20051003

Protestas violentas en China.

Lo siguiente se refiere a un hecho que acontecio en junio del 2005. Es una manifestación más de la guerra de clases, que no reconoce ninguna separación impuesta por el capital al momento de radicalizarse. En el caso de estas manifestaciones en China, se ve cómo el proletariado toma en sus manos la lucha contra el explotador, imponiendo sus necesidades por encima de cualquier motivación separada (cualquier cretino podria ver en este caso "motivaciones ecologistas" o "antilatifundistas"). El proletariado no necesita llamar a representante alguno: cuando el capital muestra sus colmillos y su intransigencia, nuestra clase no duda en responder con toda su fuerza. Ante cada herido, ante cada muerto de nuestra clase, jamás dar la otra mejilla.

- Más de 50 vehículos fueron saqueados y quemados en Dongyang, un pueblo del este de China, cuando unos 30.000 lugareños se enfrentaron a las autoridades en protesta por la contaminación que sufren.
La protesta violenta de los habitantes de Dongyang estalló cuando se enteraron de que la policía había matado a dos ancianas durante una marcha pacífica contra la contaminación ambiental.
Según el diario South China Morning Post, 200 ancian@s iniciaron, desde hace un mes, una protesta pacífica junto a una escuela de secundaria, por la tremenda contaminación que sufren procedente de más de 13 plantas químicas cercanas al pueblo.
Los agentes de policía se personaron en el lugar y “empezaron a dispersar a las mujeres. Algunas de ellas se desmayaron tras ser apaleadas con bastones eléctricos”, según declaraciones de un vecino a este mismo diario.
Según l@s vecin@s, al menos dos mujeres murieron atropelladas por la policía, lo que desató la ira de los lugareños que salieron en masa a la calle para enfrentarse a la policía, que actuó con bastones eléctricos, escudos y gases lacrimógenos.
La revuelta se saldó con 128 personas hospitalizadas, 36 con heridas de importancia.
Las fábricas contaminantes construidas en el 2001 han envenenado el aire que respiran y han hecho incomestibles las verduras que cultivan. Aunque los vecinos han pedido en varias ocasiones una solución al problema de contaminación, un funcionario declaró que las fábricas se quedarán incluso si todos l@s habitantes del pueblo mueren.
- El pasado sábado 11 de junio, a las 4.30 de la madrugada, 300 hombres armados con pistolas, tubos y palas rodearon y atacaron a cientos de campesin@s de Hebei situado a unos 200 kilómetros al sur de Pekín.
El enfrentamiento, en la que hubo 6 muert@s y 48 herid@s, fue grabado en vídeo por uno de los campesinos.
Uno de los atacantes, Zhu Xiaorui, fue tomado como rehén por los vecinos, a quienes confesó haber cobrado 100 yuanes (10 euros, 12 dólares) para 'dar una lección' a las familias, que viven en un terreno en disputa con la empresa de electricidad local.
Al parecer, el derecho al uso del terreno había sido adquirido por una empresa constructora, que debía levantar allí una fábrica de electricidad, pero los vecinos se negaban a desalojar la zona porque consideraban escasa la compensación ofrecida.
El enfrentamiento entre la constructora y los vecinos empezó hace más de un año, pero la contratista perdió la paciencia y decidió recurrir a métodos mafiosos para expulsarlos del lugar.
Según 'Outlook', revista cercana al Partido Comunista, en China se registraron oficialmente 58.000 protestas en 2003, un incremento del 15 por ciento sobre el año anterior.

20050725

APUNTE SOBRE PANNEKOEK Y BORDIGA



El siguiente apunte aparece en las páginas finales del libro “Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista” de Gilles Dauvé y François Martin. El texto ha sido tomado de la edición española del 2003 (Ediciones Espartaco Internacional).


Aunque Lenin atacó a ambos en su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, Pannekoek consideraba a Bordiga como una extraña marca de leninista, y Bordiga catalogaba a Pannekoek como una mezcla desagradable de marxismo y anarcosindicalismo. En realidad, ninguno se interesó realmente por el otro, y las izquierdas comunistas “alemana” e “italiana” se dieron casi por completo la espalda. Uno de los objetivos de este apunte es demostrar que esta actitud fue un error.
Hace apenas unos años, pocos habían oído hablar de Pannekoek (1873-1960). Sus ideas y su proceder empiezan a ser objeto de atención porque en la actualidad se están reproduciendo las condiciones de su época – pero con diferencias sustanciales que nos obligan a corregir sus puntos de vista.
Aunque Pannekoek era holandés, la mayor parte de su actividad tuvo lugar en Alemania. Fue uno de los pocos socialistas de los países desarrollados que mantuvo viva la tradición revolucionaria anterior a 1914. Pero sólo adoptó posturas radicales durante y después de la guerra. Su obra de 1920 Revolución mundial y táctica comunista es una de las mejores obras de aquella época. Pannekoek comprendió que el fracaso de la Segunda Internacional no era achacable a su estrategia, sino que la propia estrategia hundía sus raíces en la función y la forma de la Segunda Internacional. La Internacional estaba adaptada a una fase concreta del capitalismo en la que los trabajadores exigían reformas económicas y políticas. Para hacer la revolución, el proletariado tenía que crear órganos de otro tipo que permitieran superar la vieja dicotomía partido / sindicato. Pannekoek no pudo evitar un enfrentamiento con la Internacional Comunista en torno a este asunto. En primer lugar, porque los rusos nunca habían entendido del todo la naturaleza de la vieja Internacional, y eran partidarios de organizar a los obreros desde arriba, sin apercibirse del vínculo entre la “conciencia socialista” de Kautsky introducida en las masas, y la postura contrarrevolucionaria de Kautsky; en segundo lugar, porque el Estado ruso deseaba contar con partidos de masas en Europa capaces de ejercer presión sobre sus gobiernos para que llegaran a acuerdos con Rusia. Pannekoek era partidario del núcleo comunista auténtico existente en Alemania. Pronto fue derrotado dicho núcleo y aparecieron diversos grandes partidos comunistas en Occidente. La izquierda comunista quedó reducida a pequeños grupúsculos divididos en diferentes facciones.
A principios de la década de 1930, Pannekoek y otros intentaron definir el comunismo. Ya a principios de la década anterior habían denunciado el carácter capitalista de Rusia. Ahora volvían al análisis del valor realizado por Marx. Sostenían que el capitalismo es producción para la acumulación de valor, mientras que el comunismo es producción para el valor de uso, para la satisfacción de las necesidades sociales.
Pero debe existir alguna forma de planificación: sin la intervención del dinero, la sociedad tendrá que organizar un riguroso sistema de contabilidad, a fin de llevar la cuenta de la cantidad de tiempo de trabajo contenida en cada mercancía producida. Una contabilidad exacta evitará que nada se
desaproveche. Pannekoek y sus amigos tenían razón al volver al valor y sus implicaciones. Pero se equivocaron al buscar un sistema racional de contabilidad en el tiempo de trabajo. Lo que proponen, en realidad, es que impere el valor (puesto que el valor no es más que la cantidad del tiempo de trabajo social necesario para producir una mercancía) sin la intervención del dinero. Cabe añadir que Marx atacó esta idea en 1857, al principio del Grundrisse. Pero al menos las izquierdas comunistas alemana (y holandesa) pusieron el acento en el corazón de la teoría comunista.
Durante la guerra civil alemana, de 1919 a 1923, los obreros más activos habían creado nuevas formas de organización, en particular lo que ellos denominaban “uniones”1, o a veces “consejos”, aunque la mayoría de los consejos obreros existentes eran reformistas. Pannekoek desarrolló la idea de que estas formas organizativas eran importantes, incluso vitales para el movimiento, como opuestas a la forma tradicional de partido. Fue entonces cuando el comunismo consejista atacó al comunismo de partido. Pannekoek continuó desarrollando este aspecto de modo más completo hasta que, acabada la Segunda Guerra Mundial, publicó Consejos Obreros, donde expone con detalle una ideología puramente consejista. La revolución queda reducida a un proceso democrático de masas, y el socialismo a la autogestión obrera, materializada en un sistema colectivo de contabilidad del tiempo de trabajo: en otras palabras, valor sin su forma dineraria. El problema es que, lejos de ser un simple instrumento de medida, el valor es la savia del capitalismo. En cuanto a los revolucionarios, divulgar la teoría, hacer circular información y dar cuenta de lo que hacen los obreros. Pero no deben organizarse de forma permanente en un grupo político, intentar trazar una estrategia ni actuar conforme a ella, pues podrían convertirse en los nuevos líderes obreros y, más tarde, en la nueva clase dirigente.
Del análisis de Rusia como un régimen de capitalismo de Estado, Pannekoek pasó al análisis de quienes actúan, en los países capitalistas, en calidad de representantes de los obreros desde dentro del capitalismo, y antes que nadie, los sindicatos.
Pannekoek conocía las formas de resistencia directa del proletariado contra el capital, y comprendió el triunfo de la contrarrevolución. Pero no interpretó correctamente el contexto general del movimiento comunista: su fundamento (transformación del trabajador en mercancía), su lucha (acción centralizada contra el Estado y el movimiento obrero existente) y su objetivo (creación de nuevas relaciones sociales en las que desaparezca cualquier forma de economía como tal). Desempeñó un importante papel en la reformulación del movimiento revolucionario. Nuestra tarea consiste en acotar los límites de su aportación para integrarla a continuación en una nueva formulación general de la teoría subversiva.
Bordiga (1889-1970) vivió en una situación diferente. Al igual que Pannekoek, que había combatido el reformismo antes de la guerra e incluso abandonó el partido socialista holandés para crear uno nuevo, Bordiga pertenecía a la izquierda de su partido. Pero no fue tan lejos como Pannekoek. En la época de la Primera Guerra Mundial, el partido italiano tenía ínfulas radicales, y no había posibilidad alguna de que se produjera una escisión. Incluso se oponía a la guerra, si bien de una forma más bien pasiva.
Cuando se fundó el Partido Comunista Italiano en 1921, éste rompió con el ala derecha del viejo partido y también con su sector centrista, lo cual desagradó a la Internacional Comunista. Bordiga era el dirigente del partido. Se negó a participar en las elecciones, no por una cuestión de principios, sino por razones tácticas. En ocasiones se puede recurrir a la actividad parlamentaria, pero nunca cuando la burguesía la utiliza para desviar a la clase obrera de la lucha de clases. Más tarde, Bordiga escribió que no se oponía a utilizar el Parlamento como tribuna cuando tuviera ocasión. Por ejemplo, al principio del período fascista era lógico intentar utilizarlo como tribuna. Pero en 1919, en pleno proceso revolucionario, cuando la insurrección y sus preparativos estaban a la orden del día, la participación en unas elecciones suponía convalidar las mentiras y conceptos erróneos burgueses sobre la posibilidad de un cambio por vía parlamentaria. Este era un asunto importante para Bordiga, a cuyo grupo, adscrito al partido socialista, se le había llamado “la facción abstencionista”. La Internacional Comunista discrepaba de esta línea. Al considerarlo una cuestión de táctica y no de estrategia, Bordiga decidió obedecer a la I. C., ya que creía que la disciplina era necesaria en un movimiento de aquellas características. Pero mantuvo su postura.
La táctica del frente único era otra manzana de la discordia. Bordiga pensaba que el hecho mismo de invitar a los partidos socialistas a la acción común crearía confusión entre las masas, y disimularía la oposición acérrima de estos contrarrevolucionarios al comunismo. Esto contribuiría, asimismo, a que en el seno de algunos partidos comunistas que no habían roto verdaderamente con el reformismo brotaran tendencias oportunistas.
Bordiga se oponía a la consigna de gobierno obrero, que no hacía más que crear confusión en la teoría y en la práctica. En su opinión, la dictadura del proletariado era un elemento necesario del programa revolucionario. Pero, a diferencia de Pannekoek, se negó a explicar estas posiciones como una degeneración del partido y del Estado rusos. Creía que la I. C. estaba equivocada, pero la consideraba comunista, a pesar de todo.
A diferencia de la I. C., Bordiga adoptó una postura clara con respecto al fascismo. No sólo consideraba al fascismo como una forma más de dominación burguesa, como la democracia; sino que creía que no se podía elegir entre ellas. Este asunto ha sido objeto de numerosos debates. Se suele distorsionar la postura de la izquierda italiana. Los historiadores consideraban con frecuencia a Bordiga responsable de la llegada de Mussolini al poder. Incluso se le ha acusado de indiferencia ante los sufrimientos infligidos al pueblo por el fascismo. Bajo la óptica de Bordiga, desde el punto de vista de la revolución no es cierto que el fascismo sea peor que la democracia, ni que la democracia cree mejores condiciones para la lucha de clases proletaria. Aun considerando a la democracia como un mal menor, sería estúpido e inútil apoyarla para evitar el fascismo: la experiencia italiana ( y más tarde, la alemana) demostraba que la democracia no sólo se había visto impotente para frenar al fascismo, sino que había recurrido a él para salvarse. Temerosa del proletariado, la democracia engendraba el fascismo. La única alternativa al fascismo era, por tanto, la dictadura del proletariado.
La izquierda – los trotskistas, por ejemplo – esgrimió posteriormente otro argumento para apoyar la política antifascista. El capital necesita del fascismo: ya no puede ser democrático. Por consiguiente, si luchamos por la democracia, estamos luchando en realidad por el socialismo. Así justificaron muchos izquierdistas su actitud durante la Segunda Guerra Mundial. Pero así como la democracia engendra al fascismo, el fascismo engendra la democracia. La historia ha demostrado que lo que Bordiga sostuvo en el plano teórico se ha materializado en la práctica: el capitalismo sustituye a uno por el otro; la democracia y el fascismo se van sucediendo el uno al otro. Ambas formas se entremezclan desde 1945.
Desde luego, la I. C. no podía tolerar la oposición de Bordiga, y entre 1923 y 1926 perdió el control del Partido Comunista Italiano2. Aunque no estaba completamente de acuerdo con Trotsky, se puso de su lado contra Stalin. En la reunión del Comité Ejecutivo de la I. C. celebrada en 1926, Bordiga arremetió contra los dirigentes rusos: esta fue probablemente la última vez que alguien atacó públicamente a la I. C. desde dentro a tan alto nivel. De cualquier modo, en este punto es importante constatar que Bordiga no calificó a Rusia de estado capitalista ni a la I. C. de organismo degenerado. No rompió realmente con el estalinismo hasta pasados unos años.
Bordiga estuvo en prisión desde 1926 hasta 1930, y durante la década de 1930 se alejó de la acción política del exilio, extremadamente activa. Aquellos años estuvieron dominados por el antifascismo y los frentes populares, que desembocaron en los preparativos para una nueva guerra mundial. La diminuta izquierda italiana en el exilio sostenía que la guerra que se avecinaba sólo podía ser imperialista. La lucha contra el fascismo por la vía del apoyo a la democracia era vista como la preparación material e ideológica para esa nueva guerra.
Una vez comenzada la guerra, quedaba poco espacio para la actividad comunista. Las izquierdas italiana y alemana adoptaron una postura internacionalista, mientras que el trotskismo decidió apoyar a las potencias aliadas contra el Eje. Para entonces, Bordiga aún se negaba a definir a Rusia como estado capitalista, pero nunca accedió – como sí hizo Trotsky – a apoyar a nadie que fuera aliado de la Unión Soviética. Nunca abogó por la defensa del “Estado Obrero”. Hay que tener en cuenta que cuando Rusia, junto con Alemania, invadió Polonia en 1939 y llevó a cabo su partición, Trotsky afirmó que aquello era positivo ¡porque orientaría las relaciones sociales en Polonia hacia el socialismo!
En 1943 Italia cambió de bando y nació la República, lo cual abrió una oportunidad para la acción. La izquierda italiana creó un partido. Estaba convencida de que el fin de la guerra acarrearía luchas de clases de naturaleza similar a las que se habían visto al final de la Primera Guerra Mundial. ¿De verdad pensaba así Bordiga? Al parecer, comprendió que la situación era completamente diferente. La clase obrera estaba ahora totalmente sometida al capital, que había conseguido enrolarla bajo la bandera de la democracia. En cuanto a los perdedores (Alemania y Japón), serían ocupados y controlados por los vencedores. Pero Bordiga no se enfrentó realmente al sector optimista de su grupo, y se atuvo a esta línea hasta su muerte. Tendía a mantenerse apartado de la actividad (y el activismo) de su “partido”, y se mostraba mucho más interesado en la comprensión y explicación de la teoría. De este modo contribuyó a despertar y perpetuar ilusiones que él rechazaba. Su partido perdió la mayor parte de sus militantes en pocos años. A finales de la década de 1940 la militancia era tan exigua como antes de la guerra.
La mayor parte de la obra de Bordiga fue de carácter teórico. Buena parte de ella giró en torno a Rusia. Bordiga demostró que Rusia era capitalista y que su capitalismo no difería en lo sustancial del occidental. La izquierda alemana (o ultra izquierda) se equivocó en este punto. Para Bordiga, lo importante no era la burocracia, sino las leyes económicas esenciales a las que la burocracia tenía que obedecer. Estas leyes eran las mismas que las descritas en El Capital: acumulación de valor, intercambio de mercancías, tasa de ganancia decreciente, etc. Aunque es cierto que la economía rusa no adoleció de superproducción, ello se debía a su retraso. Durante la Guerra Fría, cuando muchos comunistas consejistas presentaron a los regímenes burocráticos como un nuevo y posible modelo futuro de evolución capitalista, Bordiga previó que el dólar americano penetraría en Rusia y acabaría resquebrajando los muros del Kremlin.
La ultra izquierda creía que Rusia había cambiado las leyes básicas explicadas por Marx. Cargaba las tintas sobre el control de la economía por la burocracia, a lo que oponía la consigna de la autogestión obrera. Bordiga afirmó que no era necesario un nuevo programa; la autogestión obrera era un asunto secundario; los obreros sólo podrían gestionar la economía si se abolían las relaciones de mercado. Por supuesto, este debate trascendió los límites de un simple análisis de Rusia.
Esta concepción quedó clara a finales de la década de 1950. Bordiga escribió diversos estudios sobre algunos de los textos fundamentales de Marx. En 1960 dijo que la totalidad de la obra de Marx era una descripción del comunismo. Éste es, sin duda, el comentario más profundo que se haya hecho sobre Marx. Igual que Pannekoek había regresado al análisis del valor hacia 1930, Bordiga volvió a él treinta años después. Pero lo que Bordiga formuló fue una visión global del desarrollo y dinámica del intercambio desde su origen hasta su muerte con el comunismo.
Mientras tanto, Bordiga defendía aún su teoría del movimiento revolucionario, que contenía una interpretación errónea de la dinámica interna del proletariado. Bordiga creía que los obreros se unirían primeramente en el plano económico, y modificarían la naturaleza de los sindicatos, para llegar a continuación al plano político, gracias a la intervención de la vanguardia revolucionaria. Es fácil observar en este punto la influencia de Lenin. El pequeño partido de Bordiga entró en los sindicatos (es decir, los sindicatos controlados por los Partidos Comunistas) en Francia y en Italia, pero sin resultado alguno. Aunque lo desaprobaba en mayor o menor grado, nunca adoptó públicamente una postura contraria a tan desastrosa línea de acción.
Bordiga mantuvo vivo el núcleo de la teoría comunista, pero no consiguió desprenderse de las tesis de Lenin, esto es, de las tesis de la Segunda Internacional. Inevitablemente, su acción y sus ideas tenían que ser contradictorias. Pero no es difícil entender, con la perspectiva del tiempo, todo lo que de válido tenía – y tiene – el conjunto de su obra.
Pannekoek entendió y explicó la resistencia del proletariado frente a la contrarrevolución en el plano más inmediato. Vio a los sindicatos como un monopolio de capital variable, similar a los monopolios ordinarios que concentran capital constante. Describió la revolución como la toma de control de la vida por parte de las masas, en contraposición a la concepción productivista, jerárquica y nacionalista del “socialismo” estalinista y socialdemócrata (de la que participan en gran medida el trotskismo y, ahora, el maoísmo). Pero no entendió la naturaleza del capital, ni la naturaleza de la transformación que traería consigo el comunismo. En su forma extrema, según lo explicó Pannekoek al final de su vida, el comunismo consejista deviene un sistema organizativo en el que los consejos desempeñan la misma función que la que Lenin asigna al “partido”. Pero sería un grave error identificar a Pannekoek con su peor etapa. De cualquier forma, la teoría de la autogestión obrera no se puede aceptar, especialmente ahora que el capital propone, en su búsqueda de nuevas vías de integración de los trabajadores, la participación conjunta en la gestión de la producción.
Es aquí donde radica la importancia de Bordiga: para él, toda la obra de Marx tiene como objetivo describir el comunismo. El comunismo existe potencialmente dentro del proletariado. El proletariado es la negación de esta sociedad. Al final se sublevará contra la producción de mercancías por pura supervivencia, porque la producción de mercancías significa su destrucción, incluso física. La revolución no es una cuestión de conciencia, ni una cuestión de gestión. Esta visión distingue sobremanera a Bordiga de la Segunda Internacional, de Lenin y de la Internacional Comunista oficial. Pero nunca consiguió trazar una línea entre el presente y el pasado. Ahora podemos hacerlo.

Enero de 1973


NOTAS

1 En este contexto, la palabra alemana “unión” no tiene nada que ver con los sindicatos (que son llamados Gewerkschaften en alemán). De hecho, las “uniones” combatieron a los sindicatos.
2 Cuando aún tenía la mayoría, dimitió a favor de Gramsci, contrariando las normas.

20050719

Hace 30 años, la caída de Allende:Dictadura y democracia son las dos caras de la barbarie capitalista

El siguiente articulo fue tomado de la página de la Corriente Comunista Internacional (CCI, ver vínculo a organizaciones de izquierda comunista), organización que seguramente consideraria nuestra página como "confusionista" o "parasita". Pero pese al lugar de donde fue tomado el material no podemos negar la relevancia histórica de éste para el movimiento comunista internacionalista. Se trata de panfletos contemporáneos al golpe militar dado en Chile durante 1973, los que dejan en claro cual fue la naturaleza del gobierno social demócrata de S. Allende.

El 11 de septiembre de 1973, un golpe de Estado ­dirigido por el general Pinochet derribaba en un baño de sangre el gobierno de Unidad popular de Salvador Allende en Chile. La represión que se abatió sobre la clase obrera fue terrible: miles de personas (1), en su mayoría obreros, fueron asesinadas sistemáticamente, miles fueron encarceladas y torturadas. A esa barbarie espantosa hay que añadir varias centenas de miles de despedidos del trabajo (un obrero de cada diez durante el primer año de dictadura militar).
El orden reinante en Santiago (que se instauró gracias a la CIA (2)) no fue sino el del terror capitalista en su forma más caricaturesca. Con ocasión del derrocamiento del gobierno “socialista” de Allende, toda la burguesía “democrática” ha aprovechado la ocasión para intentar una vez más desviar a la clase obrera de su propio terreno de lucha. Una vez más,la clase dominante intenta hacer creer a los obreros que el único combate en el que deben comprometerse es el de la defensa del Estado democrático contra los regímenes dictatoriales dirigidos por bestias ­sanguinarias. Ese es el sentido de algunas campañas montadas por los medios que ponen en paralelo el golpe de Estado de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 y el atentado contra las Torres gemelas en Nueva York (cf. el título del diario francés le Monde del 12/09/03: “Chile 1973: el otro 11 de septiembre”).
En ese coro unánime de todas las fuerzas ­democráticas burguesas, están en primera línealos partidos de izquierda y los tenderetes izquierdistas que participaron plenamente, junto al MIR (3) chileno en el alistamiento de la clase obrera tras la camarilla de Allende, entregándola así atada de pies y manos a las matanzas (4). Ante semejante mistificación, presentar a Allende como pionero del socialismo en Latinoamérica, les incumbe a los revolucionarios restablecer la verdad recordando las “gestas” de la democracia chilena. Pues los proletarios no deben olvidar que fue el ­“socialista” Allende quien mandó al ejército, “popular” sin duda, a reprimir las luchas obreras, permitiendo así después a la junta militar de Pinochet rematar la labor.Publicamos aquí un artículo adaptado de una hoja repartida a principios de noviembre de 1973 por World Revolution y la hoja repartida, tras el golpe de Estado, por Révolution internationale, o sea los grupos que iban a formar las secciones de la CCI en Gran Bretaña y en Francia.


Panfleto de World Revolution
(publicación de la CCI en Gran Bretaña)


En Chile como en Oriente Medio, el capitalismo ha mostrado una vez más que sus crisis se pagan con sangre de la clase obrera. Mientras la Junta asesinaba a trabajadores y a todos aquellos que se oponen a la ley del capital, la “izquierda” del mundo entero se unía en un mismo coro histérico y mentiroso. Resoluciones parlamentarias, lloriqueos de Casandra de los partidos de izquierda, furor de trotskistas gritando “Ya os lo habíamos dicho”, grandes manifestaciones, todo eso no ha sido sino lo mismo repetido machaconamente y muy bien preparado por la izquierda oficial y los izquierdistas. Su asociado chileno, el difunto gobierno de Unidad Popular de Allende fue el preparador de la matanza tras haber desarmado, material e ideológicamente, a los trabajadores chilenos durante tres años.
Considerando la coalición de Allende como la de la clase obrera, llamándola “socialista”, toda la “izquierda” lo ha hecho todo por ocultar o minimizar el papel verdadero de Allende, ayudando a perpetuar los mitos creados por el capitalismo de Estado en Chile.


La naturaleza capitalista del régimen de Allende
Toda la política de la Unión popular fue reforzar el capitalismo en Chile. Esa amplia fracción del capitalismo de Estado, apoyada en los sindicatos (que hoy son por todas partes órganos del capitalismo) y en sectores de la pequeña burguesía y de la tecnocracia estuvo repartida durante quince años en los partidos comunista y socialista. Con el nombre de Frente de trabajadores, FRAP o Unidad popular, esta fracción quería hacer competitivo el atrasado capital chileno en el mercado mundial. Esta política, apoyada en un fuerte sector estatal, era pura y simplemente capitalista. Pintar las relaciones capitalistas de producción con un barniz de nacionalizaciones bajo “control” obrero no cambia nada: las relaciones de producción capitalistas quedaron intactas bajo Allende, e incluso fueron reforzadas al máximo. En los lugares de producción de los sectores público y privado, los obreros tenían que seguir sudando para un patrón, seguir vendiendo siempre su fuerza de trabajo. Había que satisfacer el apetito insaciable de la acumulación de capital, agudizado por el subdesarrollo crónico de la economía chilena y una inmensa deuda externa, sobre todo en el sector minero (cobre) de donde el Estado chileno saca el 83 % de sus ingresos por importación.
Una vez nacionalizadas, las minas de cobre tenían que ser rentables. Sin embargo, desde el principio, la resistencia de los mineros vino a poner trabas a ese plan capitalista. En lugar de dar crédito a las consignas reaccionarias de la Unidad popular como “El trabajo voluntario es un deber revolucionario”, la clase obrera industrial de Chile, los mineros en particular, siguió luchando por el aumento de sueldos, rompiendo los ritmos con ausencias e interrupciones. Era la única manera de compensar la caída del poder adquisitivo de los años anteriores y la inflación galopante bajo el nuevo régimen que había alcanzado 300 % por año antes del golpe de Estado.
La resistencia de la clase obrera a Allende se inició en 1970. En diciembre de ese año, 4000 mineros de Chuquicamata se pusieron en huelga exigiendo aumentos de sueldo. En julio de 1971, 10 000 mineros de carbón se pu­sie­ron en huelga en la mina de Lota Schwager. Las huelgas se extendieron en la misma época por las minas de El Salvador, El Teniente, Cuchicamata, La Exótica y Río Blanco, exigiendo aumentos de sueldo.

Allende desencadena la represión contra los obreros
La respuesta de Allende fue típicamente capitalista, una de cal y otra de arena: alternativamente calumniaba y halagaba a los trabajadores. En noviembre de 1970 vino Castro a Chile para reforzar las medidas antiobreras de Allende. Castro recriminó a los mineros, tratándolos de agitadores y “demagogos”; en la mina de Chuquicamata, declaró que “cien toneladas de menos por día significa una pérdida de 36 millones de $ por año”.
El cobre es la principal fuente de divisas de Chile, pero las minas solo son el 11% del producto nacional bruto y sólo emplean al 4% de la fuerza de trabajo, o sea unos 60 000 mineros. En todo caso, la importancia numérica de ese sector de la clase obrera no tiene nada que ver con el peso que los mineros representan en la economía nacional. Poco numerosos, pero muy poderosos y conscientes de serlo, los mineros obtuvieron del Estado la escala móvil de salarios y dieron la señal de la ofensiva sobre los salarios que surgió en toda las la clase obrera chilena en 1971. Toda la prensa burguesa estaba de acuerdo en decir que “la vía chilena al socialismo” era una forma de “socialismo” que ha fracasado. Los estalinistas y los trotskistas, con sus diferencias, han estado de acuerdo con ese “socialismo”. Los trotskistas otorgaron un “apoyo crítico” al capitalismo de Allende. Los anarquistas no se han quedado atrás: “La única salida de Allende hubiera sido llamar a la clase obrera a tomar el poder para sí misma y adelantarse así al golpe de Estado inevitable” escribía Libertarian Struggle en octubre [de 1973]. Así, Allende no sólo era “marxista”, sino también una especie de Bakunin malogrado. Pero lo tragicómico del caso es imaginarse que un gobierno capitalista pueda un día ¡llamar a los obreros a destruir el capitalismo!
En mayo-junio de 1972, los mineros volvieron a movilizarse: 20 000 se pusieron en huelga en las minas de El Teniente y Chuquicamata. Los mineros de El Teniente reivindicaron una subida de salarios de 40 %. Allende puso las provincias de O’Higgins y de Santiago bajo control militar, pues la parálisis de El Teniente “estaba amenazando seriamente la economía”. Los ejecutivos “marxistas” de la Unión popular expulsaron a los trabajadores y en su lugar pusieron a esquiroles. Quinientos carabineros atacaron a los obreros con gases lacrimógenos e hidrocañones. Cuatro mil mineros hicieron una marcha a Santiago para manifestarse el 11 de junio, la policía se les echó encima sin contemplaciones. El gobierno trató a los mineros de “agentes del fascismo”. El PC organizó desfiles en Santiago contra los mineros, llamando al gobierno a dar prueba de firmeza. El MIR, “oposición leal” extraparlamentaria a Allende, criticó el uso de la fuerza y tomó partido por la “persuasión”. Allende nombró un nuevo ministro de Minas en agosto de 1973: al general Ronaldo González, director de munición del Ejército.
El mismo mes, Allende alertó a las unidades armadas en las 25 provincias del país. Era una medida contra la huelga de los camioneros, pero también contra algunos sectores obreros que estaban en huelga, en obras públicas y en transportes urbanos. Durante los últimos meses del régimen de Allende, la política cotidiana fueron los ataques generalizados y los asesinatos contra los trabajadores y los habitantes de las chabolas por parte de la policía, el ejército y los fascistas.
A partir de ese momento, el caballo de Troya del capitalismo, o sea la Unidad popular, intentó reforzar su electorado en toda clase de “comités populares” jerarquizados, como los 20 000 que existían en 1970, en esas “juntas de abastecimiento y de precios” (JAP) y finalmente en los cordones industriales tan ensalzados que los anarquistas y trotskistas presentaban como “soviets” o comités de fábrica. Es cierto que los cordones eran en su gran mayoría la obra espontánea de los trabajadores, al igual que muchas ocupaciones de fábricas, pero acabaron siendo recuperados por el aparato político de la Unidad popular. Como un periódico trotskista debía admitirlo: “en septiembre de 1973 surgieron esos cordones en todas las barriadas industriales de Santiago y los partidos políticos de izquierda animaban a su instauración por todo el país” (Red Weekly, 5 de octubre de 1973).
Los cordones no estaban armados y no tenían ninguna independencia respecto a las redes sindicales de la Unidad Popular, de los comités locales de la policía secreta, etc. Su independencia sólo habría podido afirmarse si los trabajadores hubieran empezado a organizarse separadamente y contra el aparato de Allende. Eso habría significado abrir una lucha de clases contra la Unidad popular, contra el ejército y el resto de la burguesía.
En diciembre de 1971, Allende ya había dejado hacer a Pinochet, uno de los nuevos dictadores de Chile. En octubre de 1972, el ejército (el querido “ejército popular” de Allende) fue llamado a participar en el gobierno. Allende reconocía así la incapacidad de la coalición gubernamental para dominar a la clase obrera. Lo había intentado y había fracasado. El ejército debía seguir con la labor sin adornos parlamentarios. Peor todavía, la Unidad popular había permitido el desarme de los trabajadores ideológicamente: esto facilitó la tarea de los asesinos del 11 de septiembre [de 1973].

La izquierda y la extrema izquierda engañan a los obreros
En realidad, Allende alcanzó el poder en 1970 para salvar la democracia burguesa en un Chile en crisis. Tras haber reforzado el sector estatal para rentabilizar la economía chilena en crisis, tras haber embaucado a una gran parte de la clase obrera con una fraseología “socialista” (lo cual era imposible a los demás partidos burgueses) su función había terminado. La conclusión lógica de esta evolución, o sea un capitalismo totalmente controlado por el Estado, no era posible en Chile, pues seguía perteneciendo a la esfera de influencia del imperialismo estadounidense y debía comerciar en un mercado mundial hostil dominado por ese imperialismo. La “izquierda” y todos los liberales, humanistas, charlatanes y tecnócratas prorrumpieron en lamentos por la caída de Allende. Aplaudieron la mentira del “socialismo” de Allende para embaucar a la clase obrera. Ya en septiembre de 1973, en Helsinki, los socialdemócratas de todo color, representantes de 50 naciones, se reunieron para “derrocar” a la junta chilena. Volvieron a sacar a relucir las carcomidas consignas del antifascismo para desviar de la lucha de clases, para ocultar a los proletarios que no tienen nada que ganar luchando y muriendo por una causa burguesa o “democrática”.
En Francia, Mitterrand y el “Programa común de la izquierda”, todos los curas progresistas y demás ralea burguesa se han puesto a entonar la copla antifascista. Con el pretexto del “antifascismo” y de apoyo a la Unidad Popular, los diferentes sectores de la clase dirigente intentarán movilizar a los trabajadores para sus remiendos parlamentarios.
Frente a esta nueva “brigada internacional” de la burguesía, la clase obrera no puede sino mostrar desprecio y hostilidad.
Las fracciones de la “extrema izquierda” del capitalismo de Estado han tocado en este concierto la misma flauta que el MIR en el de Allende. Pero, sutiles como ellos son, su apoyo era “crítico”. Sin embargo, la cuestión no es “parlamento contra lucha armada”, sino capitalismo contra comunismo, antagonismo entre la burguesía del mundo entero y trabajadores del mundo entero.
Los proletarios sólo tienen un programa: abolición de fronteras, abolición del Estado y del parlamento, eliminación del trabajo asalariado y de la producción mercantil por los productores mismos, liberación de la humanidad entera mediante la victoria de los consejos obreros revolucionarios. Otro programa solo será el de la barbarie y la engañifa de la “vía chilena al socialismo”.

Panfleto de Révolution internationale
(publicación de la CCI en Francia)

¡Abajo la “vía chilena” a la masacre!
La chusma militar está asesinando a los obreros de Chile a cientos. Casa por casa, fábrica por fábrica, persiguen a los proletarios, los detienen, los torturan, los humillan, los matan. Reina el orden. El orden del capital, o sea, la BARBARIE.
Lo más horrible, lo más desesperante todavía, es que los trabajadores están acorralados, quieran o no quieran entrar en un combate en el que ya están derrotados de antemano, sin ninguna perspectiva, sin que en ningún momento puedan tener la convicción de arriesgar su vida por sus propios intereses.
La “izquierda” toca a rebato ante la matanza. ¡Pero si ha sido el gobierno de Unidad Popular el que ha llamado al poder a esa horda armada! Lo que la “izquierda” se calla cuidadosamente es que hace diez días, todavía gobernaba con esos mismos asesinos a los que ella calificaba de “Ejército Popular”. A esos criminales, a esos torturadores los saludaba abrazándolos en el mismo momento en que YA habían empezado a detener a obreros, a entrar en las fábricas.
Algo debe quedar claro. Desde hace tres años de gobierno de izquierdas, NUNCA han cesado los obreros de ser engañados, explotados, reprimidos. Ha sido la “izquierda” la que ha organizado la explotación. Ha sido ella la que ha reprimido a los mineros en huelga, a los obreros agrícolas, a los hambrientos de los barrios pobres. Fue ella la que denunció a los trabajadores en lucha tildándolos de “provocadores”, fue ella la que llamó a los militares al gobierno.
La Unidad Popular no ha sido nunca otra cosa que una manera particular de mantener el orden engañando a los trabajadores. Frente a la crisis que se profundiza a escala mundial, el capital chileno, en gran dificultad, antes de superarla, tenía primero, que someter al proletariado, reducir su capacidad de resistencia. Para ello, tenía que actuar en dos tiempos. Primero embaucarlo. Una vez cumplido el engaño, han alistado a los trabajadores tras las banderas burguesas de la “democracia”, o sea con los pies y las manos atadas ante el paredón.
La izquierda y la derecha de Chile, como en otras partes, no son sino las dos vertientes de la misma política del capital: aplastar a la clase obrera.

Utilizan los cadáveres de los obreros de Chile para embaucar a los de Francia
La izquierda y los izquierdistas no se contentan con llevar a los obreros a la escabechina. Además, aquí en Francia, tienen la desvergüenza de usar los cadáveres de los proletarios chilenos para organizar una engañifa a gran escala: ni esperan a que seque la sangre para llamar a los obreros a manifestarse, a cesar el trabajo para defender la “democracia” contra los militares. Así, Marchais, Mitterrand, Krivine y compañía se preparan a hacer el mismo papel que Allende, el PC y el MIR izquierdista en Chile. Pues en Francia, como en todas partes, con la profundización de la crisis, se les planteará el problema de doblegar al proletariado.
Al organizar la engañifa “democrática” sobre Chile, la izquierda se está preparando ya a llevar a cabo la operación de alistar a los obreros tras los estandartes de las “nacionalizaciones”, “la república” y otras zarandajas, para dejarlos clavados en un terreno que no es el suyo y dejarlos listos para el aplastamiento. Y al negarse a denunciar a la izquierda por lo que ésta es, los izquierdistas se ponen, también ellos, en el campo del capital.

La lección
En Chile, la crisis ha golpeado antes y más rápidamente que en otros sitios. Y antes de que el proletariado haya entablado su propio combate, las fuerza de izquierda, ese caballo de Troya de la burguesía en medio de los trabajadores, se las han arreglado para amordazarlo e impedirle aparecer como fuerza independiente en su propio terreno, con su programa, que no es el de ninguna reforma “democrática” o estatal del capital, sino la revolución social.
Todos aquellos que, como los trotskistas, han aportado el menor apoyo a esa esterilización de la clase obrera, apoyando, aunque fuera haciendo ascos y de manera “crítica”, a esas fuerzas, también tienen su responsabilidad en la masacre. Esos mismos trotskistas en Francia dan la prueba de que están del mismo lado de la barricada que la fracción de izquierdas del capital, pues se dedican a polemizar con ésta sobre los medios “tácticos” y militares para llegar al poder y reprochan a Allende el no haber alistado mejor a los obreros.
Desde Francia en 1936 hasta Chile hoy, pasando por la guerra de España, por Bolivia o Argentina, es la misma lección de siempre la que hay que sacar.
El proletariado no puede establecer ninguna alianza, formar ningún frente con las fuerzas del capital, por mucho que se pongan los adornos de la “libertad” o del socialismo. Cualquier fuerza que contribuya, por muy débilmente que sea, a vincular a los obreros a una cualquiera de las fracciones de la clase capitalista, está del lado de ésta. Cualquier fuerza que mantenga la menor ilusión sobre la izquierda del capital es un eslabón de una única cadena que lleva inevitablemente a la matanza de obreros.
Una sola unidad: la de todos los proletarios del mundo. Una sola línea de conducta: la autonomía total de las fuerzas obreras. Una sola bandera: la destrucción del Estado burgués y la extensión internacional de la revolución. Un solo programa: la abolición de la esclavitud asalariada.
Aquellos que tengan tendencia a dejarse embaucar por las bellas palabras, por los discursos vacuos sobre la “república”, las coplas empalagosas sobre la “Unidad Popular” lo mejor que pueden hacer es mirar bien el cuadro de horrores que es hoy Chile.
Con la profundización de la crisis sólo hay una alternativa: o reanudación revolucionaria o aplastamiento del proletariado.

NOTAS

1) Las cifras oficiales son de 3000 muertos pero las asociaciones de ayuda a las víctimas hablan de más de 10 000 muertos y desparecidos.
2) Debe decirse que Estados Unidos no fue el único país en dar apoyo a las bestias uniformadas de Sudamérica. Así, la junta que tomó el poder en Argentina algún tiempo después y que mató a 30 000 personas, cooperó activamente con la de Chile en el marco de la “operación Cóndor” para asesinar a oponentes, operación que tuvo el apoyo “técnico” de expertos militares franceses que les enseñaron una maestría adquirida durante la Guerra de Argelia en las artes y ciencias de la tortura y otros conocimientos para la lucha contra la “subversión”.
3) MIR: Movimiento de la izquierda revolucionaria.4) Ver Révolution internationale nouvelle-série nº 5, 1973,

20050718

CRITICA DE LA CRITICA PUBLICADA EN ECHANGES SOBRE EL LIBRO "DOCUMENTACION HISTORICA DEL TROSQUISMO ESPAÑOL 1936-1948".


A continuación publicamos la respuesta del director de BALANCE (España, http://es.geocities.com/hbalance2000/) a la crítica realizada por el periodico francés echanges (buscar en nuestro vínculo de organizaciones de izquierda comunista) al libro de documentación histórica sobre el devenir del trosquismo en España (lo que nos parece más correcto que decir "español"). Creemos que el interes de esta crítica de una crítica radica en la claridad con que se pone en su lugar al dogmatismo ideológico de izquierdas, oponiendolo al dinamismo del devenir material de la lucha revolucionaria, que se agita tanto como el fuego de la revuelta, que rompe con los ismos que transforman a la teoria revolucionaria en catecismo y religión.
Para cerrar esta breve presentación, recomendamos buscar información sobre la figura de Munis, miltante asociado al troskismo a la vez que protagonista de las rupturas que conocerá el movimiento comunista en vias de su afirmación anti burguesa (vea: http://www.mmoya.com/politica/titulos/rusia/index.html).

Para realizar la crítica de un libro es necesario cumplir estos tres puntos: 1: leer el libro, 2.- comprenderlo, 3.- criticar el libro (y no otra cosa). ESTOS REQUISITOS MINIMOS QUE PARECEN OBVIOS NO SE CUMPLEN EN LA CRITICA DE JPV, publicada en Echanges nº 85.
JPV está muy preocupado por las etiquetas y sería un empleado muy productivo en una fábrica de conservas, pero todos sus esquemas le saltan por los aires ante un libro como "Doc. Hist." que trata de trosquistas que dejaron de serlo porque su evolución personal y política les llevó a romper con la ideología del trosquismo oficial de la IV Internacional, y a fundar unos años después un nuevo grupo político: Fomento Obrero Revolucionario (FOR).
La lectura de "Doc. hist." es para JPV sólo una excusa para realizar una crítica ramplona del trosquismo, que además no viene a cuento. NOS ENCONTRAMOS ANTE EL ABSURDO DE UN LIBRO QUE RECOGE DOCUMENTOS QUE CRITICAN EL TROSQUISMO CON UNA GRAN RIGOR Y PROFUNDIDAD que es criticado por JPV como un libro que defiende las peores lacras de la ideología trosquista. Es incomprensible, y no encuentra más explicación que la rápida, tosca y muy desatenta lectura de JPV, que no se ha tomado la molestia de leer, por ejemplo, "El manifiesto de los exégetas" de Péret, o bien, "Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial" de "Munis". Estos textos, entre otros, reproducidos en "Doc. hist.", son una crítica demoledora del trosquismo. ¿A qué viene pues la crítica del trosquismo realizada por JPV, si en el libro que critica YA se hace, y mejor, esa crítica?: no nos queda sino concluir que JPV ni ha leido todo el libro, ni lo ha comprendido, ni lo critica por lo que en él se dice. Por otra parte no puede descalificarse el trosquismo sin más razones que el sectarismo ahistórico de JPV. Entre la descalificación sectaria de JPV y el debate teórico y político de "Munis" con la Cuarta Internacional existe un abismo: la distancia que separa la sinrazón de la dialéctica, la diferencia que existe entre el método de análisis de la taxidermia y el del marxismo.

Pero JPV dice aún más cosas. Cosas que ya no afectan al libro en sí, sino que parecen el informe de un confidente a sueldo de la policía. Relaciona Balance con Alarma y con El Esclavo Asalariado. No sé qué pedestres razones llevan a JPV a situar en el mismo plano UNA REVISTA DE HISTORIA como Balance, con revistas de carácter teórico y político. Ignoro que relación puede darse entre Alarma, que hace unos ocho años que no se publica, y Balance, cuyo primer número salió hace cinco años; pero eso para JPV son detalles sin importancia: SE TRATA DE ACUMULAR UN DISPARATE TRAS OTRO. Debo decir que tampoco existe ninguna relación entre Balance y El Esclavo Asalariado. En el libro "Doc. hist." se da a título informativo un apartado al que pueden pedirse textos de "Munis", que no se encuentran en librerías. Del mismo modo que se da el apartado de Cahiers Leon Trotsky, por los interesantes artículos sobre el trosquismo en España que ha publicado; del mismo modo que se da el de la revista Quaderni del Centro Studi Pietro Tresso, por los números publicados sobre Virginia Gervasini y "Fosco", militantes del Grupo BL "Le Soviet", o del mismo modo que se da la sigla bibliográfica del Archivo Nacional de Madrid sobre el proceso de la República contra "Munis" y la Sección BL de España (SBLE).
Pero el etiquetador conduce su sectarismo por los caminos del absurdo hasta alcanzar cimas insuperables. JPV dice que Balance es una revista bordiguista, y algunas líneas después afirma que es una revista en competencia con Alarma y El Esclavo Asalariado, con las que comparte la ideología de FOR y "Munis". En qué quedamos: ¿BALANCE ES UNA REVISTA BORDIGUISTA O UNA REVISTA PRO FOR?. ¿O es que JPV confunde GROSERAMENTE las posiciones bordiguistas y las de FOR? No estoy muy seguro que diferencie a FOR del trosquismo. JPV no comprende nada de nada desde su óptica de etiquetador, y como le sobran etiquetas opta por colocarlas una encima de otra: en el mismo pote de conservas mete la etiqueta de melocotón en almíbar y la de salsa de tomate. Pero se equivoca: Balance es una revista de historia del movimiento obrero internacional y revolucionario, y ha publicado estudios sobre Los Amigos de Durruti, la intervención de los bordiguistas en la guerra civil española, una cronología de Bordiga y textos de diversos militantes del POUM, de "Munis" y de "Fosco". No es una revista bordiguista, ni munista, ni durrutista, aunque está interesada en estudiar y dar a conocer el pensamiento de Bordiga, de "Munis", de la Agrupación de Los Amigos de Durruti (Jaime Balius), de militantes del POUM críticos con la actuación de su partido durante la guerra civil, de consejistas como Gorter, Pannekoek, Mattick, etc... Balance no es una revista sectaria, y por ello no pone ni se pone etiquetas. Balance se interesa por todas las fracciones del movimiento obrero revolucionario, y sobre todo por la EVOLUCION DE LA ACCION Y EL PENSAMIENTO POLITICO DE AQUELLAS MINORIAS QUE, PARTIENDO DE IDEOLOGIAS CONSOLIDADAS Y/O ESCLEROTIZADAS, REALIZAN UNA LABOR CRITICA Y CONQUISTAN NUEVAS POSICIONES TEORICAS Y POLITICAS MAS FIRMES Y ADECUADAS A LA REALIDAD SOCIAL E HISTORICA. Un ejemplo de esto lo tenemos en Los Amigos de Durruti y en la evolución política de Munis-Péret-Natalia Sedova. La evolución, el cambio, la conquista de nuevas posiciones teóricas y políticas, la crítica de ideologías consolidadas y esclerotizadas... todo esto, felizmente, no tiene nada que ver con la visión de quien sólo busca colocar etiquetas, clasificar, coleccionar mariposas muertas firmemente clavadas con agujas en una cajita... Dejo a JPV la labor del taxidermista, a mí no me interesa.
JPV apunta la cuestión del partido y de su necesidad en la Revolución Española de 1936, aunque de una forma extremadamente sectaria. Yerra cuando opone la divisa "la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los propios trabajadores" a la necesidad del partido. Yerra de nuevo cuando atribuye sólo a los trosquistas la importancia concedida a la vanguardia en la dirección de un movimiento revolucionario, porque es una característica de todos los marxistas (excepto los consejistas). Y si hubiera leido "Doc. hist." sabría que lo fue también de los anarquistas que fundaron la Agrupación de Los Amigos de Durruti [véase "La Agrupación de Los Amigos de Durruti" Balance núm. 3, del que existe traducción al inglés]. El problema es demasiado complejo e importante para resolverlo de forma tan sectaria, zafia y deficiente como lo hace JPV.
Si JPV hubiese leido el libro sabría que no existe nadie llamado Georges Munis, como cita en su artículo. Sabría que "G. MUNIS" (nunca Georges Munis) fue el seudónimo de Manuel Fernández-Grandizo Martínez. Y se habría enterado de muchas cosas más. Pero dejemos a JPV con su método taxidermista y con su ignorancia supina, porque al lector de Echanges puede interesarle más saber qué es y qué temas son tratados en "Doc. hist.". El libro es ante todo una selección de documentos históricos del trosquismo español desde 1936 hasta 1948, expuestos en orden cronológico, y tiene por objetivo poner al alcance del lector una documentación inédita o desconocida, cuya localización dispersa en archivos y bibliotecas de todo el mundo la convierten en inasequible. La selección efectuada permite un conocimiento bastante exahustivo de las posiciones políticas de los bolcheviques-leninistas españoles durante la guerra civil y los años cuarenta, esto es, durante el período en que éstos militaron en el movimiento trosquista hasta su ruptura con la mayoría del trosquismo oficial en el Segundo Congreso de la Cuarta Internacional, reunido en París en abril de 1948.
Los documentos seleccionados son de un gran interés para la historia del pensamiento político, porque descubren la existencia de un pensamiento marxista español de una gran originalidad, que hasta hoy es casi totalmente desconocido. Y cuando hablamos de pensamiento marxista ESPAÑOL, nos referimos no tanto a la nacionalidad de su principales teóricos (el mexicano Munis y el francés Benjamín Péret) y militantes, cuanto al constante análisis, defensa, reflexión y teorización de la experiencia revolucionaria del proletariado ESPAÑOL durante la guerra civil de 1936-1939.
Por lo tanto podemos afirmar que "Doc. hist." es un libro sobre "trosquistas" que dejaron de serlo porque rompieron con el trosquismo oficial; y sin duda sobre trosquistas "españoles", que merecían tal apelativo porque fundamentaban su pensamiento en la crítica y teorización de la Revolución Española, y su acción en el regreso a España para luchar contra la dictadura franquista y por la revolución socialista.
La documentación recogida trata, entre otros, los siguientes temas: 1.- La ausencia de un partido revolucionario y la naturaleza del proceso revolucionario iniciado el 19 de Julio de 1936. 2.- La represión y tortura a que fueron sometidos los trosquistas por el estalinismo, en el proceso de tipo moscovita incoado por la República de Negrín contra la SBLE.
3.- El carácter contrarrevolucionario (no reformista, sino reaccionario) del estalinismo, tanto a nivel nacional como internacional, consecuente con la defensa del modelo económico y social del capitalismo de Estado ruso. 4.- La evolución teórica y programática de la Cuarta Internacional después (e incluso antes) de la muerte de Trotsky. Evolución que, según Munis, equivalía a la conversión del trosquismo oficial de la Cuarta Internacional en un apéndice izquierdista del estalinismo, y planteaba por lo tanto la necesidad de una ruptura política y organizativa. 5.- El laborioso proceso de elaboración de posiciones críticas rigurosas respecto al trosquismo, dirigido por Munis, Benjamín Péret y Natalia Sedova (la viuda de Trotsky). Proceso fundamentado en: a) la teorización de la Revolución Española; b) la crítica de la economía y la sociedad instaurada en Rusia y la comprensión de la naturaleza del estalinismo; c) la ruptura con el trosquismo oficial, en particular sobre la política trosquista de defensa incondicional del "Estado obrero degenerado" ruso, y sobre todo respecto a las posiciones oportunistas adoptadas por algunas secciones nacionales de la Cuarta Internacional durante la segunda guerra mundial.
Los documentos recogidos en el libro "Doc. hist." no son ni pueden sustituir un estudio riguroso de la historia del trosquismo español desde 1936 hasta 1948; estudio para el que serían además necesarios otros instrumentos suplementarios, como por ejemplo una edición de las Obras Completas de Munis, en las que estamos trabajando, y en las que hay ya un editor interesado.
El pensamiento político de "Munis", militante siempre fiel al combate de su clase, evolucionó y se desarrolló desde su ruptura con la IV Internacional en 1948 [y no recogida por lo tanto en el libro "DOC. HIST."], con el concurso de otros militantes como Benjamín Péret, y fue ante todo la ideología de una organización política (FOR). Y es un punto de referencia insustituible para el marxismo revolucionario, por sus críticas rigurosas y originales: sus análisis sobre el sindicalismo y el estalinismo, realizados siempre a contracorriente, son extraordinariamente interesantes y lúcidos.
En la pág. 172 de "Doc. Hist." tenemos un ejemplo de esa extrordinaria lucidez de "Munis", cuando en un artículo, fechado el 5 de febrero de 1938, hace el análisis de la integración de las organizaciones obreras (CNT, POUM) en el aparato de Estado capitalista, para que sirvan ellas mismas de elemento represivo, así como de la necesidad histórica y política de esa integración en ausencia de una burguesía propiamente dicha en la España republicana. Hubiéramos preferido que la crítica de Echanges fuera de un nivel suficientemente elevado como para destacar la importancia de esta tesis de "Munis" (y de otras muchas más que sería prolífico detallar aquí) y las razones de su aparición tan temprana (1938); y no tener que rebajar el nivel del debate al de las etiquetas y las pesquisas policíacas. Hubiéramos preferido que Echanges destacara, por ejemplo, la desmitificación que se hace de Julián Grimau, mártir estalinista fusilado por los franquistas, que en 1938 encarceló, torturó, obtuvo confesiones y fabricó pruebas falsas en el juicio "de tipo moscovita" que la República estalinista de Negrín montó contra los militantes de la SBLE "Munis", Jaime Fernádez, "Adolfo Carlini" y otros. Pero Echanges pierde esa ocasión, y publica un bodrio de alguien que pontifica imprudentemente sobre el cielo y la tierra, sin haber leido el libro ni conocer la realidad barcelonesa de hoy, y que no hubiera merecido respuesta alguna si no se hubiera publicado en vuestra revista.
Es ridículo criticar como trosquistas a quienes han roto en 1948 con el trosquismo tras un largo y riguroso debate de posiciones políticas. Ni "Munis", ni Péret, ni Natalia, fueron trosquistas desde 1944-1948. FOR, fundado en 1958, no fue nunca trosquista. El libro "Doc. hist." constituye, en el triste y paupérrimo panorama de publicaciones españolas sobre el movimiento obrero, una notable excepción y un considerable esfuerzo, que no merece la sectaria y absurda crítica aparecida en el número 85 de Echanges. Les adjunto la reseña de "Doc. Hist." publicada por Etcétera, que puede servirles de ayuda para valorar adecuadamente el libro SI SE LEE Y COMPRENDE en su totalidad.

Agustín Guillamón. Secretario del "Comité de documentación histórica del trosquismo español 1936-1948". Director de Balance.
Apartado de correos 22.010 - 08080 Barcelona.
Barcelona, a 28 de enero de 1998.
*
Nota: Echanges no publicó ni respondió nunca a esta carta.


20050618

Algunas consideraciones sobre los hechos que sacuden actualmente a Irak

"Nuestro enemigo está en nuestro propio país. Es nuestra propia burguesía."
Karl Liebknecht, 1915

Desde hace dos años, los análisis sobre lo que sucede en Irak abundan. Se ha dicho, escrito, discutido y publicado absolutamente de todo. Miles de páginas nos han explicado las contradicciones que se viven en el seno del gobierno estadounidense: entre la pareja Chirac-Schröder y su amante Bush, la competencia entre la sociedad petrolera Halliburton y la francesa Total-Elf-Fina, el imperio estadounidense y sus intereses estratégicos, el enfrentamiento entre EEUU y China, el dólar contra el euro, el gas, el petróleo, la jugosa operación de reconstrucción en Irak, la venta de armas de guerra, etc. Pero deberíamos añadir que esta sobredosis de palabras, toda esta propaganda, no refleja más que el terrible atolladero en el cual se encuentra hoy el proletariado (y sus vanguardias) atrapado en los marismas del análisis burgués. Lo esencial nos ha sido escondido, ocultado, enmascarado, travestido: el enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía queda encubierto. Se ha consolidado así el discurso dominante, cuya ideología es el anuncio del fin de la historia (de las luchas de clases) y la perpetuación de un capitalismo que los burgueses quisieran ver eterno, únicamente perturbado por los enfrentamientos que se libran entre sí las diversas fracciones propietarias de los medios de producción.
Nuestro punto de partida es radicalmente distinto. Como comunistas, nosotros no analizamos los acontecimientos simplemente para observarlos, sino para transformar la realidad, cambiarla totalmente y poner FIN a esta sociedad de miseria, de guerra y de hambre. Perder el tiempo en describir las angustias de esta sociedad antropófaga, es complacerse en un papel eminentemente pasivo y transformarse en un ayudante de laboratorio practicando la biología del capital, más que participando en su necrología, en su entierro, en su fin brutal. Partir del punto de vista, que nos parece más evidente y esencial, del análisis de la destrucción de aquello que a diario nos consume como proletarios, implica situarse abiertamente en el corazón de los acontecimientos que se desarrollan en Irak como parte activa de esos hechos, como fuerza agitadora, como vanguardia. Afirmamos esto a pesar de que hoy esta palabra asuste y sea en general entendida en su versión leninoide.
Hace casi tres años las tropas anglo-americanas invadían Afganistán en nombre de la "lucha contra el terrorismo", luego le tocó el turno a Irak. Pero en todo este tiempo, no hemos encontrado, en ninguna parte, palabras explicativas sobre la cuestión central: ¿Adónde se sitúa el proletariado en todo este burdel? ¿Qué es lo que hace? ¿Cuáles son las alternativas que enfrenta en su intento por autonomizarse y destruir a todas las fuerzas burguesas? Sobre esto deberían discutir hoy los escasos núcleos proletarios que, en el ambiente nauseabundo de paz social que nos oprime, intentan mantener en alto la bandera de la revolución social. Pero la mayoría de ellos quedan atrapados en la problemática si tal o cual la contradicción interburguesa es o no fundamental. Y al afirmar esto, no hemos considerado todavía lo peor: la incapacidad de un gran número de proletarios de percibir en estos acontecimientos la lucha de nuestros hermanos de clase. La más miserable indiferencia con respecto a esta nueva masacre de proletarios se une el eurocentrismo y su correspondiente racismo. ¿Cuántas discusiones se pierden en el análisis sociologizante reduciéndose a saber si en Irak existe o no algo a lo que pueda llamarse proletariado? Con esto se olvida apresuradamente la unicidad del modo de producción capitalista, su carácter mundial desde hace más de cinco siglos, análisis que hemos expuesto en varios artículos de esta misma revista, y que dejan caducas las elucubraciones acerca de que en Afganistán, Estados Unidos busca desarrollar un modo de producción capitalista y que ello sería la causa de la invasión. Como también quedan caducas las ideologías que sostienen que en toda esa región el proletariado no existiría y que en ella solo existirían una serie de tribus y modos de producción particulares como el feudalismo. Argumentos escuchados tantas veces y que impiden una verdadera discusión sobre las necesidades reales de nuestra clase y las respuestas a aportar, pues lamentablemente se encandilan con los modos de producción inmediatos -a menudo herederos de antiguas estructurras precapitalistas (que han mantenido ciertas formas antiguas), sin percibir hasta que punto aquellos se encuentran subsumidos en el modo de producción capitalista. Olvidar que el capitalismo es el único modo de producción que en la historia de los hombres ha logrado someter a todos los otros modos de producción, es caer en las ideologías socialdemócratas que socavan, hoy como ayer, el campo del proletariado y lo sumergen a menudo en falsas respuestas. Un ejemplo de ello es el sostén a las luchas de liberación nacional, una de las formas más vulgares e imbéciles de antiyanquismo. Descubrir en 2004 que el capitalismo es mundial –caso de Attac, El Mundo Diplomático o José Bové- es reírse en la cara de nuestra clase, de su historia y de las rupturas que ha operado con el mundo del capital. Ya en 1867, Marx escribía en el capítulo IV del primer tomo del Capital (insistimos, 1867): "La circulación de mercancías es el punto de arranque del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales". Sin comentarios.
Compañeros, salgamos de esa ciénaga ideológica del análisis burgués para tomar verdaderamente el camino de la revolución social y plantearnos los problemas que nuestra clase necesita resolver. Bajemos de los balcones ideológicos del falso saber para retomar nuestro lugar en el seno de las luchas de clase y tomar los eventos que se desarrollan en Irak sin los lentes deformantes con los que esta sociedad en descomposición quisiera que los viéramos. Para hacer caminar la historia sobre sus propios pies, proponemos hacer una rápida aproximación a lo que ha ocurrido en esa región del Medio Oriente, tan rica en luchas.
oOoPese a toda la propaganda efectuada para hundirnos en el olvido debemos remarcar que, desde hace décadas, el Medio Oriente y el Oriente Próximo constituyen un verdadero polvorín social. Uno de los criterios principales de intervención, de todas las burguesías en esta área geográfica, ha sido el permanente intento de estabilización. Sin ir más lejos, podemos definir un ciclo de lucha que se inicia en la década de los setenta y cuyo punto álgido fue el año 1979, momento de un levantamiento proletario generalizado en Irán. De un golpe era barrido el cuarto ejército mundial, el ejército del Sha y sus terroríficos servicios secretos. Un levantamiento que la burguesía local tuvo dificultades en contener, pese a haber recurrido durante varios meses a diferentes pretendientes al trono. Finalmente debió hacer un llamado a una de la fracciones más radicales de la socialdemocracia, adornada con los colores locales del turbante de los ayatolás, único medio que permitió quebrar el potente movimiento de lucha. La guerra lanzada por Irak y sostenida por todas las fracciones burguesas del planeta (de la URSS a Francia, pasando por los EEUU e incluso Israel) ha venido a rematar este trabajo, sosteniendo a los ayatolás en su innoble obra contrarrevolucionaria, alistando a los proletarios en la defensa de la patria, del islamismo, del panarabismo. He aquí, de manera muy sucinta, como los burgueses del mundo están unidos, como todas sus fracciones se unifican para hacer frente a una sola pesadilla que no ha cesado nunca de aterrorizarlos: la revolución social, el derrumbe de su sistema de muerte.

Es en este tipo de acontecimientos, como en las insurrecciones parisinas de 1871 o en la Rusia de 1917, cuando podemos constatar la materialización de un verdadero estado mundial del capital, en base al proceso de reagrupamiento de todas las fracciones de la burguesía en pos de la defensa general del sistema, de su reproducción sobre bases cada vez más amplias, concentrándose siempre en un punto de gravedad en torno a las estructuras estáticas preexistentes. Cuando la revolución social golpea con toda su fuerza la puerta de la historia, todas las fracciones explotadoras olvidan (por un tiempo, evidentemente) sus intereses inmediatos y se posicionan tras la fracción más capacitada para defender los intereses del capitalismo contra los asaltos del proletariado. El estado mundial es, efectivamente, ese proceso, ese movimiento de reafirmación permanente del monopolio de la violencia de clase, de lucha interfracciones y unificación generalizada frente al enemigo histórico. En cada fase afirmativa, el estado mundial se define con más fuerza, expresando cada vez en forma más explícita la organización del capital como potencia dominante exclusiva, como fuerza de explotación que, para asegurar el orden social mundial, requiere de niveles cada vez más delirantes de monopolización de la violencia en manos de la burguesía y en particular de su fracción más potente. En tanto que estado mundial, el capital teme a la catástrofe permanente que él mismo genera, pues ésta provoca inevitablemente reacciones violentas, armadas, no controladas. Reacciones que le es indispensable vencer para mantener su dominación. En esos casos resulta evidente la dificultad de razonar en términos de país: el proceso que lleva a una fracción burguesa, más decidida, a imponer el orden en una región socialmente perturbada, supera a menudo la división burguesa comúnmente admitida entre los estados. Podemos afirmar que en el seno de los Estados Unidos, es decir, al interior de estructuras como el Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA, la Fuerza Aérea o el ejército, se afirma hoy una fracción burguesa más decidida que las otras a tomar el papel de gendarme mundial, apoyada por todas las otras fracciones, incluso por aquellas con las que se encuentra en competencia. Durante la guerra Irán-Irak, y pese a la existencia de dos bloques, todas las fracciones, incluso aquellas que ayer se declaraban enemigas, guardaron -por un tiempo- sus diferencias dentro del armario a fin de hacer frente a un proletariado que, no olvidemos, venía de derrocar a uno de los gobiernos más poderosos del planeta: el régimen del Sha.
Los diez años de duración de esa matanza sin nombre fueron similares a la carnicería humana de 1914-1918. Inevitablemente, como durante aquella masacre, esto generó contradicciones: las deserciones, el rechazo a combatir, las huelgas y los motines se expandieron como una epidemia empujando a los proletarios bajo uniforme a unirse, a fraternizarse, para hacer frente a los dos ejércitos. Fue lo que sucedió por ejemplo en la Península de Fao, del lado de Basora, y de las montañas del noreste de Irak alrededor de la región de Halabya. La respuesta de los burgueses estuvo a la altura del rechazo de los proletarios a sacrificarse por una causa que no era la suya: represión, aprisionamientos, fusilamientos, raptos y bombardeo químico (1). He aquí lo único que puede ofrecer este mundo moribundo a aquellos que no quieren someterse a sus necesidades antropófagas. Esta situación no podía durar eternamente. La paz entre los dos beligerantes fue necesaria para calmar a los proletarios de ambos lados de la frontera, pese a que el epicentro del movimiento de descontento se había desplazado de Irán hacia Irak, donde el régimen de Saddam Hussein tenía cada vez más dificultades para retener la bronca que subía contra él y contra los sacrificios que la innoble patria asesina había, durante diez años, reclamado a los proletarios, ahora exhaustos. La solución para mantener esta bronca fuera del enfrentamiento social fue rápidamente encontrada: desviar esta sobrecarga de miseria y rabia hacia uno de los vecinos ricos de Irak y dejar a los miserables saciar su ira contra la burguesía y su guerra, participando como mercenarios en el pillaje del rico Kuwait. La continuación se conoce. Invasión de Irak al Emirato con la bendición del estado de Estados Unidos, que paralelamente buscaba, hacer marcar el paso a los proletarios, conformando la coalición más formidables desde de la II guerra mundial. Ese fue el precio del reordenamiento en la región. El primer objetivo de la fracción burguesa que dirigía la Coalición era terminar, de una vez con todos esos proletarios que, armas en mano, desafiaban desde hacía mucho tiempo la autoridad de los explotadores; el segundo, deshacerse de Saddam Hussein y su fracción quienes se habían mostrado incapaces de asumir plenamente ese trabajo. Pese a los 500.000 guerreros armados hasta los dientes y la formidable fuerzas aérea y naval que concentró, la coalición no logró apoderarse de Bagdad. Los proletarios retomaron nuevamente su camino de clase volviendo sus armas en contra de sus propios oficiales. Basora, Bagdad, Sulemania y otras ciudades se insurgieron contra la burguesía. Aparecieron las shoras o consejos, formas de auto-organización de nuestra clase, que de un golpe echaron por tierra todos los sueños de la Coalición y sus planes guerreros. Frente a su incapacidad para reprimir la insurrección generalizada, la Coalición dejó en el norte a los nacionalistas kurdos y el resto de Irak a Saddam Hussein. La Guardia Republicana, que había milagrosamente quedado intacta en los bombardeos aéreos, tuvo carta blanca de la Coalición para una nueva ola represiva contra el proletariado insurrecto.
Pero en la historia de la lucha de clases no hay ni azar ni milagro. Si los aviones de la coalición no habían derramado sus toneladas de bombas mortales sobre dicho cuerpo armado especializado en el mantenimiento del orden social burgués, es porque sabía que éste podía ser necesario en el caso de una sublevación masiva. La insurrección generalizada confirmaba que el cálculo había sido correcto: la Guardia Republicana era indispensable. Este escenario había sido lógicamente examinado por la burguesía mundial en sus diferentes planes. ¿Quién pretende que nuestros enemigos son estúpidos? Infelizmente para nosotros ellos conocen sus intereses generales y sucede a menudo que reflexionan en términos de clase. Era necesario dejar a Saddam Hussein en el gobierno y reintentar, en una próxima ocasión, implantar los sanguinarios planes de conquista establecidos por el Pentágono y la ONU.
Los explotados pagaron caro haber osado tomar las armas e impedir a la fracción más decidida de la burguesía mundial de reimponer el orden bajo la máscara de la Coalición en Irak. Luego del millón de muertos de la guerra Irán-Irak y otro millón de muertos debidos a la guerra, a los bombardeos aéreos y a la represión de 1991, los diez años que siguieron no fueron más dulces para nuestros hermanos de clase. Un gigantesco embargo fue decretado por esa guarida de criminales que es la ONU, matando a fuego lento a centenas de miles (siendo los niños los más afectados). En total, un nuevo millón de muertos iría a parar los cementerios. Paralelo al embargo, los bombardeos aéreos continuaron, pero ésta vez bajo la etiqueta de la cobertura humanitaria. ¿Será solo una casualidad que militarismo rime con humanitarismo?. El embargo se consolidó día tras día con la ayuda de la aviación anglo-americana, quien había derramado en Irak, después de 1991, casi la misma cantidad de bombas que en Alemania durante la segunda guerra mundial. Eso permitió a Saddam Hussein y a su camarilla consolidar su influencia sobre el proletariado, ya que éste no podía comer otra cosa que aquello que el gobierno iraquí (con la ayuda de los carroñeros de la ONU) distribuía bajo forma de ración, ya que el mercado negro era algo inalcanzable para los miserables. El hambre fue un arma terrible en manos de la burguesía que usó y abusó de ella para destruir y someter a nuestros hermanos de clase en lucha. En el norte del país, donde nacionalistas kurdos e islamistas se daban la mano para aplastar al proletariado, la política de cambiar armas por comida fue sistemáticamente organizada con la bendición de la ONU, de los Estados Unidos y de las ONGs presentes en el lugar. Esta política arrinconó a cada proletario poniéndolo frente al dilema de dejar su fusil para comer, como le aconsejaban hábilmente todos los humanitaristas y otros derechodelhombristas presentes en el lugar, o a servirse de su arma para obtener aquello que él y su prole necesitaban.
Después de haber hambreado y bombardeado a los proletarios durante años con el silencio cómplice de los medios, los estrategas del Pentágono declararon, luego de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, que había llegado el momento de terminar con ese absceso, verdadera pústula de inseguridad y subversión. Una nueva invasión, que seguía la huella de aquella de Afganistán, fue planificada. La arrogancia, de quienes hoy se consideran los dueños del mundo, es tan increíble que el ministro de la guerra de EEUU, Donald Rumsfeld, hizo el anuncio de que con menos de un décimo de la Coalición anterior, las tropas estadounidenses desfilarían por Bagdad en sólo algunas semanas. Mucho más prudentes, los militares del Pentágono despacharon cerca de 200.000 hombres en una coalición, formalmente menos amplia que la de 1991, aunque tras el espectáculo cinematográfico efectuado por la pareja Chirac-Schröder y su acólito Putin, todas las fracciones burguesas del planeta estaban fuertemente asociadas al sherif Bush en pos del objetivo primordial de la operación: restaurar el orden en esa región. No faltó un sólo explotador a esa cita bélica contra el proletariado, como tampoco ni uno de ellos (incluso los que anunciaban escandalosamente su oposición a la guerra) hizo algo en serio para detener el conflicto. Así, el espectáculo de la supuesta oposición a la guerra no impidió a Chirac organizar, junto con las tropas de EUA, el sobrevuelo del espacio aéreo francés por las fortalezas volantes B52, las cuales partían directamente de los aeródromos situados en Gran-Bretaña para derramar sus toneladas de bombas sobre las ciudades y sobre los barrios obreros de preferencia. Mientras tanto el estado alemán, que pregonaba una política pacifista, contribuía discretamente aportando millones de euros para llevar a cabo la operación de policía maquinada por las tropas anglo-americanas. Juego de equilibrista que permitió el triunfo en las elecciones legislativas del canciller SPD Schröder junto con sus aliados ecologistas, surfeando así sobre la ola pacifista que en ese momento estallaba en Europa, y tomando a cargo una parte substancial de los 230 millones de dólares que envía la Unión Europea a Irak, bajo la cobertura de ayuda humanitaria. Por su parte, Putin recibió la autorización del gendarme mundial, para reimponer, a su vez, el orden en Chechenia, una especie de carta blanca total otorgado al terrorismo de ese estado, a cambio de su apoyo diplomático y muy discretamente militar en la versión II de la guerra del golfo (2). En fin, el espectáculo contra la guerra no podía estar completo sin la puesta en escena de las votaciones a repetición en la ONU y las mediáticas tomas de posición de su secretario general Koffi Annan, quien al mismo tiempo de la publicación de sus resoluciones preparaba la invasión de Irak recolectando informaciones ultra-confidenciales bajo la cobertura de la ayuda humanitaria. Este espionaje dirigido discretamente por los agentes de la ONU, presentes en el lugar, dentro del cuadro de ayuda a las poblaciones civiles, y transmitido directamente a la CIA, hoy ya no es más que un secreto a voces.
Esta segunda intervención en Irak no era solo una guerra generalizada entre diversos capitalistas enfrentándose para conquistar el mundo y eliminar a sus adversarios en una corrida loca, sino que se asemeja furiosamente a una operación policial como aquellas que ocurren a diario en la ciudades de São Paulo y Río de Janeiro, donde los escuadrones de la muerte pagados por ricos comerciantes eliminan con facilidad a niños, jóvenes proletarios que bautizan como delincuentes para poder liquidarlos con mayor facilidad. Igual que los policías cariocas o paulistas, los militares de Estados Unidos fueron llamados a reponer el orden a un nivel superior en una región donde la inestabilidad social se había convertido en un problema demasiado importante. He aquí, salvo diferencias en la manera de proceder, el objetivo que persigue el estado mundial detrás del cual se encuentra toda la burguesía coaligada. Mientras unos, seguros de su fuerza, decidieron ir a la guerra pasándole por arriba a las resoluciones de la ONU, los otros prefirieron acudir al lugar bajo la bandera azul del humanitarismo y del derechodelhombrismo, esperando evitar a toda costa el nacimiento de una guerrilla que pudiera desestabilizar completamente la región, cuestión que en caso de victoria de las tropas de invasión, podía repercutir socialmente en el mundo entero. Es por ello que Chirac, Schöder, Putin y Annan hicieron bloque tras el equipo Bush, esperando secretamente ver a los republicanos estadounidenses morder el polvo y ser reenviados a la oposición parlamentaria durante las siguientes elecciones presidenciales estadounidenses. Cifran su esperanza en que un demócrata se convierta en presidente y calme el ambiente jugándose todo sobre Irak, pero bajo la bandera de la ONU. Es evidente que este tema amerita un desarrollo más profundo, pero todo esto sobrepasaría el objetivo que esta corta contribución se ha fijado.
Pero esta vez militares y humanitaristas no se habían equivocado. La operación policial fue dirigida sin rodeos, las cuatro semanas del conflicto fueron una verdadera paseata, pese a los obstáculos encontrados y a los 55.000 civiles asesinados bajo el innoble vocablo de "daños colaterales". Las tropas estadounidenses no se privaron de tirar sobre todo lo que se movía. Las órdenes del alto mando eran explícitas: disparar primero y después verificar.
Del campo de batalla desaparecieron súbitamente el ejército iraquí y sus fuerzas especiales, dejando la vía libre a las tropas anglo-americanas en su entrada a Bagdad. La relativa facilidad de las tropas de invasión para atravesar, casi sin tropiezo, todo el país, de norte a sur, probaba una sola cosa: que los proletarios movilizados en Irak, alistados, preparados en los cuarteles y enviados al frente para sacrificar su vida bajo el altar de la patria, se negaban a hacerlo. Como durante la guerra Irán-Irak de los años 80 y como en la primera guerra del golfo, el proletariado en Irak dio, una vez más, el ejemplo a sus hermanos del mundo entero al negarse a combatir en favor de sus propios opresores. Esta actitud admirable no ha sido resaltada por nadie, en todo lo que hemos tenido ocasión de leer sobre estos acontecimientos (3). Este pequeño "detalle" dice mucho más que cualquier análisis sobre el estado de espíritu del proletariado en ese momento. He aquí porque Saddam Hussein ha perdido la guerra, no a causa de supuestas o probadas traiciones de sus colaboradores o cómplices, sino simplemente porque la carne de cañón de las guerras, los proletarios -habitualmente tan dóciles- se negaron a pelear, se negaron a morir por intereses que no eran los suyos. Es así como unidades enteras se auto-disolvieron en sólo algunos minutos sobre los bordes de las rutas abandonando insignias, uniformes, oficiales, zapatos, vehículos y carros para volverse civiles, pero -es importante resaltarlo- tomando cuidado en guardar sus armas. Así, los proletarios desertaron, pero armados, y volvieron a sus casas para ver que iba a pasar.
Un segundo acontecimiento interesante merece ser subrayado, dejando de lado todas las peripecias militar-diplomático-políticas con las que nos bombardean los medios y que son totalmente ininteresantes a los efectos del análisis aquí realizado, nos referimos a la manera cómo nuestros hermanos de clase acogieron a aquellos que pomposamente se habían auto-proclamado los "liberadores del nuevo Irak". No hubo nada de la eufórica alegría que Europa occidental había conocido durante el paso de las tropas anglo-americanas luego de la retirada de los alemanes en 1945. Pese a la falsa propaganda hecha a los milicos estadounidenses, los "liberadores" fueron acogidos con poquísimo entusiasmo. ¡Fue con enorme desconfianza que los proletarios de ese país recibieron a las tropas de la coalición!. Aquellos tienen demasiado fresquito en su cabeza que quienes dicen, venir a liberarlos, apoyaron durante décadas a Saddam Hussein. Recuerdan muy claramente que en 1991, después de haberlos incitado a levantarse contra Saddam, los "liberadores" actuales frenaron su ofensiva para permitirle a las fuerzas represivas de ese mismo Saddam hacer su trabajo. Apenas las tropas de invasión se deshicieron de las últimas bolsas de resistencia, centenas de miles de proletarios se arrojaron a las calles, pero no para aplaudir a sus "liberadores", sino, por el contrario, para saquear todo lo que representara al detestado poder del Partido Baas y de Saddam Hussein. Y los condenados de la tierra no se detuvieron allí. El pillaje fue general: desde los palacios presidenciales a los cuarteles pasando por los ministerios. También fueron tomadas las residencias de los ricos, así como las mezquitas. Como prueba tenemos el llamado, ampliamente difundido, de un oscuro "comité supremo de la revolución islámica" que reagrupa a la mayoría de imames y que pedía "humildemente a los fieles de devolver todo aquello que fue saqueado". Los imanes explicaron estos acontecimientos como "un momento de extravío" por parte de los fieles. Estos vendedores de opio ideológico olvidaban que en 1991 los proletarios insurrectos de Najaf y en Karbala utilizaban esos burdeles que ellos llaman "lugares santos" para mear; lo que muestra toda la consideración que nuestros hermanos de clase sienten por esos vendedores de paraíso adulterado. Pese a las pocas informaciones que se filtran desde esta región, podemos afirmar que hoy en día muy pocos de los objetos pillados fueron restituidos, demostración suplementaria de los límites actuales de la influencia que estas fuerzas de la burguesía, que son los islamistas, ejercen sobre el proletariado en Irak.
Esperando calmar la rabia del proletariado, las tropas ocupantes no se atrevieron a impedir los pillajes, sino que se limitaron a preservar todo aquello relacionado con el famoso ministerio del petróleo: pozos, oleoductos, refinerías, terminal marítimo, depósitos, camiones de transporte, etc. Sin duda, la fracción reagrupada en torno a Bush hijo quiere hacer el sucio trabajo de la represión al servicio de los intereses del capital en su conjunto, pero no por ello olvida sus intereses más inmediatos ligados al petróleo y al armamento, cuestión que tiende a enfadar a sus competidores, quienes a su vez no se cansan de recordar, al equipo de Bush, sus propios intereses. Con continuidad dialéctica, podemos decir que es únicamente aquí donde se encuentran las disensiones -sobreanalizadas por toda una serie de grupos que se reclaman de la revolución social- entre los burgueses de Halliburton y BP (British Petroleum), los de la Total-Elf-Fina y las sociedades rusas y chinas de petróleo que habían firmado acuerdos de exclusividad de explotación del subsuelo iraquí antes de la guerra. Por el "respeto a la propiedad privada" pero bajo la cobertura del "derecho de las gentes" y otras pamplinas jurídicas, Chirac y sus consortes recordaron a las tropas ocupantes que ellas no pueden permitir que los proletarios ataquen impunemente a los burgueses y su propiedad. Una apariencia de orden fue reestablecida a punta de metralleta y cuando eso no fue suficiente fue con armas de artillería que las tropas ocupantes recordaron quiénes eran los dueños. Pero la arrogancia de los dirigentes estadounidenses era tal, que no fueron capaces de prever que serían incapaces de controlar una situación que, sólo algunos días después de haber conquistado Bagdad, se les escapó de las manos. Dopado por una victoria demasiado fácil, Donald Rumsfeld, en contra de la opinión de una serie de especialistas en la pacificación social (tales como Bernard Kouchner quien estaba listo para "sostener a los americanos" y "ponerse al servicio de Irak libre"), disolvió por decreto no solamente el Partido del Baas y el gobierno de Saddam Hussein, sino también el ejército iraquí e incluso la policía. Fue así como provocó un gigantesco caos que los saqueos y las ocupaciones de edificios oficiales por centenas de familias despojadas ayudaron a generalizar. Todo aquel que creyó en el discurso oficial de los ocupantes sobre el "nuevo Irak", el "fin de la dictadura", la "democracia"... sufrió una terrible desilusión.

Seguros de una victoria fácil y con una colosal capacidad de golpear a disposición, las tropas de EUA no se imaginaron entonces que alguien intentaría levantar cabeza. En el Pentágono los problemas que engendraron el pillaje y el caos fueron considerados como epifenómenos que rápidamente entrarían en orden, apenas el poderío del ejército estadounidense decidiera ponerles fin. Fue por ello que los estrategas, a cargo de la invasión, no planificaron "el después" de la guerra. Pensaron que, después de la golpiza que el ejército de Saddam Hussein recibiría, todo el mundo iba a cerrar la boca y todo entraría en orden. Nuevamente no contaron con la determinación de los proletarios a no someterse. Durante el verano las manifestaciones se transformaron rápidamente en motines que estallaron por todas partes. Así sucedió en Basora los días 10 y 11 de agosto del 2003 cuando varios soldados británicos fueron masacrados por una multitud hastiada con la idea de vivir bajo un nuevo yugo, en una situación de miseria que no para de crecer. Las mismas causas producen los mismos efectos, miles de proletarios salieron a las calles en Falluya, Ramadi, Mossul exigiendo a las fuerzas de ocupación el reestablecimiento de la electricidad, del agua, de las rutas y de la comida. En pocas palabras, todo aquello que es imprescindible para subsistir luego de una guerra. La única respuesta de las tropas anglo-americanas fueron los arrestos y la dispersión de los amotinados a tiro limpio. Sólo algunos comandantes, un poco más listos, se dieron el trabajo de volver a poner en funcionamiento un mínimo de infraestructura. Rápidamente las tropas de ocupación reconocieron haber aprisionado a más de 10.000 personas por "atentado contra el orden civil". Sin embargo, nada de eso fue suficiente para calmar a las masas proletarias. Desde principios del año 2004, cada vez más desocupados se organizan para manifestarse a través del país. Así, el fin de semana del 10 al 11 de enero del 2004 en Amarah, miles de proletarios protestaron para pedir mejoras en las condiciones de existencia y terminaron por transformar su desfile en revuelta, atacando a los responsables inmediatos de su situación miserable: la alcaldía y el Cuartel General del primer batallón de infantería ligera británica. Los policías iraquíes y las tropas inglesas no dudaron en tirar contra el grueso de los manifestantes dejando un pesado balance: más de 6 muertos y decenas de heridos.
Mientras el discurso oficial del "nuevo Irak" afirmaba que todas las infelicidades, todos los males de los que sufrían los iraquíes eran consecuencia de la codicia del régimen de Saddam, la realidad que vive hoy el proletariado es aún peor que entonces. A menudo falta comida y ello pese a los grandes flujos de mercaderías que se tiran sobre las veredas de las grandes ciudades después que las fronteras se han reabierto al comercio. No hay trabajo, y por lo tanto no hay salarios, se ha incrementado el estado de miseria en el cual gran parte de la población se debate desde hace varias décadas. Oficialmente las tasas de desocupación se aproximan actualmente al 70% de la población activa. La disolución del ejército ha acelerado el proceso de pauperización, ya que son miles de familias que se ven afectadas por la supresión de esos salarios. Todo ello sin hablar de las infraestructuras destruidas y de las desnacionalizaciones/privatizaciones que fuerzan todavía más a los proletarios a la desocupación, a la miseria. No hay que asombrarse entonces de que ciertos proletarios tomen las armas contra las tropas anglo-americanas y se decidan por la guerrilla o incluso la reapropiación social a gran escala para sobrevivir. Sabotajes, ataques y pillajes de convoyes, voladuras de oleoductos, atentados contra los milicos en patrulla, contra las refinerías, se desarrollan por doquier, provocando como respuesta represalias, muchas veces indiscriminadas, dirigidas siempre con más violencia y arrogancia por las tropas de Estados Unidos y las otras fuerzas ocupantes. Esta situación provoca a su vez el descontento y una reacción de rechazo generalizado contra las tropas de ocupación. Los blancos golpeados testimonian la resistencia de los proletarios locales a someterse dócilmente. Vale la pena que nos detengamos un instante en este punto como forma de comprender mejor lo que realmente pasa en Irak.
No pasa un día sin el anuncio de que un soldado estadounidense ha explotado sobre una mina o ha sido liquidado en una emboscada. Lo mismo ocurre con los policías locales del "nuevo Irak" que ven muy a menudo sus edificios tomados como blanco, de preferencia el día de pago, cuando todos se encuentran reunidos. En este caso el objetivo es perfectamente comprensible y la situación no es diferente respecto a los otros ataques que, desde que la ocupación comenzó, se dirigen contra todos aquellos que pueden representar la imposición del orden a los proletarios de esta región. Recordemos que uno de los primeros ataques estuvo dirigido contra la embajada de Jordania el 7 de agosto de 2003. Poco tiempo después, en el transcurso, del mes de octubre, se supo que el estado de Jordania, con la discreta ayuda de los servicios secretos franceses y alemanes, había recibido la ingrata tarea de contribuir al orden de la región formando 30.000 policías en apenas 8 semanas. No puede entonces asombrarnos que sus edificios hayan sido blanco de un atentado. El 19 de agosto el cuartel general de la ONU es tomado como objetivo, matando al jefe de la misión en Irak Sergio Vieira de Mello, así como a la mayoría de sus colaboradores. ¿Acaso es necesario recordar la ira de los proletarios frente a esta institución mundial que ha organizado durante años la hambruna, y que hoy participa con fuerza en la instauración del orden en Irak? Diez días más tarde, el 29 de agosto, le tocó el turno del dirigente del Consejo supremo de la Revolución islámica en Irak, el ayatolá Al Hakim, liquidado en un atentado en Nadjaf. El 2 de septiembre, nuevo atentado contra el cuartel general de la policía de Bagdad, destruyendo la oficina de su jefe Hassan Ali. El 20 de septiembre se produce el asesinato de Akita Al Hachimi, baasista muy conocido que trabajaba junto con Tarek Aziz en el ministerio de Asuntos Extranjeros de Saddam Hussein y que el 2 de septiembre había sido nombrado por los Estados Unidos como miembro de la autoridad iraquí provisoria. El 18 de septiembre, nuevo ataque contra la refinería Baïji, la más grande del país, bloqueando durante varios días la exportación del petróleo. El 23 de septiembre, nuevo atentado contra el Cuartel General de la ONU que, pese a los discursos de Koffi Annan anunciando la partida de sus hombres después del primer atentado, había todavía dejado en el lugar a 4.000 funcionarios, la mayoría de origen iraquí, para continuar su sucio trabajo de pacificación. El 10 de octubre, ejecución de José Antonio Bernal, sargento-jefe de la aviación española, pero en realidad agente del servicio de información español (CNI). Siete otros agentes de información fueron liquidados, algunas semanas más tarde, obligando a que el 29 de noviembre el gobierno de Aznar cerrara su embajada y repatriara a una serie de civiles y de diplomáticos que también trabajaban en la pacificación del país. El 12 de octubre, un coche con explosivos explota delante del hotel Bagdad que hospeda principalmente a miembros de la CIA, a miembros del gobierno iraquí provisorio, así como a toda una serie de hombres de negocios estadounidenses llegados para hacer "buenos negocios" a costas de la miseria de nuestros hermanos de clase. El 23 de octubre, en el mismo momento en que el Pentágono pretendía hacer un llamado al ejército turco, para que reprimiera la rebelión en Irak, un coche bomba explotó ante la embajada de ese país. El 27 de octubre es Paul Wolfowitz, número 2 del Pentágono después de Donald Rumsfeld, quien escapa por poco a la muerte; varios mísiles se estrellan contra la fachada del hotel Al Rachid donde él se hospedaba. El 3 de noviembre, tres explosiones golpean al Cuartel General del ejército estadounidense en Bagdad. El 12 de noviembre, explosión de un proyectil delante del tribunal de Rassafa al este de Bagdad. Desde entonces muchos jueces han sido liquidados. El 21 de noviembre, ataque con mísiles contra el ministerio del petróleo y el Hotel Sheraton, donde un civil estadounidense (4) que trabajaba para Halliburton es gravemente herido. En diciembre se sabía que Paul Bremer, responsable en jefe de la pacificación en Irak, había escapado hasta la fecha a dos atentados. Y el viernes 19 de diciembre es el turno de Ali Al-Zalimi, alto dirigente del Partido Baas, responsable de la represión durante el levantamiento de 1991, quien es linchado por manifestantes en Nadyaf (5).
Podríamos ampliar indefinidamente esta lista, pero ello no añadiría nada a lo que decíamos más arriba: todo el aparato, los servicios, los órganos, los representantes del estado mundial, que se encuentran en el lugar, son sistemáticamente elegidos como objetivo. Lejos de ser actos ciegos, esta resistencia armada tiene una lógica si hacemos el esfuerzo de salir de estereotipos y de la falsa propaganda ideológica que los burgueses nos proponen como única explicación de lo que pasa en Irak. Detrás de los objetivos, así como en la guerrilla cotidiana dirigida contra las fuerzas de ocupación, se pueden percibir designados los contornos de un proletariado que intenta luchar, organizarse, contra todas las fracciones burguesas que han decidido imponer el orden y la seguridad capitalista en la región, aún si todavía es extremamente difícil juzgar el grado de autonomía de nuestra clase en relación con las fuerzas burguesas que intentan encuadrar la rabia de nuestra clase contra todo aquello que representa al estado mundial. Los actos de sabotajes, atentados, manifestaciones, ocupaciones, huelgas... no son hechos de islamistas o de nacionalistas panárabes. Dicha interpretación es demasiado simplista y va en el sentido del discurso dominante que quiere encerrar nuestra comprensión en una lucha entre "el bien y el mal", entre "los buenos y los malos", un poco como en una película de cowboys, eliminando una vez más la contradicción mortal del capitalismo: el proletariado.


Un ejemplo ilustrará mejor la contradicción que vive el proletariado. Esto ocurrió en Duluya, un pueblito situado al norte de Bagdad en el famoso "triangulo sunita". Desde que la ocuparon, en marzo de 2003, las tropas militares son regularmente objeto de ataques a tiros tanto contra sus convoyes, como contra sus hombres. Como reacción decidieron arrasar con varios miles de palmeras que proporcionaban dátiles y que bordeaban las rutas de la región. Circularon rumores sobre una misteriosa organización baasista que habría sido la causante de esos ataques sistemáticos. Eso fue lo que la prensa árabe resaltó en sus columnas, mientras que el periódico israelí Ha’aretz explicaba que esos misteriosos ataques habrían sido la obra de "jóvenes desocupados" que, por 1.000 a 1.500 dólares pagados por organizaciones islamistas, organizaban el ataque contra las tropas de Estados Unidos. Y el diario citaba a uno de esos jóvenes: "Es la mejor manera de ganarse la vida hoy en Irak". Pero, como por azar, después de que las tropas arrasaron las palmeras, para combatir los insurgentes y que decenas de obreros agrícolas fueron privados de esos dátiles, que servían de sustento, los ataques contra los milicos norteamericanos, no solo no disminuyeron, sino que se han vuelto todavía más frecuentes.
Todo va a jugarse en el período que viene, los proletarios que se oponen muy claramente a todas las fracciones mundiales del capitalismo ¿tendrán la fuerza de no hundirse en el islamismo radical, o en el panarabismo que, desde la captura de Saddam Hussein (domingo 14 de diciembre) tiene aires de ir viento en popa? ¿Tendrán nuestros hermanos en Irak la fuerza de no liarse en una guerra popular de liberación nacional? La respuesta no puede venir sólo del proletariado que vive en ese lugar, que, mientras se mantenga tan dramáticamente aislado en su lucha, tendrá dificultades en no caer en los brazos de una o de otra fracción burguesa que intente enrolarlos como carne de cañón bajo uno de sus estandartes. Todo depende de la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía a un nivel más global, al nivel mundial, y particularmente en los países de origen de las tropas de ocupación. Infelizmente debemos constatar que esto no está a nuestro favor, incluso si nos llegan bocanadas de oxígeno de Bolivia o Perú. La responsabilidad de nuestros hermanos de clase en el mundo, y particularmente en Estados Unidos, Inglaterra, Polonia, España e Italia, es de reaccionar, agitar, organizar y negarse a ser carne de cañón, transformando esta guerra en guerra social contra su propia burguesía.
Sin embargo, no se mueve gran cosa en esos centros de la represión internacional. El proletariado de los Estados Unidos está hundido en un ferviente patriotismo condensado en el famoso slogan support our boys (apoye a nuestros muchachos), que completa para, los "más críticos" una cruzada de carneros llamando al pacifismo más beato. Nos es necesario subrayar que en ese contexto, y a contra-corriente de este ambiente, algunas reacciones interesantes han tenido lugar en la costa oeste de los Estados Unidos, en el momento del inicio de la guerra, reacciones de las que da cuenta un diario francés y que nosotros reproducimos en el recuadro al lado.

Fue en esas manifestaciones, que algunos proletarios blandieron un calicó afirmando "apoyamos a nuestras tropas cuando tiran contra sus oficiales" que aparece en la tapa de esta revista. Magnífica burla al slogan oficial del gobierno llamando a "apoyar nuestras tropas".
Pero si esa inversión del slogan oficial nos parece simpática e indica la vía a seguir en la lucha del proletariado, es forzoso constatar que esa actitud, que expresa con fuerza la posición de siempre de nuestra clase, el derrotismo revolucionario, queda infelizmente aislada en un marisma donde el pacifismo frecuenta el tercermundismo más chato. Incluso dentro de las asociaciones de padres de los milicos, en la punta de la lucha contra la guerra en Irak, todos apuestan más por un equipo demócrata en las próximas elecciones presidenciales -"para traer a nuestros niños lo mmás rápido posible al país"- más que por una acción directa contra el ejército que los envía a "reventar lo árabe". En el seno del ejército de Estados Unidos, mientras que la contradicción se hace más fuerte entre lo que el soldado cree que será cuando está en formación y la prosaica realidad de no ser más que un milico enviado a través del planeta a reprimir miserables de su mismo medio social, son todavía poco numerosos aquellos que renuncian a ser mercenarios (Ver recuadro al fin del texto).
No son los 1.500 militares que desertaron o se negaron a ir a matar a Irak, que pueden inclinar la balanza a nuestro favor. Recordemos que durante la guerra de Vietnam eran oficialmente ¡más de 200.000! Tampoco pueden hacerlo las valientes declaraciones, en medio de la histeria patriotera que reina en Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre, de algunos desertores que reivindican alto y fuerte el negarse a ir a matar civiles, en la situación de sumisión catastrófica en que se encuentra hoy el proletariado en ese país, en relación a su propia burguesía. Pasa lo mismo con otros estados que envían tropas a Irak y que no encuentran, por el momento, casi ninguna oposición a ello.
Pero estemos seguros, la ocupación sangrienta de Irak no está terminada, las tropas estadounidenses y aliados deberán quedarse todavía por largo tiempo y ese lodazal, que empieza a parecerse a aquel de Vietnam, va seguramente a obligar al Pentágono a enviar cada vez más tropas para hacer frente al creciente número de ataques (6).
"Nos faltan medios para medir si ganamos o perdemos la batalla mundial contra el terrorismo. Mi impresión es que hoy no hemos hecho progresos decisivos". Extracto del memorandum de Donald Rumsfeld al Congreso de los Estados Unidos, el 14 de noviembre del 2003.
Las últimas cifras que poseemos señalan más de 500 milicos muertos desde el inicio de este conflicto (7), sin hablar de aquellos que se encuentran en misión secreta (undercover) y que se inhuman discretamente en el desierto (varias tumbas han sido recientemente descubiertas). Los heridos superan hoy el número de 15.000 pese a las protecciones en Kevlat que la mayor parte de los soldados portan y la inmediata toma en cargo de los heridos por los equipos especializados. Eso significa más de diez heridos por día, de los cuales la mayor parte se encuentran en estado de gravedad y quedaron incapacitados de por vida. Como lo señala el periódico ultra-conservador americano, The New Republic: "...los medias han tratado el número de muertos en combate como la medida más fiable de progreso cumplido sobre el campo de batalla, pero es el número de heridos que revela la situación sobre el terreno".
Nunca antes desde Vietnam, el ejército estadounidense había tenido que hacer frente a un número de heridos tan elevado que repatriar. Operación que se realiza en aviones de carga y de preferencia durante la noche para evitar las cámaras y la desmoralización de las tropas que se quedan en el país. Los suicidios, entre las tropas involucradas, aumentan día a día, aunque las cifras al respecto no circulen y la cantidad de soldados oficialmente repatriados por "problemas de salud mental" (milicos a los que le saltan los fusibles) se elevaba a 478 en septiembre de 2003. Recordemos, también, que el número de ataques contra las fuerzas del orden se acerca hoy a un promedio de 70 a 75 por día, y que la mayoría de los milicos que están en el terreno ya cumplieron más de un año y medio de servicios. Esto comienza a hacerse largo de más y produce descontento entre los hombres de tropa que "ya no comprenden porque están allá". Agreguemos a eso la incapacidad del Pentágono a reemplazarlos, por falta de efectivos, lo que es particularmente visible en sus llamados al enrolamiento de reservistas que han pasado la edad de poder ser implicados en operaciones militares. Así, muchos reservistas de la Guardia Nacional de más de 50 años se negaron a dejar su mujer, hijos y trabajo para ir a "defender Estados Unidos en Irak". He ahí un cóctel que se hace cada vez más explosivo para la fracción burguesa que se afirma como gendarme mundial.
¿En todo esto debemos ver los signos de una posible brecha de la unidad nacional, una brecha similar a la que 40 años antes se produjo respecto a la guerra de Vietnam? En aquel momento una gigantesca fisura se abrió en el seno de la sociedad estadounidense. Entonces la única esperanza que tenía un oficial, de evitar ser brutalmente herido o liquidado por un soldado, era oponerse por todos los medios a una implicación en la guerra. Y esos medios, de una simplicidad infantil, consistían sobre todo en evitar enviar los soldados a enfrentar el enemigo. Practicando el "fragging" (literalmente fragmentar los oficiales), que consistía en tirar granadas sobre los oficiales, los soldados que se oponían a la guerra habían sembrado tanto el terror entre sus superiores que éstos ya no se atrevían a enviarlos al enfrentamiento, perdiendo así el control de sus tropas. En 1970, el Pentágono publicaba la cifra oficial de 65.643 desertores, ¡es decir el equivalente a cuatro de las divisiones de infantería! Señalemos otra cifra interesante de esos años: la existencia de más de 300 periódicos clandestinos contra la guerra editados directamente por los soldados y que contribuían ampliamente a romper el aislamiento, generalizando de esta forma la oposición a la guerra. Eran las manifestaciones cotidianas en Estados Unidos, los sabotajes, las huelgas, las ocupaciones las que impedían verdaderamente la continuación de la guerra. Fue así como, a inicios de los setenta, el gobierno norteamericano se vio obligado a frenar su implicación en Vietnam y a retirar poco a poco a sus tropas. Sólo recordando estos hechos significativos, de la terrible pesadilla que vivieron los burgueses de entonces, podemos no solo medir el enorme abismo que nos separa hoy de aquel periodo de lucha, sino también reconocer e indicar la única vía que pondrá fin a esta carnicería.
Nuestra conclusión sólo puede ser provisoria. Hemos intentado captar en sólo algunas líneas, los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos, intentando salir de las categorías periodísticas que no pueden aprehender en absoluto la compleja realidad de lo que se desarrolla allá. Seguir hablando de shiítas, sunitas, kurdos, baasistas, islamistas, de tal o cual tribu, de tal o cual clan, es borrar la contradicción esencial que impone el capital al intentar ordenar una región perturbada desde hace varias décadas por un proletariado combativo y que no ha aceptado todavía someterse a la dictadura de la economía. No podemos más que renovar el llamado a nuestros amigos, lectores y a todos los compañeros para que consideren la lucha que conducen nuestros hermanos de clase en Irak como la suya propia. Solo podemos romper su aislamiento generalizando las luchas contra nuestras propias burguesías, ahí donde nos encontremos, además de permanecer intransigentes en relación a nuestro programa y a nuestros objetivos de clase. Sólo el derrotismo revolucionario puede estremecer significativamente esta sociedad, que no tiene otro proyecto que la acumulación de montañas de cadáveres, y abrir las brechas decisivas para su destrucción violenta.

¡ABAJO EL ESTADO MUNDIAL DEL CAPITAL!
¡ABAJO SU GUERRA!
¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL!

Notas :
(1) El cinismo de la burguesía no tiene límites y está a la altura de su estado de putrefacción. Mientras que todavía ayer los bombardeos químicos organizados, sostenidos y financiados por todas las fracciones burguesas (a la cabeza de las cuales se encontraba el estado alemán para el suministro de gas y el estado francés para el de los aviones) dejaban miles de muertos e inválidos, hoy son estos mismos estados los que denuncian y rechazan dichos bombardeos como "excesos" cometidos por el individuo Saddam Hussein y su esbirro Ali, llamado el químico.
(2) Cabe subrayar además la ayuda rusa para la invasión que consistió en proporcionar a los milicos dirigidos por Bush los planes de las instalaciones militares iraquíes así que las tácticas que el ejercito iraquí podría utilizar dado que habían sido los oficiales de la ex URSS que habían construido, formado y entrenado al ejército de ese país.
(3) Solo conocemos un grupo que en occidente subrayó la lucha del proletariado en Irak: UHP Ver "Arde!" No. 6 (mayo 2004): Editorial, "Iraq. Contra la guerra de los ricos, guerra contra los ricos" Edita U.H.P. Apartado postal 8079, 33280 Xixón, Asturias ESPAÑA
http://nodo50.org/crimental
(4) Hay que subrayar que, cuando en todas partes se habla de civiles, con respecto a las fuerzas de ocupación, se está escondiendo las funciones directamente represivas de muchos de esos mercenarios, que son contratados para servir a la ocupación. El propio ejército de ocupación contrata, para la realización de sus fines, a una serie de empresas privadas que proporcionan a los ocupantes: vigilantes, especialistas en interrogatorios (torturadores), guardaespaldas; además claro está de los diferentes cuerpos parapoliciales (escuadrones de la muerte) que utilizan la cobertura "civil" como en todo el mundo.
(5) Este artículo fue redactado, en primera instancia, en enero de 2003 para ser publicado en nuestra revista central en francés. Desde dicha fecha al día de hoy, cuando preparamos la salida de la revista en castellano (setiembre 2004), la situación de los ocupantes no ha cesado de empeorar. Los ataques, manifestaciones, saqueos, ocupaciones, se han generalizado masiva y geográficamente. La resistencia se extiende, en la actualidad, a todas las regiones de Irak. En ninguna parte del territorio de ese país, quienes, de cerca o de lejos, representan el estado mundial, y quiere imponer el orden social capitalista, se encuentran al abrigo Desde las tropas de ocupación y los milicos locales a los mercenarios de cualquier tipo, desde los nacionalistas kurdos a los políticos irakíes, incluyendo a los altos dignatarios del "Nuevo Irak Independiente", sean ellos laicos o miembros de la jerarquía religiosa, todos saben que pueden ser liquidados en cualquier momento.
(6) Lo que evidentemente no excluye que el propio Pentágono y en general el estado estadounidense, junto a muchos otros, apueste a mediano plazo a la preparación de una fuerza mucho más internacional de represión, con mejor cobertura pacifista proporcionada por quienes se opusieron a la guerra y por ello con mayor legitimidad humanitaria y de la ONU.
(7) Cuando estamos por publicar Comunismo ya se admiten oficialmente más de mil.
Grupo Comunista Internacionalista