Israel recordará una cosa de las protestas del sábado 3/1/2009: que los organizadores acudieron a la Corte Suprema para tener garantías de que se les permitía utilizar una bandera palestina.
Estoy desde luego a favor de que cualquiera pueda ir a todas partes con la bandera que quiera o sin bandera. Pero cabe preguntarse. ¿Por qué llevar la bandera de Palestina que es la que anteriormente utilizaba la OLP?
El objetivo de estas protestas es, presuntamente, el de que detener el ataque a Gaza. ¿Qué tiene que ver la bandera palestina con eso? Se nos dirá que: "Bueno. Es un apoyo a la Resistencia palestina" A esa respuesta yo le replicaría: "¿De que resistencia palestina estamos hablando?". En la franja de Gaza los palestinos más sensatos desean mandar al diablo la zona atacada, no resistir los incesantes bombardeos. Y ¿hasta donde habría que resistir esos bombardeos? ¿Hasta poder hacer señales a los combatientes que entran?
Esta bandera representa el nacionalismo palestino, de la misma forma que la bandera israelí representa el nacionalismo israelí. Ahora muchos de los lectores de esta "Web" asociaran probablemente el nacionalismo israelí con la violencia, la opresión, y con el delgado velo que utilizan los capitalistas para ocultar su dominación sobre nuestro país. Pero ¿por qué no aplicamos el mismo análisis al nacionalismo palestino?

Como decimos, los palestinos en Cisjordania están siendo brutalmente oprimidos y reprimidos cuando tratan de protestar contra esa misma guerra. ¿Por qué? Porque la Autoridad Palestina no quiere ni oír crítica alguna ni moverse lo más mínimo, porque ha sido subcontratada por Israel para el control de los Territorios Ocupados, y ha hecho de ello su auténtica razón de ser.
Hace apenas unos meses, esos mismos líderes de Hamás que ahora - escondidos en sus bunkers y complejos de seguridad-, apelan con sus discursos a la resistencia a "su" pueblo, se negaron entonces a pagar a los maestros, destruyeron los sindicatos palestinos, y sembraron las calles de víctimas palestinas inocentes cuando se enfrentaron contra sus competidores de Fatah. No dudan tampoco en enviar cohetes contra objetivos seleccionados en asentamientos civiles en lugar de destinar recursos a mejorar verdaderamente la situación de los palestinos sobreexplotados y desempleados.
Mientras protestamos contra el brutal bombardeo de Gaza por parte del nacionalismo israelí, debemos también recordar que el nacionalismo palestino es simplemente menos poderoso, pero no menos brutal. Desgraciadamente la polémica sobre la bandera contribuye a fortalecer el nacionalismo como un ideal, haciendo más fácil descalificar a quien se oponga al gobierno pues le convertiría automáticamente en un partidario del "enemigo".
Por supuesto esto es cínicamente utilizado para justificar el fracaso de tales protestas. Esta movilización había sido convocada por el frente Hadash(1) del Partido Comunista Israelí, para el día anterior del inicio oficial por parte de este partido de la campaña electoral. Y Hadash necesita complacer a su base electoral entre los votantes nacionalistas palestinos del interior de la Línea Verde(2) para mantener su presencia electoral en los próximos comicios frente a las amenazas que representan partidos como los Nacionalistas Seculares (Al-Tajmua3) y el Movimiento Musulmán. Esto, una vez más, nos lleva al terreno nacionalista que es, en definitiva, el terreno capitalista.
Y eso sólo puede conducir a una repetición de ciclos de más y más violencia que no podrán desaparecer hasta que comprendamos que esos nacionalismos no hacen más que nublarnos la conciencia e impedir que nos fijemos en la cuestión esencial: que estamos siendo enviados a matar y a morir, a enfrentarnos, para beneficiar a una gente que no sirve a nuestros intereses sino a los suyos propios. Y esto vale tanto para Israel como para Palestina. Desatad el nudo gordiano del nacionalismo y avanzaremos en la consecución de una mejor vida para todos.


A propósito de las movilizaciones contra la violencia ejercida por el estado israeli, hemos agregado esta foto, donde se observa un grupo de republicanos repudiando una marcha contra la invasión en Irak. Notese el uso del calificativo de "Hippie" para referirse a quienes se oponen a la violencia ejercida por los Estados y el Capital, muy común entre los defensores de la sociedad existente. No esta demás hacer notar cómo el partido de los burgueses, el partido por la perpetuación de la sociedad existente y la justificación de todos sus horrores, no reconoce fronteras ni naciones pero sí fomenta su mistificación, materializada en el fanatismo nacionalista - patriótico - antisemita. Quiza habría que ser menos hippie con estos chanchitos fumadores...

NOTAS

(1) Hadash es un partido político izquierdista israelí que se define como "Partido Judeo-Árabe". Muchos de sus votantes y líderes son ciudadanos árabe-israelíes en Israel. Tiene tres diputados en el parlamento israelí. Extraído de Wikipedia. Nota de la redacción de la página en español de la CCI.

(2) La Línea Verde separa a Israel de Cisjordania. Nota de la redacción de la página en español de la CCI.


Pd.: Las alusiones a la CCI no dan cuenta de la simpatia de quienes sostienen este blog frente a tal organización.

20080701

El mayo frances a través del hilo histórico de la revolución mundial


El siguiente texto corresponde a los parrafos finales del extenso prefacio, escrito por Denis Authier (también traductor), al "Informe de la delegación siberiana" de León Trotsky, documento de alcance histórico redactado en 1903 trás el segundo congreso del Partido Obrero Social - Democrata de Rusia realizado en Ginebra. Este puede ser descargado en su totalidad desde el siguiente sitio: http://www.edicionesespartaco.com/




El movimiento de mayo ha vuelto a dar una vida más o menos artificial a un cierto número de corrientes revolucionarias del pasado y, entre ellas, al “anti-leninismo de izquierda”. La debilidad del movimiento revolucionario se ha manifestado en esta incapacidad para “superar el pasado”. Ha “rehecho” 1848, la Comuna, 1917, Barcelona e incluso el “frente popular”. Parece, no obstante, haber creado una nueva forma: los Comités de Acción. Pero el agrupamiento de los revolucionarios en pequeños grupos ha marcado todas las épocas en que el movimiento revolucionario no existía más que en un estado embrionario. Finalmente, los Comités de Acción no han sido muy frecuentemente sino las “organizaciones de masas” de las diferentes “vanguardias” grupusculares. Únicamente una minoría de Comités de Acción, escapando a toda otra “dirección” que la dirección misma de su voluntad, ha podido representar algo positivo. Esta positividad se limitaba a su existencia misma, como forma nueva revolucionaria; no afecta a su acción, que fue un sindicalismo más duro que el sindicalismo oficial.
Así, ha aparecido una forma revolucionaria, pero no su contenido. Sólo la ideología dominante puede hacer tomar por la revolución de la edad moderna lo que no fue con frecuencia más que una parodia.
En la parodia, toda suerte de personajes tenían su papel a jugar, y esto es lo que explica la importancia tomada por los desechos de otra época: los estalinistas de todo pelaje (P.C.F., prochinos, etc.) rehaciendo el “frente popular”, los trotskistas llamando al “frente único obrero” (es decir, una coalición electoral de las organizaciones en apariencia obreras, partidos y sindicatos), los diversos “espontaneístas”, “obreristas” y “ultra-izquierdistas” haciendo propaganda para la autogestión por los obreros de la miseria capitalista. Todo esto fue y sigue estando coronado por debates sobre el “problema de la organización” en que cada cual recita un papel aprendido hace cincuenta años y más. Nuestras tareas políticas y el Informe de la Delegación Siberiana añadirán un papel más al repertorio y permitirán acelerar la descomposición natural del “leninismo”.
El “leninismo” se ha refugiado hoy en los grupúsculos estudiantiles: es que, efectivamente, para invertir la fórmula de ¿Qué hacer?, “entregados a sus fuerzas solamente, los revolucionarios no-proletarios no pueden elevarse más que a una conciencia leninista”. La misma razón que hace que la clase obrera sea la única clase espontáneamente revolucionaria, es decir, su situación en las relaciones sociales actuales, hace que los estudiantes no sean espontáneamente capaces más que de un revolucionarismo formal. En el mejor de los casos, no pueden ser portadores sino de aspiraciones revolucionarias vacías. Esto se manifestó en la teatralidad y la logomaquia de las asambleas de estudiantes. La pretendida “revolución estudiantil” no desembocó en nada y se hundió con el fin de la huelga general que había creado por sí sola la situación en que esa “revolución” podía subsistir. El movimiento estudiantil no ha sido el “detonador”, sino el “billete de entrada” * de una nueva revolución apenas comenzada. En la situación de mayo, el proletariado ha permanecido globalmente reformista y esto explica que haya podido continuar haciéndose “maniobrar” por las fuerzas del viejo mundo. La aparición de una franja revolucionaria extremadamente minoritaria en el proletariado es el único hecho importante de mayo; es el único que nos asegura que un nuevo proceso revolucionario se ha desencadenado efectivamente.
Los problemas que esta revolución tendrá que resolver serán diferentes de los que se han planteado en mayo; por un lado, serán los problemas militares y políticos de la insurrección y el aplastamiento “físico” inmediato de las fuerzas reaccionarias; por otro, los problemas de la destrucción, en sus raíces (las relaciones mercantiles) de la economía capitalista y de toda ECONOMÍA; los problemas que plantea la apropiación nuevamente por la sociedad del proceso de producción ya socializado, pero todavía en manos de una clase minoritaria, todavía aprisionado en el marco del intercambio individual.
El “problema de la organización” no es más que una fórmula vacía y no se plantea más que a aquellos que preocupa la organización de la organización. Cuando se plantean las tareas revolucionarias (y apenas fue éste el caso en mayo), las fuerzas revolucionarias, engendradas por la sociedad que deben destruir, se organizan espontáneamente para resolverlas.
La organización que se da un movimiento revolucionario, así como su programa y sus fines, está determinado por la situación concreta de la época, y las formas que se da evolucionan cuando se modifican las condiciones del combate. Un movimiento revolucionario corresponde siempre, a la vez, a la sociedad que va a suprimir y a la que va a instaurar. El bolchevismo es un producto de las condiciones particulares de la Rusia zarista; los rasgos característicos de la Rusia “soviética” existen ya en la organización del Partido que ha sido llevado efectivamente al centro del proceso revolucionario; cuando se ha mostrado esto, se ha acabado la crítica teórica del “leninismo”, de esa pretensión grotesca de los epígonos de buscar en Lenin-Trotsky la teoría de la revolución a venir. Ésta, para triunfar, debe pasar obligatoriamente por la crítica del leninismo-trotskismo (entre otras cosas) para llegar a una visión adecuada de lo que ella misma es y de sus tareas. Accesoriamente, al haber hecho caer los oropeles de jefes geniales que continúan recubriendo a Lenin y a Trotsky, les restituirá su verdadera grandeza de militantes revolucionarios.


(Julio de 1969)

* “El nombre bajo el cual una revolución se introduce no es jamás el que llevará en sus banderas el día del triunfo. Para asegurarse posibilidades de éxito, los movimientos revolucionarios son forzados, en la sociedad moderna, a tomar prestados sus colores, desde el principio, a los elementos del pueblo que, aun oponiéndose al gobierno existente, viven en total armonía con la sociedad existente. En una palabra, las revoluciones deben conseguir su billete de entrada para la escena oficial de manos de las clases dirigentes mismas.” (Carlos Marx, New York Tribune, 27-7-1857).

20080413

Las raíces burguesas del anarcosindicalismo (Feral Faun)













(Título original: The bourgeois roots of anarcho syndicalism. Traducido al castellano por el CICA http://www.geocities.com/cica_web/)












Nosotros favorecemos el desarrollo de un movimiento de trabajadores basado en la democracia directa, no sólo porque será más efectivo en la lucha actual contra la clase empleadora, sino también porque prefigura -y sienta la base para- una sociedad de libertad e igualdad, sin autoritarismo o explotación.



- Extraido de un folleto publicado por la Workers Solidarity Alliance (Alianza de Solidaridad Obrera), una organización anarcosindicalista.







En el siglo decimocuarto o decimoquinto, empezó a tener lugar una transformación social que alcanzó su pico dramático en la guerra americana de independencia y en la Revolución francesa. Este período fue el levantamiento de la burguesía contra el sistema feudal y el poder de la Iglesia Católica. En el lugar del feudalismo emergieron el sistema económico del capitalismo y el sistema político de la democracia política. En lugar de permitir gobernar a una aristocracia no electa o a un rey, la democracia liberal demanda que sea "el pueblo" quien gobierne a través de sus representantes o su voto. Como los anarcosindicalistas arriba citados, la burguesía quería una "sociedad de libertad e igualdad, sin autoritarismo o explotación". Omítanse las partes sobre los "trabajadores" y "la clase empleadora" y Thomas Paine podría haber escrito la cita.

Por supuesto, los anarcosindicalistas nos dirán que ellos no están usando las palabras de la manera en que lo hicieran los revolucionarios burgueses. Les tomaría la palabra si no fuese por el hecho de que, el anarcosindicalismo, refleja la ideología burguesa de formas mucho más significativas que meramente tomar prestada su terminología. Los valores sostenidos por los anarcosindicalistas no difieren significativamente de aquéllos de los teóricos liberales más radicales, y su proyecto, sometido a examen, demuestra ser meramente la extensión del proyecto liberal.

Como ya he dicho, el sistema económico que llegó al poder con la burguesía es el capitalismo. No me meteré en una larga descripción del capitalismo -basta decir que la cualidad definitoria del capitalismo, comparado con otros sistemas económicos, no es la existencia de capitalistas, sino la producción de capital excedente para permitir una expansión económica continuada.

El capitalismo es un sistema altamente moral -es decir, requiere de valores que toman prioridad sobre las necesidades, deseos o codicia individuales, con objeto de expandirse sin fricciones. Estos valores, que son esenciales para la expansión capitalista, son la producción y el progreso. Cada adelanto tecnológico es, así, abrazado a menos que pueda mostrarse como una amenaza a la expansión ulterior del capital. Para la producción y el progreso es esencial el trabajo y, así, el burgués valora mucho el trabajo -y, contrariamente al cuadro pintado por los propagandistas "radicales" del trabajo, no es raro para los capitalistas trabajar muchas más horas que los obreros industriales; pero se trata de trabajo organizativo en lugar de trabajo productivo. Aquéllos que se las arreglan para evitar el trabajo son la escoria moral de la sociedad capitalista -los parásitos apartados de la población trabajadora.

Los anarcosindicalistas abrazan cada uno de estos valores capitalistas. Su meta es "el verdadero dominio humano de la producción". ¡A pesar del alto nivel de evidencia antropológica de lo contrario, asumen que los pueblos primitivos pasaban la mayor parte de su tiempo sólo luchando por la supervivencia, y que es sólo gracias a la producción de tecnología y su progreso que podemos vivir las maravillosas vidas que todos tenemos ahora, y disfrutar de todas las encantadoras mercancías -¡¡¡Ooops!!! ¡Lo siento, estoy intentando ser sarcástico!

Los sindicalistas reconocen unas cuantas tecnologías específicas como amenazas a la supervivencia, pero ven la tecnología en general -y el progreso en general- como cosas positivas. A la luz de esto, no es ninguna sorpresa que hagan épicos cantos al trabajo, porque sin trabajo no habría producción ni progreso. Como la burguesía, ellos ven a aquéllos que evitan el trabajo como "parásitos", (Veáse "¡Escucha, anarquista!" de Chaze Bufe). El único problema real que tienen con el sistema capitalista es quién está al mando -ellos preferirían que estuviese al mando Un Gran Capitalista
*, la unión internacional de la población trabajadora, en lugar de los diversos individuos, corporaciones y Estados. Pero la estructura básica sería la misma. Como la burguesía -y quizá aún más que la burguesía- los anarcosindicalistas abrazan los valores esenciales al capitalismo.

Si la producción y el progreso son valores positivos, haciendo el trabajo esencial, entonces la conformidad social es igualmente esencial. Ya he dicho que la evitación del trabajo es vista como parasitismo. Cualquier placer que no pueda ser mercantilizado y así traído bajo el control de la producción, es no ético. El vagabundo, el vago, el gitano, el bandido, cualquier individuo que no haga ninguna contribución positiva a la sociedad, es condenado como un fracaso o un criminal. Incluso el bohemio -el artista, músico o poeta inadaptado- es sospechoso a los ojos burgueses -por lo menos hasta que se encuentre la forma de recuperar sus renegados impulsos creativos.

Esta misma actitud hacia aquéllos que no encajan en la sociedad es sostenida por los anarcosindicalistas. ¡El castigo de Chaz Bufe de los "marginales" en "¡Escucha, anarquista!" deja esto bastante claro. La forma en que la CNT despreció constantemente al bandolero anarquista Sabaté (mientras continuaba tomando y usando el dinero que él les daba de sus robos) da verdadero asco. A lo largo de su historia, el anarcosindicalismo ha intentado apagar el fuego de los rebeldes desobedientes, a veces a través de la persuasión y algunas a través del insulto, para mover a los rebeldes anárquicos a conformarse y aceptar la sociedad. Dondequiera que la rebelión anárquica fuese más allá de las reformas que los anarcosindicalistas estaban reclamando, estos supuestos no creyentes en la ley eran los primeros en gritar, "¡Delincuentes! ¡Terroristas!". Como la burguesía, quieren la producción para progresar sin fricciones, y eso requiere la conformidad social.

De la mano de la conformidad social, viene un amor por la paz social. Es verdad que la burguesía ha explotado las guerras entre naciones para expandir el capital, pero esto es siempre precario, dado que cualquier violencia puede perturbar el funcionamiento sin fricciones del capitalismo. Sólo la violencia instituida por las autoridades apropiadas, con una base racional y ética, tiene un lugar en la sociedad burguesa. Los conflictos personales no sólo no han de incluir la violencia física, sino que deben ser afrontados con cortesía y resueltos a través de la discusión racional, la negociación o el proceso debido. Las pasiones no deben ciertamente encenderse. La paz social sólo habrá de romperse bajo las circunstancias más extremas.

Los anarcosindicalistas también valoran la paz social. De las "Influencias burguesas en el anarquismo" de Luigi Fabbri al "¡Escucha, anarquista!" de Bufe, intentan advertir a los anarquistas que se alejen de la expresión verbal violenta -irónicamente, intentando afirmar que esto no proviene de las falsas concepciones del anarquismo creadas por la prensa burguesa. Por qué piensan que la gente con coraje e inteligencia para rebelarse contra la autoridad aceptaría la palabra de la prensa burguesa, no lo sé. Como la burguesía, los anarcosindicalistas nos llaman a expresar nuestros desacuerdos racionalmente, libres de pasión, de una manera pacífica. Cualquier expresión activa, violenta, de rebelión individual es considerada irresponsable, contrarrevolucionaria y no ética por los anarcosindicalistas. Los perpetradores son etiquetados, en el mejor caso, como incautos y, más a menudo, como delincuentes comunes y terroristas. De hecho, fuera de una "situación revolucionaria", los anarcosindicalistas rechazan la mayoría de las formas de actividad ilegal como contraproducentes (pero, ¿es eso necesariamente malo?
**). Sólo el levantamiento de la clase obrera (la "autoridad apropiada" en la teoría anarcosindicalista) puede justificar la violencia -y esa violencia debe ser racional y ética para mantener los instrumentos de producción intactos y hacer una transición a la producción anarcosindicalista tan libre de fricciones como sea posible.

Los anarcosindicalistas también desean crear una sociedad racional, ética. Nos llaman a "atacar la irracionalidad... dondequiera y siempre que se presente". El problema que ven en la sociedad presente es que no es lo suficientemente racional o ética. Dado que la razón es la fuente del comportamiento ético (según su visión), debe prevalecer en todas las áreas de la vida. No nuestras pasiones o deseos, sino nuestro "egoísmo racional" debe ser nuestra guía, dicen los sindicalistas, haciéndose eco de los utilitaristas. Es tanto más racional como más ético si el productor controla los medios de producción, proclaman ellos, mientras ignoran alegremente la cuestión de si es posible para cualquiera controlar los medios de producción en una sociedad industrial.

Tanto los teóricos liberales burgueses como los anarcosindicalistas quieren una sociedad racional, ética, basada en la libertad, la igualdad y la justicia, garantizando los derechos humanos. Los dos quieren una economía que funcione sin fricciones, con altos niveles de producción que garanticen el progreso científico y tecnológico. Los dos requieren paz social y conformidad para realizar sus proyectos. Es difícil no pensar que sus proyectos son el mismo. Sólo veo dos diferencias significativas. La burguesía ve la economía como una fuerza apolítica, que puede progresar de modo eficiente y ético a través de la forma de la empresa privada. Los anarcosindicalistas reconocen la economía como una fuerza política que debe, por consiguiente, ser puesta en marcha democráticamente. Los liberales burgueses creen que la democracia representativa puede crear su ideal. Los anarcosindicalistas creen que la democracia debe ser directa -aunque nunca parecen preguntarnos si queremos gastar nuestro tiempo votando directamente para todo problema social que surja. El proyecto de los anarcosindicalistas es, en realidad, sólo una extensión del proyecto del liberalismo burgués -un intento de impulsar ese proyecto hacia su conclusión lógica.

Esto me lleva al paralelismo último entre el liberalismo burgués y el anarcosindicalismo, un paralelismo no de ideas, sino de ignorancia. Ninguno parece capaz de reconocer las realidades del sistema social bajo el que vivimos. "La actividad cotidiana de los esclavos produce esclavitud" (Fredy Perlman). Mientras hablan de libertad y democracia, el liberal burgués y el anarcosindicalista ven ambos sólo las autoridades humanas que los controlan; están ciegos a las actividades sociales en que participan, que son la verdadera fuente de su esclavitud. Así, el liberal burgués está satisfecho con librarse de sacerdotes y reyes; el anarcosindicalista añade a presidentes y patrones. Pero las fábricas permanecen intactas, las tiendas permanecen intactas (aunque los sindicalistas puedan llamarlas centros de distribución), la familia permanece intacta -el sistema social entero permanece intacto. ¿Si nuestra actividad cotidiana no ha cambiado significativamente -y los anarcosindicalistas no dan ninguna indicación de querer cambiarla más allá de agregar la carga de gestionar las fábricas a la carga de trabajar en ellas-, qué diferencia representa entonces que no haya jefes? - ¡Somos todavía esclavos!

El "cambio de nombre no exorciza a la bestia". Pero hay una razón por la que, ni el liberal burgués ni el anarcosindicalista, pueden ver la esclavitud inherente al sistema social. No ven la libertad como la capacidad del individuo único de crear su vida como elije. La ven como la capacidad del individuo de llegar a ser una parte plena y activamente integrada de una sociedad progresiva, racional. Que "la esclavitud es la libertad" no es una aberración del pensamiento estalinista o fascista; es algo inherente a todas las perspectivas que atribuyen la libertad a la sociedad en lugar de al individuo. La única manera de garantizar la "libertad" de tales sociedades es suprimir la inconformidad y la rebelión dondequiera que surjan.

Los anarcosindicalistas pueden hablar de abolir el Estado, pero ellos tendrán que reproducir cada una de sus funciones para garantizar el funcionamiento sin fricciones de su sociedad. El anarcosindicalismo no realiza una ruptura radical con la sociedad presente. Busca meramente extender los valores de esta sociedad para que nos dominen más plenamente en nuestras vidas diarias. Ninguno de los verdaderos rebeldes, los renegados, los bandidos y los salvajes espíritus libres podría aceptar una sociedad anarcosindicalista más que la sociedad actual. Tendríamos que continuar discordando, creando una ruptura radical con la sociedad, porque no queremos más control sobre nuestra esclavitud -y eso es todo lo que los anarcosindicalistas nos ofrecen-, queremos quitarnos las cadenas y vivir nuestras vidas plenamente.




* “One Big Capitalist”. Esta expresión es una parodia de la famosa consigna que habían extendido en los años 20 los Industrial Workers of the World, “One Big Union” - Un Gran Sindicato. (Nota del CICA).

** Aquí el autor parece hacer un juego de palabras entre contra-“producente” y la crítica del productivismo, al margen del sentido de que lo que puede considerarse “contraproducente” desde la perspectiva anarcosindicalista no tiene por qué serlo desde la perspectiva revolucionaria. (Nota del CICA).